Desechar de forma higiénica las secreciones nasales y orales (pañuelos desechables) es una de las formas de prevención recomendadas / Foto: UAH

Una mezcla favorable

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Otoño y virus. Dos palabras que aparecen en muchas conversaciones a medida que el sol deja de calentar y nos adentramos en jornadas con menos luz y más frío. En esta entrevista, la profesora de la UAH, Lourdes Lledó, trata de aclarar algunos tópicos relacionados con la proliferación de los virus en la estación otoñal.

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Fuente: Universidad de Alcalá

La profesora Lourdes Lledó

La profesora Lourdes Lledó

Profesora, el otoño y la primavera están asociadas a los virus, ¿por qué, si en realidad los virus están siempre en el ambiente?, ¿Es un mito lo de los virus de otoño?

El ser humano está en permanente contacto con los virus, así como con el resto de microorganismos, pero determinadas circunstancias pueden aumentar el contacto y /o hacernos más susceptibles a la infección, y por tanto, aumentar la probabilidad de que podamos sufrir enfermedades producidas por ellos. El otoño tiene unas peculiaridades climatológicas, como descenso de temperaturas, aumento de humedad y disminución de las horas de luz solar que influyen en nuestros hábitos de vida y, además, socialmente se asocia con el final del periodo vacacional y la vuelta al trabajo, al colegio, en fin, a la rutina diaria…

Nuestras actividades y hábitos se modifican respecto a la estación anterior, verano, y permanecemos durante más tiempo en entornos cerrados con menos actividades al aire libre. Estas condiciones facilitan, por un lado, que determinados virus mejor adaptados a temperaturas más bajas y a mayor humedad aumenten la circulación; también se facilitan los mecanismos de transmisión entre estos virus y el hombre (transmisión por vía aérea con puerta de entrada respiratoria) y, además, aumenta la susceptibilidad del ser humano de contraer la infección porque pueden disminuir determinadas defensas condicionadas por estos cambios del entorno que normalmente evitarían la entrada del virus y su multiplicación y diseminación en nuestro organismo produciéndonos daño que se evidencia por la aparición de signos y síntomas (enfermedad infecciosa).

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¿Cuáles son las enfermedades más ‘típicas’ del otoño y por qué lo son?

Las más típicas del otoño son las infecciones respiratorias, fundamentalmente de origen viral. Afectan preferentemente a las vías respiratorias altas, como los catarros

Relacionadas con las enfermedades infecciosas, por supuesto, las infecciones respiratorias, fundamentalmente de origen viral. Afectan preferentemente a las vías respiratorias altas, como los catarros, y con menor frecuencia a vías bajas, como neumonías o bronquiolitis.

Los virus implicados, aunque con distinta prevalencia y con diferente secuencia estacional (unos más prevalentes al inicio del otoño, otros al final y durante el invierno…), son Influenza virus, Parainfluenzavirus, Virus Respiratorio Sincitial, Coronavirus, Adenovirus, Rinovirus, Metapneumovirus humano, y Bocavirus humano. Estos virus son eliminados con las secreciones respiratorias (al hablar, toser, estornudar, etc) y pueden transmitirse directamente a un contacto cercano mediante la inhalación de las partículas virales o de forma indirecta a través del contacto con materiales o zonas anatómicas contaminadas con las secreciones, (como pañuelos, manos…).

La prevalencia de estas enfermedades infecciosas no solo varía temporalmente, sino que para cada virus su prevalencia es diferente, según los grupos de edad y, en algunos casos, según también el género.

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¿Podemos prevenir algunas de estas enfermedades?, ¿cuáles y cómo?

Claro, actuando, aumentando nuestra resistencia frente a estos virus o actuando sobre los mecanismos de transmisión para dificultar su llegada hasta nosotros.

En el primer caso, disponemos de una vacuna muy eficaz frente a un grupo de virus respiratorios muy importantes: los influenzavirus o virus de la gripe. Esta vacuna se administra anualmente y la campaña de vacunación comienza al inicio del otoño y está recomendada, sobre todo, para ciertos grupos de población más susceptibles como personas mayores de 65 o que padezcan enfermedades crónicas, por ejemplo, cardíacas o respiratorias.

Algunas medidas para aumentar nuestras defensas son seguir una alimentación equilibrada, practicar ejercicio al aire libre o hidratarse y descansar suficiente

Otras medidas para aumentar nuestras defensas son seguir una alimentación equilibrada, ejercicio al aire libre (que permita exposición de nuestro cuerpo a la luz natural), evitar cambios bruscos de temperatura, disminuir el estrés y la apatía propia de esta estación con horarios regulares y la combinación de trabajo y ocio, disminuir o preferentemente erradicar el consumo de tabaco, y muy importante una hidratación y descanso suficiente.

Por supuesto, hay que adoptar también medidas encaminadas a interrumpir los mecanismos de transmisión, como cubrirse la boca al estornudar o toser, lavarse las manos con frecuencia, desechar de forma higiénica las secreciones nasales y orales (pañuelos desechables), ventilar adecuadamente y periódicamente los lugares muy concurridos…

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Hablamos de virus pero, ¿somos también más propensos a tener infecciones bacteriológicas en otoño?

Generalmente, las infecciones bacterianas que producen infecciones respiratorias y con el mismo mecanismo de transmisión comentado, aumentan también su frecuencia en los meses más fríos del año, donde como en el caso de los virus, se facilita mucho la transmisión por la mayor permanencia en espacios cerrados.

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