Lo esencial de una buena enseñanza media es dotar al alumno de una cultura general sólida y amplia, instrucción, ya que es la última posibilidad que tendrá”, asegura Orrico

Orrico: “La izquierda y la derecha se han puesto de acuerdo en lo peor de cada casa”

 

La tarima vacía’, (Editorial Alegoría), de Javier Orrico es un título evocador de lo que ha ocurrido con la tarima y con el profesor que acostumbraba a explicar desde ella, idóneo para lo que se nos cuenta en este libro: el desmantelamiento del sistema educativo, como lo hizo ya hace años con ‘La enseñanza destruida’, del cual éste es en cierto modo una continuación.

 

Xavier Massó / Catalunya Vanguardista

Un trabajo excelente y revelador de los entresijos y los intereses que han llevado a la Educación hasta su actual estado de deterioro –irreversible (?)-, mientras propagandísticamente se nos habla de la generación mejor preparada de la historia; algo que Orrico niega y refuta categóricamente. Si acaso, nos remarca, será la generación más titulada, pero poca cosa más…

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¿Cuántos sistemas educativos hay en España, uno –puede que muy malo, pero uno-, o diecisiete, como suele decirse a veces?

Recordemos que la LOGSE de 1990, que es el origen de todos nuestros males, entregaba a las regiones hasta el 45% de los programas (desde entonces llamados currículos) y los horarios, en el caso de las comunidades con dos lenguas oficiales, lo que daba un amplísimo margen para crear, en efecto, sistemas diferentes. En algunos casos, como en Cataluña o el País vasco, pero también Galicia, la Comunidad Valenciana, Baleares, Navarra o Andalucía, lo que hicieron fue aprovechar el regalo para promulgar sus propias leyes de educación, imponer el monolingüismo en comunidades bilingües, relajar las exigencias para aprobar o manipular y variar los contenidos al servicio de las ‘construcciones nacionales’.

“Lo mejor de la LOMCE eran las reválidas, que es lo que se han cargado, mientras que han dejado el sistema de evaluación por estándares y rúbricas que acabará por rematarlo todo”

Pero casi todas, apremiadas por los sindicatos “de clase”, terminaron por implantar sus propios reglamentos y políticas de profesores, y hasta sus sistemas de selección. De hecho ha habido incluso en alguna región intentos de crear, por fin, el Cuerpo Único, unificar a los profesores de instituto con los maestros de primaria, a pesar de los distintos méritos y estudios para el acceso, que habría sido la apoteosis del peor igualitarismo. De esta forma hoy nos encontramos en la práctica con sistemas no permeables en sus programas y organización, y hasta con salarios distintos de comunidad a comunidad. Ya no se estudia lo mismo ni, lo que es más grave, se exige lo mismo, mientras que, sin embargo, y muy injustamente, los títulos tienen el mismo valor. En realidad, es que ya no tienen ningún valor.

Portada del último libro de Javier Orrico

Portada del último libro de Javier Orrico

En ‘La tarima vacía’ sostienes que, contra lo que se acostumbra a denunciar, el problema educativo en España no es que llevemos cinco o seis leyes en treinta años, a razón casi de una por legislatura, sino que en realidad, todo este tiempo hemos estado bajo la férula de una misma ley, la LOGSE. ¿Podrías argumentar brevemente por qué?

La estructura del sistema, los principios igualitaristas, enemigos de la igualdad y de la promoción social de los humildes a través de una enseñanza exigente, el lenguaje falsario y los disparates de la nueva pedagogía hoy vigentes los impuso la LOGSE, y ahí siguen, intactos. O peor, radicalizados por la derecha, que ha creado un sistema de evaluación de enloquecida burocracia que hará imposible, en la práctica, suspender a nadie.

La LOCE, que vino tras la LOGSE, intentaba paliar el desastre, y seguramente habría corregido el rumbo, aunque era también muy tímida. Pero Zapatero la derogó y volvió a la LOGSE. Eso era la LOE de 2006, un “restyling”, como en los coches, de la LOGSE. Y eso es lo que sigue en vigor, pues lo mejor de la LOMCE eran las reválidas, que es lo que se han cargado, mientras que han dejado el sistema de evaluación por estándares y rúbricas que acabará por rematarlo todo. La izquierda y la derecha se han puesto de acuerdo en lo peor de cada casa: desaparición del mérito y el estudio, destrucción de la cultura humanista y tecnocracia asfixiante. Ambas han coincidido al final en convertir los medios en fines.

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Desde que publicaste ‘La Enseñanza destruida’ han pasado algunos años ¿Han empeorado las cosas desde entonces?

Han mostrado sus efectos en plenitud. Y se ha disuelto toda esperanza. Si entonces todavía se podía creer que algún gobierno, de los que se decían liberales, cambiara el rumbo, hoy sabemos que eso nunca ocurrirá. La izquierda, hipócrita al extremo, sigue instalada en la posverdad que inventó, es decir, en la negación de los hechos frente a la ideología, aunque el daño sea irreparable para aquellos a los que dicen defender; y la derecha, en el fondo, sabe que siempre tendrá mecanismos de escape del desastre: centros en el extranjero o colegios de pago. Lo terrible es que ya los nuevos profesores están formados en la LOGSE, que los maestros de primaria, cuyos programas abochornan, ya ni siquiera tienen la base de un buen BUP para defenderse del adoctrinamiento y la ignorancia expedidos por las facultades de Educación, y que los profesores de instituto ya llegan también pasados por el máster de los pedagogos y con oposiciones muy rebajadas con respecto a las que un día fueron. Y, hasta ahora, si algo se salvaba, era por unos profesores que habían seguido enseñando a pesar del sistema. Esto no quiere decir que todos los profesores jóvenes hayan sido ganados para la ideología dominante (y que no se equivoquen: la ‘nueva educación’ es la ideología dominante, la rebeldía está en desmontar sus engaños), pero sí que están menos preparados para defenderse de ella. Por eso aceleraron las jubilaciones, porque querían eliminar a quienes habían conocido una enseñanza verdadera.

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Muy especialmente al final del libro, apuntas hacia posibles alternativas al modelo educativo actual, en lo que parece un especie de carta abierta a los docentes –que todavía queden, como bien recuerdas-, destacando los aspectos más sustantivos de su profesión –transmisión de conocimientos, etc.- ¿Qué le recomendarías al profesor que ha suspendido a un alumno, pongamos que con un “1” –y porque puso el nombre en la hoja de un examen por lo demás vacío-, que va luego el padre a quejarse al director y éste, o el inspector decide aprobarle? Te aseguro que son cosas que, me consta, están ocurriendo.

Para eso se han hecho los burocratizados sistemas de evaluación: para que ocurran. El objetivo me lo explicó un día un pedagogo: queremos que todo el mundo vaya a la universidad. No han entendido aún que el día que eso llegue, y ya vamos por el 50%, la universidad dejará de tener valor, ya ha dejado, de hecho. Lo que se ha eliminado es la selección por el saber, el talento y el mérito. Y lo que han dejado, los muy cretinos, es la selección por el dinero que las familias puedan gastarse en una buena y selecta formación. Es una formidable contribución de la izquierda al orden natural y eterno.

“Claro que PISA responde al nefasto sistema de la enseñanza por competencias, que es el último engaño de la factoría constructivista”

En cuanto a la recomendación, sólo puedo decir que si de verdad ama su profesión y, sobre todo, aquello que enseña, sea la Física o la Literatura, que no se deje vencer, que siempre habrá un muchacho al que le haya abierto vías insospechadas que habrán cambiado su vida, que sea leal con su  oficio y consigo mismo, y siga haciendo en su aula lo que crea mejor para sus alumnos y no para los inspectores ni los comisarios políticos. Y que cuando le lleguen los psicopedas siniestros les cante aquello que cantaba Kiko Veneno: “Yo lucho, y después sieeeeempre me duuucho…”.

De las pruebas PISA se ha dicho de todo. Destaquemos aquí su concepción mercadotécnica, y acaso utilitarista, de la educación, y su arraigado antiintelectualismo. Unos las critican por el tipo de pruebas, y otros porque, simplemente, niegan validez a cualquier evaluación externa ¿Te parecen críticas apropiadas? ¿Qué piensas de las pruebas PISA, en general?

Claro que PISA responde al nefasto sistema de la enseñanza por competencias, que es el último engaño de la factoría constructivista, y que supone la muerte de la cultura y la coronación del hacer frente al saber, como si fueran incompatibles. Para ellos, poder apreciar la pintura de Velázquez no sirve para atender a los turistas. Es el triunfo definitivo del utilitarismo y la formación para el consumo, que es de lo que se trata: de crear personas que sepan aplicar cosas cuyo origen y razón ignoran, consumidores y militantes disciplinados. Así se satisfacen las necesidades del capitalismo y de los movimientos de izquierda, todo en uno hacia la felicidad universal y el hermoso mundo de las emociones y los libros de autoayuda. Pero, por otra parte, sin PISA seguiríamos creyendo que tenemos “las generaciones mejor formadas de la historia”, afirmación similar a aquella de que teníamos el mejor sistema bancario del universo, posverdades del mundo, uníos. Lo que PISA nos ha enseñado es que, desdichadamente, no sólo no sabemos, sino que tampoco sabemos hacer. Lógico, ¿cómo se puede aplicar lo que se ignora?

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Cuando una institución como los Jesuitas –Fundació Jesuïtes de Catalunya, en este caso- anuncia que sus centros abandonan la formación tradicional y se apuntan con armas y bagajes a la escuela por proyectos ¿A qué piensas que obedece? ¿Iluminación, negocio, marketing…?

“Los jesuitas siempre han querido estar a la vanguardia de la Historia. Y redimir a la humanidad”

Los jesuitas siempre han querido estar a la vanguardia de la Historia. Y redimir a la humanidad. No parece, de todas formas, que sus resultados sean espectaculares, a pesar de contar con los mejores alumnos y todos los medios. Por otra parte, yo no estoy en contra de que en un momento dado haya algo que se pueda trabajar con un proyecto, es decir, con un eje que vertebre lo que se estudia. Pero, eso, lo que se estudia y se trabaja en un asunto concreto. Eso se hizo siempre, que estos creen, encima, que han descubierto lo que es enseñar. Yo mismo lo he hecho para estudiar determinados aspectos de la literatura. Lo que es un disparate es pretender que eso se puede aplicar a todo y todo el tiempo, pues lo esencial de una buena enseñanza media es dotar al alumno de una cultura general sólida y amplia, instrucción, ya que es la última posibilidad que tendrá.

La enseñanza superior, sea del tipo que sea, profesional o universitaria, especializa. Y un alumno de letras no volverá a tener contacto con la ciencia, salvo que hayamos creado en él unos fundamentos que le permitan sobrevivir al futuro. En realidad, lo que buscan es el fin de las asignaturas y de la transmisión cultural. El alcance de una enseñanza por proyectos es muy limitado y, además, asistemático. No persiguen aprender más, sino la exaltación de la metodología por sí misma, como una oferta alternativa contra una sociedad ‘represora’. Es una manifestación más de la superioridad moral de algunos sepulcros blanqueados, un puro esnobismo de gente que se cree elegida y mejor, y que ofrece libertad y felicidad como si los demás impusieran el vinagre.

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En algún momento de ‘La tarima vacía’ hablas de algo así como la complicidad culpable de la Universidad en todo este despropósito, digámoslo así, parafraseándote, desde la destrucción de la enseñanza hasta el vaciado de la tarima y su eliminación física ¿A qué atribuyes tal complicidad y su consiguiente silencio?

Es muy sencillo: eliminando, por ejemplo, las oposiciones abiertas, cerraban la puerta a cualquier competencia que pudiera poner en peligro lo que de verdad les interesaba, la consolidación de sus puestos de trabajo. Antes había competencia y aire. Después, desde 1983, la universidad se convirtió en un mundo sin mérito y sin control externo. Aun así ha habido y hay grandes profesionales, pero porque quieren ellos, no porque el sistema se lo exija.

En “La tarima vacía” he incluido un testimonio devastador de Enrique Gimbernat, catedrático de Derecho Penal de la Complutense, sobre el proceso que se implantó a partir de esa fecha, y la endogamia y el nepotismo que reinan desde entonces. Y, lo que es peor, la mediocridad -sobre todo, en lo que nos afecta- de todos esos didactas, sociólogos y psicólogos de la educación, que nada saben, y encima se permiten dar lecciones sobre un trabajo que desconocen, la enseñanza media, pues casi todos han pasado de maestros de primaria a profesores universitarios a través de la licenciatura en Pedagogía, reconocidamente la más fácil de obtener en España.

“Desde 1983, la universidad se convirtió en un mundo sin mérito y sin control externo”

En fin, se han hecho con el control del máster obligatorio para entrar en los institutos, en la secundaria;  y, en la primaria, han destruido la vieja formación de los maestros, aquellos que sabían de todo y que eran autoridades en sus pueblos. Hoy, lamentablemente, ya nos les enseñan nada, sólo didácticas de nada. Ahora son muchos los profesores universitarios que se duelen del desastre que les ha llegado, no sólo por el nivel de los alumnos, sino a través del Plan Bolonia, que es su LOGSE. Pero durante todos estos años no hicieron otra cosa que mirar hacia otro lado, y siguen sin ser capaces de denunciar a los pedagogos que les han impuesto el sistema, porque, finalmente, todos participan o se callan ante ese mundo de corruptelillas que les permite o les permitirá gozar de una situación de privilegio.

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Digámoslo claro ¿Hay redención posible a corto o medio plazo? Imaginemos que, de repente, todos los partidos políticos se ponen de acuerdo y se llega a un pacto de estado educativo en el que prima la sensatez. Supongamos que esta «sensatez» pasa, entre otras cosas, por exámenes externos de graduación, un bachillerato más largo, itinerarios académicos… ¿No se iba a montar algo parecido al motín de Esquilache?

Es mucho imaginar. La izquierda nunca aceptará la renuncia a sus principios ideológicos, porque es ya, derrotados en la economía, lo único que les queda. El nacionalismo, también mesiánico, es su gran aliado, pues con las independencias van a crear paraísos y, como alguien contaba, va a estar todo pagado. Unos y otros deberían, sin embargo, darse cuenta de que el Estado del Bienestar se deshace si no lo sostiene una sociedad sana, es decir, meritocrática, porque si todo el mundo aspira a vivir del Estado al final no habrá para nadie. Y, además, qué espanto vivir en una sociedad completamente subsidiada, sin ilusión ni metas. Otra vez a anegarse en el vodka. Y, por el otro lado, me temo que a la derecha lo único que de verdad le interesa es la economía, que controlan, y están dispuestos a ceder en todo lo demás a cambio de que no se ponga en cuestión ese control. Por ejemplo, ese es clarísimamente, para mí, el pacto de ‘Junts pel sí’ y la CUP.

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Parece ser que hay un cierto consenso tácito en extender la escolarización obligatoria hasta los 18 años. Eso permitiría, en opinión de unos, reformular los programas de estudios y establecer un modelo 3 + 3 –tres años de ESO y tres de Bachillerato y de FP-, así como algunas correcciones puntuales. Para otros, todo seguiría igual o peor, porque esta ampliación solo comportaría una prolongación de la ESO en su sentido más peyorativo. ¿Cuál es tu opinión?

Habrá que preguntar a los profesores de instituto qué piensan de tener, a la fuerza, no a un chaval hasta los dieciséis años, sino a un señor con bigote de dieciocho. Y con las puertas cerradas, claro, como en la cárcel, pero sin policía. Lo que hay que hacer es, en efecto, comenzar antes el bachillerato –tampoco habría sido insensato esperar a ver qué resultado daban los itinerarios de 4º de la LOMCE-,  y hacer una FP de tres años, bien dotada y mayoritaria, pero no a la fuerza. A mí todo lo que sea demasiado obligatorio me produce rechazo, sobre todo cuando no les hemos dejado elegir ni les hemos ofrecido más que caminos únicos. En fin, la posibilidad –que sé que en Cataluña está ya muy madura- de forzar a los ciudadanos a estar en un aula hasta los dieciocho, cuando ya pueden conducir motos, abortar o casarse libremente, y hasta se habla de dejarlos votar, me parece un disparate.

“Si, de una puñetera vez, ignoran la estupidez que les ha caído encima, y vuelven a ocuparse de enseñar y no de rellenar papeles, la cosa tiene solución”

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Y finalmente ¿Cómo ves la situación actual de la enseñanza en España? ¿Hay esperanza?

Todo dependerá de lo que los profesores decidan hacer. Si, de una puñetera vez, ignoran la estupidez que les ha caído encima, y vuelven a ocuparse de enseñar y no de rellenar papeles, la cosa tiene solución. El problema es que, sobre todo en la enseñanza media, los sindicatos “de clase”, mayoritarios en España, son los primeros cómplices de todo el disparate. Hay que destacar que, por ejemplo, no han dicho ni media palabra sobre la locura de los estándares. Contra las reválidas, sí. Ante la burocracia, encantados.

Por ello hace falta lo que hoy apenas existe, salvo el loable intento de los SPES y alguna otra fuerza minoritaria: sindicatos de verdad, profesionales, que promuevan, apoyen y defiendan a los profesores cuando un día hagan lo que tienen que hacer: volver a emplear su tiempo en estudiar y leer, y dejar de rellenar documentos inútiles. Todos. Y cuando vengan los burócratas y los políticos, enviarlos a ese lugar al que los españoles solemos enviarnos con frecuencia. Seguro que ese día los profesores estallarán de contento. Sobre todo, consigo mismos.

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