Un nuevo Real Decreto establecerá que ya no será necesario aprobar la ESO para obtener el título

En educación, España, pues ESO: E pluribus unum

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La guerra contra el fracaso escolar acaba de experimentar un avance decisivo. Un nuevo Real Decreto establecerá que ya no será necesario aprobar la ESO para obtener el título. El fracaso escolar tiene los días contados y vamos a ser la envidia del mundo. Es la solución final que, con tanto debate teórico y académico, no nos habíamos percatado hasta ayer que estaba al alcance de la mano. Bastaba con poner manos a la obra.

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Xavier Massó_editedXavier Massó / Catalunya Vanguardista

Una vez más, España se ha superado a sí misma y sin duda se convertirá muy pronto en el modelo educativo a seguir para los demás pueblos del mundo mundial, y para escarnio de las naciones que nos difamaron con la leyenda negra. Que se vayan preparando porque ESO no lo va a parar ni PISA ni naide.

Y aprobado por unanimidad: Estado, CCAA, partidos políticos, nacionalismos centrípetos y centrífugos, la comunidad «educativa»… Todos de acuerdo en un consenso nunca antes visto. Cuando se trata de lo esencial, los pueblos de España responden al unísono como una sola voz. E pluribus unum, he ahí la verdadera divisa hispana, que los americanos nos robaron –como tantas otras cosas-, pero que recuperaremos, porque la cosa va en serio. Dentro de muy poco, el fracaso escolar en España será historia. No sabemos si quedará nadie que sepa historia, pero eso es lo de menos.

Al final, la voluntad de consenso y el buen sentido acabaron por imponerse. El penúltimo borrador establecía que para la obtención del título de ESO se requería una media global de 5 y un máximo de dos materias con nota inferior a cinco –es decir, suspendidas-, que no fueran Lengua y Matemáticas. Al final, hasta se consiguió eliminar el engorro de la media global, así que podemos felicitarnos de verdad, todo un éxito. Parcial sin duda, porque persisten viejos atavismos -propios de sistemas educativos represivos, clasistas y alienantes en los cuales se evaluaba al alumno según los conocimientos ¡qué cosas!-, como que solo se puedan suspender dos materias. Pero los partidarios de este tipo de restricciones son residuales y están en franco retroceso. Atruena la pedagogía en marcha; vamos por el buen camino.

Cuando se trata de lo esencial, los pueblos de España responden al unísono como una sola voz. E pluribus unum, he ahí la verdadera divisa hispana, que los americanos nos robaron

La pregunta es por qué decayó una propuesta tan novedosa como la del aprobado global con una media de cinco que parecía progresista e innovadora, pero que un posterior y sutil análisis pedagógico puso en evidencia, revelando que, en realidad, iba a tener efectos claramente negativos por su carácter restrictivo de condición necesaria, además de no suficiente, para la obtención del título, fundamentalmente por dos derivaciones indeseadas.

La primera, que un alumno con dos materias suspendidas con sendos «unos», y el resto «cinquillos», se iba a quedar sin título, aun habiendo «aprobado» Matemáticas o Lengua, por no haber alcanzado la media requerida de 5. Y esto generaría, además de un agravio comparativo, una más que probable vulneración de derechos fundamentales.

Y la segunda, porque la contumacia en mantener la exigencia de no suspender más de dos materias distorsiona la propia idea de evaluación global a partir de la media. Así por ejemplo, un alumno con nota de 3 en la mitad de las materias y de 7 en la otra mitad, obtiene una media de cinco. Debería ser acreedor al título de la ESO, pero la restricción de las dos suspendidas como máximo, neutraliza el avance que la idea de la media introducía en la lucha contra el fracaso escolar.

Por lo tanto, es de suponer que la situación derivó hacia la tesitura de tener que optar, o bien por levantar la restricción del tope de dos suspensos y dejarlo todo en función de la media, o bien por mantener los dos suspensos como requisito, pero sin que entonces la media interfiera para nada. Y se optó por lo segundo. Así se consigue, como mínimo, que un alumno con dos materias suspendidas con un 1 –una de ellas matemáticas o lengua-, y el resto con un cinco, obtenga el título de la ESO, mientras que de mantenerse la exigencia de una media de 5, hubiera quedado excluido y condenado a una vida marginal y sin la menor posibilidad de acceder a un trabajo cualificado durante el resto de su existencia.

Y todo el mundo feliz y contento. España ¡qué gran país cuando hay consenso! Pues ESO: e pluribus unum

No es todo lo que hubiera podido ser, y queda todavía un buen trecho hasta la definitiva abolición del suspenso y la concesión automática de los correspondientes títulos, incluso sin necesidad de asistir a ningún tipo de instalación escolar o académica, sino a través de interné, el que quiera. Pero todo se andará y el de ayer es sin duda un gran paso que, además, en la medida que comportará un significativo descenso en los porcentajes de fracaso escolar, animará a seguir en la buena dirección.

Y una vez definitivamente cautivo y derrotado el fracaso escolar, solo queda ya tomar medidas igual de enérgicas contra su secuela, el abandono escolar prematuro. Me es grato informar a los lectores de este artículo que, también en relación a esta segunda rémora, se está trabajando en las altas instancias con una solución drástica y valiente, equivalente a la de ayer en relación al fracaso escolar, pero dirigida a la liquidación, por los mismos medios, del abandono escolar prematuro: la extensión de la escolarización obligatoria hasta los 18 años.

Y todo el mundo feliz y contento. España ¡qué gran país cuando hay consenso! Pues ESO: e pluribus unum

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