′El Informe Ohlendorf‘

Entrevista J. JORGE SÁNCHEZ, autor de ′El Informe Ohlendorf‘

J. Jorge Sánchez: «Siempre es posible decir “no”»

 

Otto Ohlendorf fue un personaje real. Un comandante del Einsatzgruppe D, escuadrón de ejecución al mando de las SS, responsable de la matanza de unas 90.000 personas, principalmente en Ucrania y Crimea durante la Segunda Guerra Mundial. Pero este oficial de alto rango también fue crítico con algunas decisiones y estrategias del régimen nazi. Su complejo perfil sociológico, intelectual, humano y político son analizados en El informe Ohlendorf, de J. Jorge Sánchez. Una novela que funde datos históricos y ficción para construir un relato repleto de reflexiones inteligentes que traslada en última instancia al lector.

 

Eva Serra

J. Jorge Sánchez es licenciado en Filosofía y Doctor en Humanidades. Catedrático de enseñanza secundaria. Secretario de Comunicación del sindicato Professors de Secundària (aspepc·sps) y miembro del Patronato de la Fundación Episteme. Ha escrito los poemarios: Del Tercer Reich (Germania, 2002), Filosofía de la minucia (Bartleby, 2008), Bajo la lluvia (LVR, 2012), Las vidas de las imágenes (Luces de Gálibo, 2013) y Contra Visconti (Baile del Sol, 2015). Editor de Dunas en la playa. Reflexiones en torno al poder (La Catarata, 1996), ha publicado numerosos artículos, prólogos y colaboraciones diversas sobre Filosofía, Teoría de la Literatura y Política. El Informe Ohlendorf (Onuba, 2020) es su primera novela.

 

¿Por qué se decidió por un personaje como Ohlendorf?

Cuando hace muchos años, estaba yo en COU, leí la traducción castellana del libro de Heinz Höhne sobre las SS (La orden de la calavera), una obra que recogía la comprensión que predominaba durante las dos décadas posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial acerca del nacionalsocialismo y el exterminio de los judíos, me llamó la atención su descripción de la figura de Ohlendorf: un nazi convencido pero crítico, que desaprobaba el curso de la política nacionalsocialista, que mantenía serias diferencias con Himmler y Heydrich y que no parecía ser un simple burócrata que obedecía órdenes, un autómata desprovisto de subjetividad.

Leí la traducción castellana del libro de Heinz Höhne sobre las SS. Me llamó la atención la descripción de la figura de Ohlendorf: un nazi convencido pero crítico

Creí la narración de Höhne y cuando después, en la universidad, leí Eichmann en Jerusalén de Arendt, aunque inicialmente me adherí de modo entusiasta a su interpretación, me pareció que la tesis de la banalidad del mal era insuficiente para explicar el comportamiento de un sujeto como Ohlendorf, que no era precisamente banal. La benevolencia de la tesis de Höhne se fue matizando con ulteriores lecturas a lo largo del tiempo. Sin embargo, su singularidad seguía resistiéndose a la expansión abusiva del modelo de Arendt como pauta de explicación del cómo y por qué de la catástrofe que asoló Europa a partir de 1933.

Otto Ohlendorf.jpg Archivo: Bundesarchiv Bild 183-J08517,  Fotógrafo: Schwarz; Colores agregados por Tzo15 / Wikimedia

No sé si las “cosas” son, en sí mismas, complejas, pero estoy convencido de que el enfoque complejo es más útil que las lecturas unidimensionales por muy persuasivas y brillantes que resulten. Así que, cuando en los noventa, estalló la guerra de los Balcanes y aconteció la masacre de Srebrenica,y  la importancia de reflexionar sobre las condiciones de posibilidad del genocidio y el asesinato masivo se convirtió en una preocupación inaplazable, comencé a acercarme de nuevo a aquel acontecimiento histórico y busqué dirigentes nacionalsocialistas que no respondieran al esquema de la irreflexión, como Speer y Goebbels. Con todo, ninguno de los dos estuvo tan intensa y directamente implicado en el exterminio de los judíos europeos como los altos oficiales de las SS que, o estaban al mando de los Einsatzgruppen o eran responsables de los campos de aniquilación.

Durante un tiempo creí que el responsable del Einsatzgruppe B, Arthur Nebe, el director de la Policía Criminal del Reich, que al tiempo que dirigía la matanza de más de 80,000 judíos en la URSS conspiraba contra Hitler, podía ser la pieza en la que apoyar una óptica alternativa, pero al ser ejecutado en 1945 no había disponible suficiente información como para aventurar otras explicaciones. Fue entonces cuando me volví a fijar en Ohlendorf.

Pienso que hubo nacionalsocialistas reflexivos y conscientes, de hecho, incluso muchos “intelectuales” o “académicos” que no fueron meros robots y que creían a pies juntillas en el carácter de la revolución nacionalsocialista, como Ohlendorf

Creo que es cierto que hubo nazis irreflexivos como Eichmann o el comandante de Auschwitz, Höss; que abundaron los estúpidos y arribistas como Von Ribbentrop o Bormann; los animales, psicópatas y sádicos de todo pelaje, cuya fauna puede constatarse en los procesos a los guardianes de los campos. Pero también pienso que hubo nacionalsocialistas reflexivos y conscientes, de hecho, incluso muchos “intelectuales” o “académicos” que no fueron meros robots y que creían a pies juntillas en el carácter de la revolución nacionalsocialista, como Ohlendorf. Una de las grandes enseñanzas del siglo XX, para mí, es hasta qué punto los intelectuales no sólo fueron ciegos ante la barbarie de Hitler, la de Stalin o la de tantos otros, sino cómo participaron voluntaria o involuntariamente.

¿Cuáles fueron sus fuentes de documentación?

Antes de comenzar lo que acabaría siendo la novela, intenté escribir mi experiencia, mediada, sobre el nazismo y la destrucción de los judíos europeos, mediante un poemario, Del Tercer Reich.

Para escribirlo, leí muchas páginas tanto de las actas del primer proceso de Nuremberg, como de las del proceso a los Einsatzgruppen, cuyo protagonista fue, indiscutiblemente, Ohlendorf

Para escribirlo, leí muchas páginas tanto de las actas del primer proceso de Nuremberg, como de las del proceso a los Einsatzgruppen, cuyo protagonista fue, indiscutiblemente, Ohlendorf. Las lecturas de Los verdugos voluntarios de Hitler, de Goldhagen (cuya tesis de licenciatura versaba sobre Ohlendorf, y se titulaba El humanista como asesino de masas) y, sobre todo, la monumental e imprescindible La destrucción de los judíos europeos de Hillberg también fueron claves para ese primer texto y cimentaron la mayor parte de la base documental de esta novela. Luego se unieron, a finales de los noventa, los archivos que la administración norteamericana desclasificó y puso paulatinamente a disposición del público y algunos estudios que reinterpretaron los acontecimientos a la luz de la voluminosa documentación que se guardaba en la extinta Unión Soviética y que, por fin, fueron accesibles.

¿Justifica alguna ideología el crimen? ¿Es responsable el oficial nazi de cumplir órdenes?

En términos empíricos parece que no hay ideología, entendida como un conjunto más o menos estructurado de enunciados que describen la realidad y organizan la conducta del individuo, que no justifique de alguna manera, más o menos excepcional, el crimen. Lo cual no mitiga en absoluto la responsabilidad individual e intransferible en las acciones. Siempre es posible decir “no”: llamémosle libertad, indeterminación, resistencia, contrapoder… Diría que hay suficientes datos como para avalar que no hay una determinación absoluta de nuestro comportamiento.

En el caso de los miembros de los Einsatzgruppen, como del personal de los campos de exterminio, existía la posibilidad de pedir ser destinado a otro puesto. Algunos, muy pocos, lo hicieron y no sufrieron ninguna represalia

En el caso de los miembros de los Einsatzgruppen, como del personal de los campos de exterminio, existía la posibilidad de pedir ser destinado a otro puesto. Algunos, muy pocos, lo hicieron y no sufrieron ninguna represalia. Por ejemplo, el miembro del grupo C Erwin Schulz. El propio Himmler dijo en más de una ocasión que el exterminio era una tarea difícil para la que no todos los SS estaban preparados y que lo entendía. Las SS eran una organización paramilitar, pero no se les podía aplicar el modelo de las órdenes militares que deben ser cumplidas a cualquier precio: prácticamente ningún oficial de las SS protestó y, lo peor, la mayor parte de la historiografía actual considera que las instrucciones iniciales que recibieron antes de la invasión de la URSS respecto a los judíos eran tan amplias y vagas que los responsables de las unidades podían interpretarlas como las circunstancias lo requirieran. Lo dramático es que las interpretaron casi siempre de la manera más cruel y criminal.

¿Cómo perfila el nexo entre ficción y realidad en su novela?

Con el poemario creí que había dicho todo lo que tenía que decir. Pero poco a poco fui viendo que el tema estaba lejos de haberse agotado, ni siquiera subjetivamente, y me puse a escribir un hoax sobre el juicio a los Einsatzgruppen con el que pretendía cubrir algunos de los terribles vacíos que percibía en el proceso y a su alrededor y tratar, así, de dar algo de coherencia a la política genocida nazi. Pronto comprobé que excedía mis posibilidades y que tampoco tenía salida como producto literario. Así que pasó unos años en el cajón.

La literatura no puede suplantar la investigación histórica ni tampoco ayudarla más que puntualmente, pero puede servirnos, a los lectores, para construir unos marcos interpretativos con los que orientarnos

Cuando la novela empezó a armarse definitivamente, retomé el propósito del hoax pero decidí incluir también fuentes “reales” para intentar, de nuevo, componer un retrato lógico de una de las caras del fenómeno nacionalsocialista. La literatura no puede suplantar la investigación histórica ni tampoco ayudarla más que puntualmente, pero puede servirnos, a los lectores, para construir unos marcos interpretativos con los que orientarnos, siquiera provisionalmente.

Comparte protagonismo con Ohlendorf, la joven Daniela, una profesora universitaria que trabaja también en una pequeña editorial independiente alemana. ¿Cuál es la intencionalidad del contrapeso de Daniela en esta historia?

Como ya he dicho, la prehistoria de la novela era una falsificación que no llegó a buen puerto. Años después fui tomando notas para una posible narración sobre una mujer en la que verter mis experiencias sobre la construcción del sujeto femenino, que cobraron forma en el personaje de Daniela. Cuando ya estaba empezando esta narración, me rondó la idea de escribir un artículo sobre lo que llamaríamos “Holocausto 2.0” o “Shoah 2.0”: la proliferación de novelas, películas y series sobre “nazis” y, al mismo tiempo, la banalización y trivialización de lo sucedido, se están dando la mano cuando los últimos testimonios vivos de lo ocurrido están a punto de desaparecer.

Portada del libro

Por una parte parece que poner un nazi en cualquier relato garantiza su salida pública; por otra los términos “exterminio”, “genocidio” o “nazi” se utilizan ahora tan indiscriminadamente que parecen vaciarse de tanto usarse y, asimismo, prácticamente cualquier episodio violento es comparado con la empresa criminal del III Reich, lo cual es de una simplicidad exasperante. Trabajando fuera del ámbito académico no hay demasiado tiempo libre: hay que economizar y maximizar las oportunidades, así que “Daniela” me pareció la oportunidad de fundir ambos propósitos. Luego, evidentemente, cada texto es singular y las reglas del género te llevan por otros caminos que no son los previstos, pero ese era el propósito inicial y el que armó la novela. De hecho, el verdadero protagonista no es Ohlendorf, sino ella.

Daniela se enfrenta constantemente a sus fantasmas mientras que Ohlendorf parece casi ignorarlos, me refiero a sus víctimas. El color de esos dos personajes es manifiestamente contrapuesto ¿hay algo que les una?

Francamente, no lo había pensado. Estaría tentado de decir, a bote pronto, que nada pero seguro que algo habrá. Tal vez su autoindulgencia: tienen a mano siempre justificaciones para aquellos actos que creen que no serán correctamente juzgados por los demás.

El peso de los argumentos y de las justificaciones de Ohlendorf parecen ir más allá de Nuremberg. ¿Ohlendorf trata de purgar su propia conciencia o busca preparar su defensa de un modo más consistente?

Este es un debate académico que todavía hoy día no parece zanjado. En los años inmediatamente posteriores a Nuremberg, el dibujo que luego Höhne popularizó era el más extendido. Ohlendorf llegó incluso a seducir a alguno de sus interrogadores norteamericanos, como el coronel Brookhart que, al parecer, se ofreció para ayudarle a redactar sus memorias. Parecía un hombre sincero, apesadumbrado por sus crímenes y por el desastre provocado por el régimen. De hecho, participó en más de cuarenta interrogatorios (más que cualquier otro nazi) y hasta que en uno, en agosto de 1945, habló sobre su implicación en las matanzas, nunca se le preguntó sobre ello.

Se sabía muy poco de los Einsatzgruppen y del funcionamiento interno de los órganos represivos nazis. Al menos en el Oeste. Ohlendorf fue la principal fuente de información sobre ellos

Se sabía muy poco de los Einsatzgruppen y del funcionamiento interno de los órganos represivos nazis. Al menos en el Oeste. Ohlendorf fue la principal fuente de información sobre ellos. De hecho, fueron sus declaraciones, gratuitas en el sentido de que se las podía haber ahorrado, las que abrieron la puerta a su procesamiento y el de otros 23 responsables de estos comandos y posteriormente de otros muchos en los procesos de desnazificación. Además, fue testigo de la acusación en el primer gran juicio. Sin embargo, con el tiempo algunos de sus datos se mostró que eran incorrectos y que había deliberados silencios en sus relatos.

A finales de los setenta, la tesis de que su colaboración fue calculada, que los datos que proporcionó fueron sesgados y que elaboró una estrategia para que todos los acusados fueran absueltos por la eximente del cumplimiento de órdenes se abrió paso: hay suficientes argumentos a favor de esta hipótesis. Pero también es una explicación que presenta deficiencias. Diría que, al menos hasta donde conozco, sigue siendo un personaje enigmático y ambiguo.

Existen dos personajes colaterales de gran importancia en el relato. El capitán norteamericano Thomas Lagarde, al frente de los interrogatorios a Ohlendorf y Walter Schellenberg, oficial de alto rango de las SS, quien también conversa con Lagarde. ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en cada uno de ellos?

Bundesarchiv Bild 101III-Alber-178-04A, Walter Schellenberg / Wikimedia

El norteamericano es una pura construcción ficcional. Al principio quería inspirarme en el filósofo sir Stuart Hampshire, que trabajó para el MI6 durante la guerra y fue interrogador de Schellenberg, pero se me fue de las manos: es un ejercicio de alteridad imaginaria. No es como yo pensé que sería o como quería que fuera. Por el contrario, el retrato de Schellenberg es el que más se intenta acercar a la realidad. Más incluso que el de Ohlendorf, porque de éste solo conservamos los interrogatorios y sus declaraciones en los tribunales. De Schellenberg tenemos todo eso y, además, sus Memorias. Me pasé muchos meses con Schellenberg. Demasiados.

La novela transita por dos siglos distintos, el XX y el XXI ¿Condena el contexto social a un determinado tipo de conducta?

Así lo parece. Sin embargo, también hubo personas decentes que resistieron la barbarie totalitaria y se comportaron casi diría ejemplarmente, de acuerdo a ese ideal de humanidad que la cultura occidental levantó con la Ilustración. La época histórica condiciona pero no determina: hay muchos tiempo; muchas temporalidades coexisten y algunas se resisten a la “actualidad” por muy asfixiante y totalitaria que pueda ser.

 

Más información:

Próximo webinar con el autor.

Miércoles 28 de abril a las 19:00h

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