No tiene partido, y tendrá que convertir a toda prisa en un proyecto político lo que hasta ahora no fue sino una operación de mercadotecnia

Los retos que le esperan a Macron

No lo tiene nada fácil Emmanuel Macron como presidente de una V República que amenaza con implosionar. Procedente de la gran banca y ministro de economía cuyas políticas acabaron con la carrera política de su mentor, el primer ministro Valls, desde los distintos sectores que le han votado se le exigirá a partir de ahora algo más que agitar el espantajo de la ultraderecha lepenista, y desde posiciones distintas difícilmente conciliables.

 

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Xavier Massó_editedXavier Massó / Catalunya Vanguardista

No tiene partido, y tendrá que convertir a toda prisa en un proyecto político lo que hasta ahora no fue sino una operación de mercadotecnia. En caso contrario podría quedar en una situación más que comprometida después de las legislativas de junio. Habrá que ver si es un nuevo De Gaulle, el hombre para el que se pensó la V República, o si se queda en su sepulturero. A la vista de los resultados de ayer en la segunda, y definitiva, vuelta de las elecciones presidenciales francesas, se infieren las siguientes constataciones.

1.- Con un 33,94% de los votos, el FN de Le Pen es actualmente el partido mayoritario en Francia. Los votos del vencedor, Macron, con el 66% restante, provienen de prácticamente todo el espectro político de la V República –socialistas, comunistas, republicanos, gaullistas…-, con la probable excepción de la heterodoxa izquierda de Mélénchon, cuyos votos de la primera vuelta se habrían distribuido desigualmente entre la abstención, Macron y Le Pen.

Emmanuel Macron / Wikimedia

Emmanuel Macron / Wikimedia

Un tercio de los votos no es poca cosa, todo lo contrario. Baste decir, puestos a establecer comparaciones, que con un porcentaje algo inferior gobierna el PP de Rajoy en España -33,01%-. No parece tampoco que estemos ante ningún fenómeno minoritario ni pasajero, sino ante una sostenida tendencia al alza de la ultraderecha en Francia. Exactamente de la misma manera que sus causas no son tampoco pasajeras, sino que más bien todo indica que han venido para quedarse. Y que todos los demás tengan que unirse para cerrarle el paso es, como mínimo, inquietante.

2.- Macron, que venció también en la primera vuelta, aunque por un margen muy escaso, no tiene detrás ningún partido, sino distintas corrientes de opinión y movimientos, más o menos heteróclitos, que representan un intento del sistema por regenerarse a sí mismo, o como mínimo de presentarse como tal, frente a los montaraces de Le Pen. Pero la indefinición y el sincretismo inherentes al discurso de Macron, al menos a juzgar por lo visto hasta ahora, igual que pueden haber ejercido de talismanes en su victoria de ayer, pueden transmutarse en su talón de Aquiles para el inminente mañana que tendrá que gestionar, a la que empiece a adoptar decisiones.

3.- El modelo político y electoral francés, con jefatura de Estado y de gobierno, ambas ejecutivas, y con procesos electorales distintos, se pensó en su momento como un traje a medida para el general De Gaulle y la atomizada derecha francesa. También al partido socialista que Mitterrand construyó de la nada le vino de perlas para ir erosionando progresivamente a los comunistas con la unión de la izquierda –en la segunda vuelta, los comunistas, más disciplinados, votaban efectivamente al candidato de izquierda mejor situado, pero no así los electores socialistas, si éste era el comunista-.

Este peculiar sistema electoral puede dejar a Macron en entredicho si no consigue aglutinar a sus partidarios en una formación o coalición política mínimamente cohesionada y con empuje suficiente en las próximas legislativas

Este peculiar sistema electoral, consistente en dos vueltas y un sistema mixto, pero eliminatorio y mayoritario en definitiva, puede dejar a Macron en entredicho si no consigue aglutinar a sus partidarios en una formación o coalición política mínimamente cohesionada y con empuje suficiente en las próximas legislativas. El modelo de la V República parece haber tocado fondo, a menos que Macron resulte ser un De Gaulle redivivo y, así como el general supo agitar el fantasma del comunismo, él sepa hacer lo propio con el de la ultraderecha lepenista. Pero De Gaulle solo tuvo que organizar a la derecha en su proyecto, Macron tiene que hacerlo también con la izquierda o lo que quede de ella.

4.- Este modelo electoral, pensado para una situación que ya no se corresponde con la realidad y que puede ponerle palos en las ruedas a Macron, es el mismo que ha mantenido hasta ahora al Frente Nacional fuera de cualquier centro importante de poder. Se podrá decir lo que se quiera del FN, pero que un partido que fue el más votado en las últimas elecciones europeas, que lleva años consolidado con más de un 20% de votos y que acaba de obtener un 33,94%, disponga solo de 2 diputados en la Asamblea Nacional francesa, de un total de 577 –un 0,003%-, no puede considerarse sino como una anomalía democrática. Todo ello con independencia de cuáles sean las valoraciones que pueda merecer el partido de Marine Le Pen.

Hasta ahora, esta peculiaridad electoral ha funcionado en la práctica como un cordón sanitario que ha aislado al FN y le ha impedido el acceso a los instituciones y centros de poder relevantes, manteniéndolo en una posición de marginalidad política que no se corresponde con su peso real. Pero se trata de un cordón sanitario que, a medida que la situación se deteriora, puede acabar produciendo un indeseado efecto boomerang.

Esta peculiar insignificancia representativa que ha mantenido al FN fuera de la mayoría de instituciones, también comporta que no se vea afectado por el desgaste de la clase política a la que denuncia. Por ello, puede ser percibido desde ciertos sectores como la alternativa a un sistema encarnado por una casta política a la cual detestan y a la que ven –acaso no sin razón- como la culpable de los males que les afectan. Se trata además del típico autoposicionamiento reivindicado desde siempre por totalitarismos y populismos. Consecuentemente, se le puede ver no solo como ajeno al desgaste propio del sistema y al su descrédito de la política en general, sino también como alternativa. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo, y acaso lo que ocurrirá, si Macron no lo remedia.

5.- La izquierda clásica francesa sigue sin aprender la lección. Y el partido socialista lo mejor que probablemente podría hacer es cerrar el chiringuito, dejando, eso sí, el correspondiente cartelito informativo en la puerta: cerrado por estupidez y por cinismo. Puede que Méléchon no sea un síntoma, sino una tendencia. Imaginemos solo por un momento que Méléchon y Le Pen hubieran sido los dos candidatos enfrentados en la segunda vuelta. ¿Qué hubiera votado la derecha gaullista y republicana francesa?

Lo que está por ver es si la V República será capaz de sobrevivirse a sí misma o si está definitivamente haciendo aguas

Concluyendo, lo que está por ver es si la V República será capaz de sobrevivirse a sí misma o si está definitivamente haciendo aguas. Se la pensó en su momento como un modelo más o menos cesarista -o si se prefiere, bonapartista-, con De Gaulle en el papel estelar. Así lo entendió Mitterrand, que siguió con el modelo al tomar el relevo. Pero la realidad y la propia evolución de los acontecimientos, así como la exasperante incapacidad de los últimos césares, han desembocado en una situación con difícil solución de continuidad.

Y esto se traduce en la pregunta sobre si Macron será capaz de ejercer de general De Gaulle y agrupar en torno a su persona un movimiento y un proyecto mínimamente cohesionados de cara a las próximas elecciones legislativas, lo cual parece bastante dudoso hoy por hoy. Si no lo consigue, lo tiene mal… la V República lo tiene mal. Y Le Pen sigue ahí, agazapada y  esperando su oportunidad, para no soltarla cuando la pille al vuelo… si Macron fracasa.

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