El caso de Homo antecessor es un claro ejemplo de dualidad de criterios entre los expertos

Los fósiles de Atapuerta bajo duda

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En 1997, y en el yacimiento de Gran Dolina en Atapuerca, se definió por primera vez la especie Homo antecessor, un homínido de unos 780.000 años de antigüedad. Muchos biólogos y palentólogos actuales han criticado la creación de tal especie arguyendo que es un Homo erectus. Estas discrepancias surgen en función de la moda que sigan los paleontólogos de hoy en día.

De hecho existen dos tendencias en evolución humana. Unos son partidarios de simplificar especies ante la enorme variabilidad esquelética del mismo Homo sapiens, y otros de crearlas a diestro y siniestro ante cualquier fósil que presente una mínima diferencia con los conocidos. En la jerga angloamericana se llama a los primeros lumpers y a los segundos splitters. El caso de Homo antecessor es un claro ejemplo ante esta dualidad de criterios.

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Polémica en Atapuerca

La creación de Homo antecessor por parte de los dirigentes de Atapuerca levantó gran polvareda entre los expertos. En 1997 Delson argumentanba que la variabilidad de Homo erectus acogía perfectamente a antecessor en su seno. Por la misma razón la propia escuela americana se resistió a aceptar esta especie de una manera abierta en sus publicaciones. El hecho que la mayoría de publicaciones que no simpatizan con el Homo antecessor fueran americanas da testimonio de ello. Véase la dualidad de publicaciones entre el American Journal of Physical Anthropology y el Journal of Human Evolution por ejemplo. Los primeros, made in USA  hablan de un Homo erectus sin más y los segundos, made UE aceptan la especie antecessor. Bajo el prisma de los primeros, y ante la gran disparidad de especies afines durante los últimos dos millones de años, algunos autores prefieren hablar de homínidos del grado erectus para no entrar en discusión como Cela y Ayala en 2001.

Reconstrucción del cráneo de Homo antecessor a partir de los fragmentos hallados (Museo de Arqueología de Cataluña) / Wikipedia

Pero otros paleontropólogos, contrarios a tal unificación, insisten en crear nuevas especies dentro el grado erectus. Sírvase el ejemplo del homínido hallado en Ceprano, Italia, presumiblemente contemporáneo y asignado en un principio a Homo antecessor por Manzi y otros autores en 2001. Actualmente estos autores también han creado su propia especie, el ahora Homo cepranensis definido por Mallegni y otros en 2003, aunque anteriormente Ascenzi, Clarke y otros expertos lo incluyeran dentro de erectus.

Fragmentos de Homo antecessor / Wikipedia

En el caso de Homo antecessor, Bermúdez de Castro y otros autores insistieron que su morfología facial era singular, algo que en el de Ceprano no puede verse, no conserva la cara. Eso ya invalidaría la asignación del hombre de Ceprano a antecessor por Manzi en 2001. A pesar de ello Manzi y otros utilizaron ambos restos para reconstruir un cráneo completo de la supuesta especie Homo cepranensis a pesar que estos restos pertenecieron a individuos distintos, de edad distanciada y quizás a subespecies distintas. Y cabe añadir aquí también que los dos fragmentos que juntaron para recrear la cara de Homo antecessor fueran de individuos distintos. En definitiva, a falta de una mayor representatividad de ejemplares, todo lo que se diga es mera especulación y no humildad científica. Si nos ceñimos a lo segundo, a la humildad, cabe insistir que Homo erectus presenta una variabilidad de caracteres enorme que incluye perfectamente a las dos especies anteriores, algo que en el año 2002 Asfaw y otros ya defendieron. De hecho, el conjunto óseo que constituye Homo antecessor es muy fragmentario e inconexo.

Según un estudio de Fernández-Jalvo y Andrews en 2001, el 75% de los restos no son identificables y lo restante es extremadamente fragmentario. Por otro lado, y en 2002, Bermúdez de Castro vio que los especímenes hallados y utilizados en la creación de Homo antecessor pertenecían a individuos jóvenes de entre 4 y 15 años sin hallarse entre ellos restos de adultos.

Yacimiento de Gran Dolina / Wikipedia

Según las normas de taxonomía internacional para crear una nueva especie deben describirse las características adultas de la misma, en caso contrario la especie no es válida. Añadamos que las morfologías craneales de las diferentes especies de homínidos se parecen más cuanto más jóvenes son. Sólo cuando ambos crecen aparecen mayores diferencias. Si sólo dispusiéramos de unos restos fragmentarios de cráneos de chimpancé joven para definir su especie, probablemente hablaríamos de un pariente muy cercano nuestro ya que todos los bebés homínidos se parecen. La evolución de los homínidos se ha encontrado en gran parte potenciada por el conservadurismo de caracteres infantiles por un mecanismo llamado neotenia o hipermorfosis. Por tanto, y en el caso de Homo antecessor se manifiestan caracteres juveniles que no pueden ser utilizados para definir una nueva especie. Por ejemplo, la ausencia de quilla parietal, que sí se halla en muchos erectus, es un rasgo típico que no aparece en los individuos jóvenes, tanto de antropomorfos como de homínidos.

El surco poco marcado sobre el torus supraorbitario también se rige por los mismos parámetros. Y el rasgo más comentado, el de una cara moderna del supuesto antecessor por su perfil facial poco prominente y sus pómulos marcados creando una depresión por debajo de los mismos, la llamada fosa canina, son más de lo mismo. De hecho, el ejemplar ATD6-58, que pertenece a un semiadulto, ya muestra que esta característica desaparecía con la edad. En fin, que la fosa canina ya se daba en los ejemplares jóvenes de algunos erectus, algo que no justificaría la creación de la nueva especie antecessor y el cambio de todo el árbol evolutivo humano propuesto por los responsables de Atapuerca. Y cabe  añadir que la presencia de fosa canina en Homo sapiens no siempre sucede. Véanse los ejemplares de la Pestera cu Oase de 36.000 años en Rumanía en donde la fosa canina no aparece. Así pues, la presencia de fosa canina en Homo antecessor no representa un carácter que defina a esta especie ni corrobore que sea un antepasado directo de sapiens como Bermúdez de Castro propuso en 2002. Por tanto, y en resumen, del Homo antecessor no conocemos sus características adultas siendo su descripción parcial y sin validez científica.

Con todo, y durante un tiempo, Bermúdez de Castro y otros miembros de Atapuerca, insistieron que Homo antecessor existió por toda África y que de ellos descendieron los sapiens. Por el momento no se han hallado ejemplares de antecessor por África y en el caso que se hallaran y fueran adultos, quizás no podrían relacionarse con los especímenes jóvenes hallados en Gran Dolina. Lo que no se entiende es que si Homo antecessor provino de África, no trajera consigo la talla de piedra más extendida entonces por el continente austral desde hacía 1,6 millones de años, las hachas de mano tipo bifaz.

Hembra de Homo antecessor practicando canibalismo / Wikipedia

Por el momento en el nivel TD6 de Gran Dolina no se han hallado líticos de tal estilo pero sí otros de más primitivos. Hay que tener en cuenta que la asociación fósil del TD6 fue producto de un canibalismo gastronómico que implicó el uso de líticos donde nigún bifaz ha sido hallado. Apostar por un origen africano de Homo antecessor, si es que esta especie es válida, es por ahora, pura conjetura.
Para resolver este galimatías de especies hay que acogerse al principio de parsimonia en evolución. Recuérdese que el árbol evolutivo más sencillo, pero que engloba menor número de pasos evolutivos, es el más probable.

Homo antecessor complica el árbol de la evolución humana moderna a sabiendas que es una especie incorrecta y sinónima de erectus. Por tanto, resulta más sencillo decir que erectus evolucionó en diferentes partes del planeta para llegar a sapiens en África, extinguirse en Asia y dar lugar al neandertal en Europa y Oriente Próximo. En fin, con humildad científica, y sin ansias de crear nuevas especies gratuitas para salir a en prensa y obtener fondos del estado, se dilucidarían muchas ambigüedades. De esta forma, se podrían definir buenos y estables árboles evolutivos para los homínidos. Forzar la máquina con la creación de nuevas especies puede llevarnos por crasos errores. En definitiva, hay que llamar a la prudencia en todos estos campos, como son los homínidos, que tanto afectan al ego humano y asumir que hacen falta más ejemplares para llegar a conclusiones sólidas. Para llegar al nivel TD6, donde se hallaron los restos de Homo erectus, faltan excavar los niveles superiores. A un ritmo de unos quince centímetros por año se estima llegar de nuevo al TD6 alrededor del 2015.

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David Rabadà i Vives

Museu de Geologia del Seminari de Barcelona

drabada@hotmail.com

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