1842: los ingleses ocupan Hong-Kong

El barco británico Nemesis destruyendo los juncos de guerra chinos durante la Segunda batalla de Chuenpee, el 7 de enero de 1841. / Wikimedia

Si estableciéramos una comparativa global, China era probablemente la mayor potencia del mundo en el año 1400, y lo seguía siendo todavía en el 1500, cuando las naciones europeas estaban saliendo de la Edad Media y cualquiera de ellas era insignificante en comparación con Katay, nombre con el cual se la conocía desde los tiempos de Marco Polo.

 

CV/ Era una civilización milenaria y de amplísima extensión geográfica, técnicamente muy desarrollada y poderosa, tanto militar como económicamente y con un aparato de estado muy desarrollado. Había miles de kilómetros de canales artificiales que funcionaban como vías de comunicación, y sus técnicas navales eran las más avanzadas del momento. Algunos historiadores de la economía creen haber encontrado elementos claramente precapitalistas, y se habla de una gran expedición naval por el Océano Pacífico que habría llegado a Sudamérica por el oeste unos quince años antes que Colón. Aunque este último dato sea dudoso, lo cierto es que la influencia china se extendía por todo el Pacífico occidental y, por el Índico hasta Madagascar. Pero a partir del siglo XVI, China se encerró en sí misma y entró en una fase de estancamiento.

La influencia china se extendía por todo el Pacífico occidental y, por el Índico hasta Madagascar. Pero a partir del siglo XVI, China se encerró en sí misma y entró en una fase de estancamiento

Mientras tanto, en los últimos tres siglos los pueblos europeos habían experimentado un avance vertiginoso. Portugueses, españoles, holandeses, franceses e ingleses habían colonizado América y estaban haciendo lo propio con África. Desde el Renacimiento y la Revolución Científica del siglo XVII, habían experimentado una pujanza sin parangón. Al colonialismo meramente extractivo de los primeros siglos, le había sucedido la búsqueda de mercados, tan necesarios o más que las materias primas en aquellos tiempos de Revolución Industrial. Tras la derrota de la Francia napoleónica en 1815, la indiscutible superpotencia europea industrial y colonial era la Gran Bretaña victoriana, que puso sus ojos en aquel inmenso, atávico, anquilosado y hermético imperio que era la China de la dinastía Qing, que seguía funcionando al margen del tiempo, de acuerdo con sus propias reglas y tradición.

Había productos chinos que, como el té, la seda o la porcelana, eran sumamente codiciados en Inglaterra, y había que pagarlos en plata contante y sonante

Para entendernos, los chinos practicaban el proteccionismo económico; es decir, favorecían las exportaciones y limitaban las importaciones. Además, se daba la circunstancia que había productos chinos que, como el té, la seda o la porcelana, eran sumamente codiciados en Inglaterra, y había que pagarlos en plata contante y sonante. En contrapartida, los chinos no compraban casi nada. La balanza de pagos entre Inglaterra y China era abrumadoramente desfavorable a los británicos, y esto, en el país inventor del capitalismo resultaba intolerable.

Desde finales del siglo XVIII, los gobiernos de Su Graciosa Majestad habían intentado equilibrar la balanza comercial con China tratando de conminar a los chinos a aceptar su papel moneda en lugar de metal precioso, y para que abrieran sus mercados a los productos británicos, en ambos casos sin éxito.

Había que equilibrar la balanza de pagos como fuera, en nombre del libre mercado, y para ello se recurrió al contrabando del opio. El consumo de opio estaba prohibido en China, pero esto a los magnates victorianos les importaba una higa. Para ello se contó con el hombre adecuado, William Jardine, un exoficial de la armada enriquecido con actividades turbulentas, que organizó una amplia red de introducción de opio de contrabando en China, que los ingleses y los holandeses producían en Java. Opio, cuyo pago también pasó a exigirse en plata. Pronto se convirtió en un negocio redondo, hasta el punto que la balanza comercial real –no la oficial- se convirtió en favorable a Inglaterra.

Un buen día, las fuerzas imperiales decidieron quemar varios barcos de opio que atraparon haciendo contrabando, y empezaron a perseguir seriamente los fumaderos donde se consumía

Para China esto significó una catástrofe, no solo para su economía, sino también por los estragos humanos que el consumo de opio produjo entre la población, amenazando seriamente la cohesión. De modo que, un buen día, las fuerzas imperiales decidieron quemar varios barcos de opio que atraparon haciendo contrabando, y empezaron a perseguir seriamente los fumaderos donde se consumía.

Para Gran Bretaña esto fue una afrenta intolerable, y el propio Jardine recibió el espaldarazo de otro pájaro de cuenta, el ministro inglés Lord Palmerston –personaje, por cierto, sagazmente biografiado por Karl Marx como arquetipo de político sin escrúpulos- que le declaró la guerra a China. Fue la primera Guerra del Opio (1839-1843).

El desarrollo de la guerra fue para los británicos un paseo militar. China estaba aún en la Edad Media, y las murallas de sus fortalezas y ciudades se hundían como mantequilla derretida ante los disparos de su artillería, lo mismo que sus juncos de guerra contra las modernas fragatas y buques de línea. Durante las acciones bélicas, el 26 de enero de 1841 los británicos tomaron la isla de Hong-Kong, que convirtieron en su base de operaciones, bloquearon todos los puertos chinos importantes y se adentraron en la Yang-tsé, amenazando además con una invasión terrestre a la que el ejército chino no podía hacer frente.

Barco británico traficando opio en China, 1824. / Wikimedia

La guerra concluyó con el Tratado de Nankín, firmado en agosto de 1842, cuyos términos fueron una auténtica humillación para los vencidos. China se comprometió a pagar a Gran Bretaña 21 millones de taeles de plata en concepto de indemnización por costes de guerra y daños a los traficantes de opio, a abrir seis puertos al comercio extranjero, a legalizar el consumo de opio, a conceder derechos extraterritoriales a los comerciantes británicos, a abolir los aranceles comerciales y a ceder la isla de Hong-Kong, que luego se amplió a territorio continental en sucesivos tratados. Un auténtico acto de piratería de estado.

Las consecuencias de la guerra fueron para China catastróficas, económicamente, socialmente y políticamente, entrando en un proceso de descomposición que se alargó hasta mediados del siglo XX

Las consecuencias de la guerra fueron para China catastróficas, económicamente, socialmente y políticamente, entrando en un proceso de descomposición que se alargó hasta mediados del siglo XX. William Jardine se convirtió en uno de los hombres más ricos de Inglaterra y fue honrado con el título de baronet por la reina Victoria. No pudo disfrutarlo mucho tiempo; murió en 1843, un año después del final de la guerra.

El 1 de julio de 1997, Gran Bretaña devolvió Hong-Kong a China. El Tratado de Nankin había cedido la isla a perpetuidad, pero China exigió que se incluyera con los territorios continentales adyacentes que, por tratados posteriores, Gran Bretaña había ocupado, comprometiéndose a devolver, pero sin la intención de hacerlo. Pero lo hizo incluso con Kong-Kong. Las tornas habían cambiado.

 

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Lunes, 25 de enero de 1890

La periodista y aventurera norteamericana Nelly Bly, seudónimo de Elizabeth Jane Cochran (1864-1922), también conocida como Pinky, culminaba la vuelta al mundo en 72 días, que había iniciado para superar el récord novelístico de Julio Verne. Durante el trayecto y a su paso por Francia, tuvo la ocasión de entrevistarse con el escritor francés, quien le dijo: “Señorita, si usted es capaz de hacerlo en 79 días, yo la felicitaré públicamente”. Así lo hizo.

Martes, 26 de enero de 1841

El ejército y la marina del Reino Unido ocupan Hong-Kong, en el marco de la primera Guerra del Opio. Posteriormente, por el Tratado de Nankin, China cedió definitivamente la soberanía a Gran Bretaña, hasta 1997, año en que, tras sucesivas demoras, fue devuelto a China.

Miércoles, 27 de enero de 1944

Tras casi dos años y medio de asedio, las fuerzas del ejército rojo liberaban la ciudad de Leningrado –actual San Petersburgo-.

Jueves, 28 de enero de 814

Fallecía en Aquisgrán el emperador Carlomagno, a los 70 años de edad (aproximada, porque el año exacto de su nacimiento se desconoce). El imperio que construyó abarcaba los territorios que hoy comprenden Francia, Benelux, Alemania, mitad norte de Italia y el norte de España con límite en el Ebro.

Viernes, 29 de enero de 1962

El presidente argentino Arturo Frondizi y los tres jefes del estado mayor militar firman un decreto proscribiendo al expresidente Juan Domingo Perón y prohibiendo pronunciar su nombre. Perón pasó oficialmente a llamarse en la terminología oficial «el tirano prófugo».

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