Adam Smith. Aguafuerte basado en el original de 1787 por James Tassie.

Tal día como hoy… 16 de junio de 1723 nacía Adam Smith

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El 16 de junio de 1723 nacía en Kirkcaldy (Escocia, Reino Unido), Adam Smith, filósofo y economista, considerado el fundador de la teoría económica moderna. Fue profesor de Filosofía moral en la Universidad de Glasgow.

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CV / Aunque es conocido fundamentalmente como economista por su obra ‘The Wealth of Nations’(1776)  –La Riqueza de las Naciones-, y su condición de filósofo acostumbra a ser pasada por alto, lo cierto es que ésta es indisociable a su condición de economista y al modelo económico que propone, que legitimará moralmente en su ‘Teoría de los sentimientos morales’.

En la teoría económica de Smith hay tres nociones fundamentales, la decisión racional, la división del trabajo y la libre competencia

Al igual que Benjamin Franklin, Adam Smith parece un personaje surgido de la teoría de los tipos de Max Weber, al menos retrospectivamente. Cuando en su ‘La Ética protestante y el espíritu del capitalismo’, Weber plantea las relaciones entre el modelo moral de la reforma religiosa protestante y la reforma económica que supondrá el surgimiento del capitalismo, interpretando la segunda como la secularización de la primera, lo cierto es que da la impresión de que Adam Smith ya lo hubiera entendido, sin manifestarlo explícitamente, un siglo y medio antes.

En la teoría económica de Smith hay tres nociones fundamentales, la decisión racional –inevitable debido a la limitación de recursos- la división del trabajo y la libre competencia. A las contradicciones y tensiones que tal libre competencia genera inevitablemente, contrapone la armonía que acaba imponiendo una ignota «mano invisible», entendida como una suerte de providencia divina. Y todo lo que mueve la actividad económica es la obtención de beneficio, un beneficio que, contra los modelos morales anteriores, ni tiene ni ha de tener límites. Es famoso su ejemplo del panadero, que si nos hace un pan tan bueno, nos dice, no es porque sea buena persona, sino para que sigamos comprándole a él en lugar de a su competencia. Exactamente igual que «nosotros» sus clientes, nos recuerda, porque si otro panadero hiciera un pan tan bueno como él a mejor precio, pronto dejaría de importarnos lo buena persona que era y acudiríamos al más barato.

El individualismo no es un mal, y querer ser rico, tampoco. A esto último dedica buena parte de su ‘Teoría de los Sentimientos Morales’

Como Mandeville en su ‘The Fable of de Bees’ –La Fábula de las abejas-, por divisa ‘vicios privados, virtudes públicas’ (o beneficios públicos), en su teorización de la actividad económica Smith trata de desligarla de los principios morales propios del tradicionalismo económico. El individualismo no es un mal, y querer ser rico, tampoco. A esto último dedica buena parte de su ‘Teoría de los Sentimientos Morales’, a fundamentar la legitimidad de la ambición por convertirse en rico, es decir, al motor que mueve toda actividad económica.

Dicho en otras palabras, , si a un niño se le pregunta qué quiere ser cuando sea mayor, queda muy bien que responda que quiere ser misionero o voluntario en una ONG, pero si nos dice que quiere ser, así sin más, millonario, entonces decimos que este niño es un frivolón que va camino de convertirse en un ser sin escrúpulos. Smith nos dice lo contrario, que está muy bien querer ser rico, y que negarlo es hipócrita.

¿Y qué límites tiene esta voluntad de enriquecimiento? El respeto escrupuloso por las leyes propias del orden social. Y como valor supremo, el trabajo. Claro que a esto último le replicará Karl Marx que también el trabajo de los otros sirve para enriquecerse uno mismo…

Adam Smith murió en Edimburgo el 17 de julio de 1790, a los 67 años de edad.

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