La exposición muestra el legado de una de las más grandes figuras de la canción y la danza españolas.

Buenos Aires acoge  la exposición Arte y provocación dedicada a Miguel de Molina

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Cartel de Miguel de Molina. Arte y provocación.El Centro Cultural Recoleta de la capital de Argentina acoge desde hoy, 25 de febrero, hasta el 27 de marzo, la retrospectiva Miguel de Molina Arte y Provocación, producida por la Comunidad de Madrid para su presentación en la Sala El Águila de Madrid en 2009 con motivo del centenario del nacimiento del artista.

La exposición ha permitido que, por primera vez, se exhiba el legado del gran artista Miguel de Molina, compuesto de fotografías, documentos, audiovisuales y su vestuario. La muestra plantea un recorrido de los momentos más importantes de la vida artística, social y creativa de Molina, incluyendo su etapa bonaerense, ciudad en la que residió hasta su fallecimiento.

La exposición comienza con una cronología de su vida en la que se puede admirar fotografías de los personajes con los que mantuvo una estrecha relación, tanto amistosa como profesional, desde Pastora Imperio, a Manolete, Jacinto Benavente, Manuel de Falla o Lola Flores, y las importantes personalidades de Argentina y México, como Agustín Lara, María Félix o Eva Perón.

Otra parte importante de la muestra es la colección de carteles de teatro y cine, con algunos emblemáticos como el del Amor Brujo y de sus actuaciones en Argentina, como la del Teatro Odeón. También puede realizarse un paseo por su filmografía  y descubrir imágenes recuperadas de sus primeros cortos como Luna de Sangre y Manolo Reyes, o su largometraje Esta es mi vida, donde interpreta algunas de sus más reconocibles canciones, como La Bien Pagá, La Hija de Don Juan Alba y Viva Sevilla.

Lo más llamativo de esta exposición es su vestuario, un aspecto de su carrera esencial, ya que era el propio Molina el creador y supervisor de toda su confección. En la muestra sorprenden 16 de sus emblemáticas blusas y 41 pares de botas con originales diseños que Molina utilizó en sus actuaciones.

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Miguel Frías Molina

El artista conocido como Miguel de Molina (Miguel Frías Molina) nació el 10 de abril de 1908, en el barrio de Capuchinos, de Málaga. En su autobiografía “Botín de guerra”, cuenta:

“Yo llegué al mundo en una España en la que reinaba Alfonso XIII y en una Andalucía en la que quienes gobernaban eran la pobreza, el hambre, los terratenientes, la ignorancia (…) El mundo del teatro me fascinó. Con 13 años ya decidí que un día sería artista.”

“Con 19 años me instalé en Granada… Me ganaba la vida organizando las juergas (…) haciendo una clientela que nunca prescindió de mí, unos por mi rapidez para armar la fiesta, otros por mi carácter y simpatía.”

“En Madrid, fui aprendiendo de los maestros del cante y el baile en el mítico Villa Rosa de la Plaza de Santa Ana. Fue en el 31 cuando se me despertó la idea de subir a un escenario como artista del baile y la canción andaluza (…) Debuté en el Teatro Romea de Madrid. Entonces nacieron mis famosas blusas, que diseñé y cosí yo mismo. Manuel de Falla, Laura de Santelmo, Lamote de Grignon, Tony Triana, mi primer Amor Brujo…Yo era un don nadie y compartí escenario con estos monstruos”.

“En 1935 llegaba por primera vez a Valencia, posiblemente la ciudad de España a la que más debo artísticamente”.

“El 10 de noviembre de 1939 estaba de nuevo en Madrid, trabajando en el Teatro Pavón cuando, de pronto, tres tipos aparecieron en mi camerino y me obligaron a que les siguiera. Fui raptado hasta los altos de la Castellana donde me dieron una feroz paliza”.

“En 1942 llegaba al puerto de Buenos Aires, contratado por la señora Lola Membrives. Debutaba ¡armando una revolución! (…) Un día se presentó en mi casa un comisario con dos policías y me dijo que “estaba invitado a dejar el país” (…) Tras mi traslado a Méjico, en 1946 me encontraba en Buenos Aires otra vez, pero en esta ocasión entró en mi vida una persona que me brindó mi tan ansiada libertad: Eva Perón. Nunca olvidaré lo que esa mujer hizo por mí”.

“La inestabilidad política argentina me animó a regresar a España en 1957. Con la excusa de levantar el piso de mi madre desembarqué nuevamente en España. Primero en las Fallas, luego en Madrid, en el Teatro Albéniz y en el Florida Park”.

“En 1961 me retiré, en mi casa porteña, a disfrutar de mis recuerdos y a pelear en solitario contra todo lo vivido. Hasta que un día recibo una inesperada llamada. Me comentan que me otorgan, por orden de sus Majestades los Reyes de España, la Orden de Isabel la Católica. No pude por menos que recordar aquella paliza en la Castellana, las persecuciones, la prohibición de trabajar, el secuestro de mis películas, el exilio…Haberme robado los mejores años de mi vida, empujándome lejos de mi madre, de mi tierra…Y pensé que aquel chavalillo que dejó Málaga con el hatillo al hombro, ahora era ¡Caballero de la Orden de Isabel La católica!”.

“Como tantas cosas en mi vida, aquella condecoración también había llegado demasiado tarde. ¡Cómo me hubiera gustado que mi madre me hubiese visto con la medalla en el pecho!”.

Miguel de Molina fallece en su casa de Buenos Aires el 4 de marzo de 1993. Sus restos se encuentran en el Panteón de Actores del cementerio de La Chacarita, en Buenos Aires.

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