15 pensadores para (re)pensar un cambio social

Acaba de salir a la venta Jacques Derrida: Democràcia i sobirania, firmado por Laura Llevadot / UB

Laura Llevadot: «Si todo el mundo toma conciencia de que el sistema actual no es el único posible, eterno e intocable, tal vez podamos cambiar muchas cosas»

 

No es la primera vez que Laura Llevadot se propone acercar la filosofía al gran público. Profesora de la Facultad de Filosofía de la UB y coordinadora del máster de Pensamiento Contemporáneo y Tradición Clásica, en 2014 impulsó el Festival Barcelona Pensa con el objetivo de sacar la filosofía de la academia y llevarla a las calles —en forma de actividades diversas programadas durante una semana— para que el público no especializado tuviera acceso a ella.

 

UB / Fiel a su espíritu divulgador, ha puesto en marcha la colección Pensament Polític Postfundacional con el fin de invitar a la ciudadanía a pensar la política de otro modo.

La colección está editada por Gedisa, consta de quince títulos y analiza la línea de pensamiento político contemporáneo que ha recibido el nombre de posfundacional

La colección está editada por Gedisa, consta de quince títulos y analiza la línea de pensamiento político contemporáneo que ha recibido el nombre de posfundacional, a través de diecisiete autores entre los que se encuentran Jacques Rancière, Alain Badiou, Jacques Derrida, Giorgio Agamben, Hannah Arendt, Michel Foucault o Judith Butler. De momento se han editado ocho volúmenes, y el último en salir a la venta ha sido Jacques Derrida: Democràcia i sobirania, firmado por la misma Llevadot.

 

Con el Barcelona Pensa demostró que la filosofía bien explicada interesa a todos. Ahora se ha propuesto acercar el pensamiento político posfundacional al público no especializado. Comience por mí. Cuénteme qué es.

La línea de pensamiento político contemporáneo que recibe el nombre de posfundacional aglutina las teorías de algunos autores, muchos de ellos franceses, que plantean la problemática de lo político más allá de la política clásica. Tienen la voluntad, todos ellos, de mostrar la falta de fundamento de las democracias liberales representativas y de darle la vuelta, en definitiva, al fundamento mítico del pensamiento político moderno.

Veamos si lo he entendido bien: desde la perspectiva de estos pensadores, en el orden político y en el orden jurídico no hay necesariamente un fundamento, como se pensaba tradicionalmente.

Exacto, lo que muestran estos autores es que la construcción del mundo político y jurídico actual, tal y como lo conocemos, es contextual, responde a una lógica concreta, histórica y cuestionable, y que, por tanto, es criticable y modificable. Defienden que nada es natural ni tampoco tan racional como se pretende.

Las demandas colectivas, los movimientos sociales —que forman parte de lo político— son formas de cuestionar, desde una exigencia de justicia, la política establecida

Desde esta perspectiva, por ejemplo, nada legitima la perennidad de una Constitución, de una declaración de independencia o de un orden institucional establecido. Las demandas colectivas, los movimientos sociales —que forman parte de lo político— son formas de cuestionar, desde una exigencia de justicia, la política establecida. Cuando esta no se deja interpelar por esas demandas, y sobre todo, cuando se blinda en nombre de la democracia, abrimos paso al totalitarismo, incluso.

¿Qué más tienen en común?

La mayor parte se alimentan de los hitos del posestructuralismo, tras la crisis del marxismo, y establecen una diferenciación muy clara entre lo que es la política (las instituciones, los modelos de representación y de gobierno, el espectáculo mediático de los políticos) y lo que llaman lo político, entendido como la necesidad de toda sociedad de organizarse y encontrar soluciones a los temas comunes que afectan directamente a la población. Un denominador común del pensamiento posfundacional es devolver la centralidad a lo político en detrimento de lo institucional o instituido.

Póngame un ejemplo

Un denominador común del pensamiento posfundacional es devolver la centralidad a lo político en detrimento de lo institucional o instituido

El movimiento de las mujeres. Por más que haya una ley de género (que ahora quieren revocar, por cierto), lo que dicen las feministas es que lo personal también es político. Lo que pasa en tu casa, la relación que estableces con tus hijos o con la pareja también es política, incluso nuestras relaciones sexuales y amorosas y, por tanto, todo eso también debe ser pensado, cuestionado, volteado de raíz. Por ello, muchos de estos autores son especialmente críticos con las democracias representativas, que solo regulan leyes, cuando el problema político radica a menudo en las normas, en nuestra forma de normalizarnos, de naturalizar situaciones que a menudo son violentas y aberrantes.

¿Y qué alternativa proponen?

No se trata tanto de proponer alternativas como de analizar las formas de dominación presentes, sin lo cual toda alternativa permanecerá impotente porque repetirá lo que pretende superar. Sin embargo, cada uno de ellos abre vías para pensar otras formas de organizar lo político: algunos hablan de democracias participativas; otros plantean representaciones aleatorias, por sorteo o por turno; otros, como Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, hablan de tomar las instituciones; Derrida, por ejemplo, apela a una nueva internacional; Badiou intenta pensar de nuevo el comunismo; Lefort propone una democracia siempre abierta a lo irrepresentable…

¿Democracias aleatorias? ¿Como cuando toca ser presidente de la escalera?

Es necesario poner en entredicho esta profesionalización de la política, que presupone que existen unas élites que sí saben gobernar, mientras que los demás nos limitamos tan solo a votar

¿Por qué no? Desde la defensa de la igualdad que plantea, por ejemplo, Rancière, pero también desde la crítica a la distinción entre teoría y praxis, que comparten muchos de estos autores, no está nada claro que tenga que haber políticos profesionales. El político profesional cree tener un saber específico para lo político —que es común— legitimado solo por su carrera dentro del partido. Es necesario poner en entredicho esta profesionalización de la política, que presupone que existen unas élites que sí saben gobernar, mientras que los demás nos limitamos tan solo a votar.

 

Cada uno de los volúmenes está dedicado a un pensador y escrito por un autor diferente. ¿Cómo estableció las parejas de baile?

Cuando se nos ocurrió crear la colección, junto con Caterina da Lisca, de Gedisa, no solo pretendíamos dar a conocer a estos autores posfundacionales, a los que considero necesarios para comprender los movimientos ciudadanos y los conflictos que impugnan el modo tradicional de hacer y pensar la política en la actualidad. Al mismo tiempo queríamos aglutinar y dar a conocer todas las investigaciones que estamos desarrollando algunos investigadores, cada uno con su autor, en la academia de este país, y que comparten una perspectiva común.

Llevadot es profesora de la Facultad de Filosofía de la UB y coordinadora del máster de Pensamiento Contemporáneo y Tradición Clásica. / UB

Creo que es importante que la gente, más allá del entorno académico, sepa lo que estamos haciendo, a menudo en condiciones muy precarias, porque muchos de los autores de la colección son jóvenes y sus condiciones laborales no son las deseables, aunque su compromiso y su pasión por lo que hacen son inmensos. Pero sobre todo creo en la necesidad de poner al alcance de todo el mundo estas herramientas conceptuales para poder pensar lo que nos afecta.

Acaba de salir a la venta Jacques Derrida: Democràcia i sobirania, que está firmado por usted y se presenta el día 2 de abril en La Central. ¿Por qué Derrida?

Hace años que trabajo en el autor, y en el libro quería recoger las cuestiones que Derrida plantea y que nos interpelan a todos. Pongo de relieve, especialmente, su crítica a la soberanía, al Estado nación, a la violencia fundadora de cada ley, a la comunidad excluyente, al falogocentrismo, a la representación…

Acaba de salir a la venta Jacques Derrida: Democràcia i sobirania.

Si algo define la democracia, según Derrida, es el hecho de ser el único sistema abierto, el único capaz de permitir el derecho a la alteridad. Se trata de permanecer abiertos a la heterogeneidad, a todo aquello que el Estado y su construcción jurídica excluyen, a pesar de vivir en los estados que tenemos y a pesar de no haber superado la democracia representativa.

Además de centrarme en esa cuestión que la colección exigía, y que he tratado de ejemplificar con procesos políticos actuales como el 15-M o el soberanista, he querido asimismo hacer aterrizar a Derrida en problemáticas que también son políticas y que creo que nos implican de lleno: la cuestión de la lengua, de lo que significa escribir en una lengua minoritaria como el catalán, la de la diferencia sexual, la de la carga política que conllevan las identificaciones de género, o la de la hospitalidad, que nos golpea a diario.

Aváncenos algún título que aún no se haya publicado

El próximo volumen que se publicará es Jean-François Lyotard: Estètica i política, de Gerard Vilar, y después verá la luz Hannah Arendt: llibertat política i totalitarisme, firmado por Fina Birulés.

¿Cuál es el objetivo último de la colección?

Estamos todos cansados de las democracias tal como funcionan y se trata de que cada uno, desde su lugar haga su propia práctica teórica, su propia reflexión crítica

La idea es invitar a la lectura de estos pensadores. Dar a conocer su obra y hacerla accesible al gran público, analizando las cuestiones que nos afectan directamente a todos. Quisiéramos mostrar que todos estos autores nos dan herramientas para concebir la política en la actualidad de una forma diferente.

Estamos todos cansados de las democracias tal como funcionan y se trata de que cada uno, desde su lugar (desde la militancia, la academia, o desde la curiosidad lectora) haga su propia práctica teórica, su propia reflexión crítica. Si todo el mundo toma conciencia de que el sistema actual no es el único posible, eterno e intocable, y que hay maneras de pensar muy distintas, tal vez podamos cambiar muchas cosas.

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