20N, la Universidad de hace cuarenta años

El rector Fabian Estapé inaugura el curso 1974-1975. Fotografía procedente del libro La Universitat de Barcelona. Libertas perfundet omnia luce. 1450.

La Universidad que existe en 1975, un foco de protestas

 

El cuadragésimo aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco es motivo este año de que la Universidad de Barcelona revisite este régimen represor a través del programa de actividades Franco 40/40: el franquismo en cuarentena, que abarcará muchas disciplinas diversas, como el cine, el arte y las actividades académicas.

 

UB / La Universidad, que ahora analiza la política y la sociedad franquistas con cuarenta años de perspectiva, también fue una de las instituciones coetáneas de la dictadura y la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975. Entonces, con más de 45.000 estudiantes y unos 2.700 miembros de personal docente e investigador, la Universidad de Barcelona vivía momentos convulsos por las protestas contra el régimen que protagonizó el alumnado y por conflictos como el del profesorado no numerario (PNN), que no pertenecía al cuerpo del funcionariado y denunciaba sus condiciones laborales.

Huelga de personal no docente del año 1976. Fotografía procedente del libro La Universitat de Barcelona. Libertas perfundet omnia luce. 1450.
Huelga de personal no docente del año 1976. Fotografía procedente del libro La Universitat de Barcelona. Libertas perfundet omnia luce. 1450.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, la Universidad tenía 45.147 estudiantes en el curso 1975-1976, repartidos entre las facultades de Filosofía y Letras —que con 15.167 estudiantes era la mayor—; Economía y Empresa, con 5.589; Derecho (6.589); Ciencias (6.220); Farmacia (4.125) y Medicina (6.478). En aquella época, la Universidad de Barcelona acababa de vivir un período de crecimiento intensísimo, reflejado en las nuevas facultades, en lo que ahora es el campus de la Diagonal.

Desde la segunda mitad de los 60 a los primeros años de los 70, se produjo un incremento de más de un 400 % de estudiantes, y ello a pesar de que en estos años se fundan la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Politécnica de Barcelona (actual UPC), de forma que los universitarios no se concentraban solo en la Universidad de Barcelona.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad —cuando más del 60 % del alumnado son mujeres—, en aquel momento había mayoría de estudiantes del sexo masculino: en el curso 1976-1977, por cada 100 mujeres estudiantes había 121 hombres. En cuanto al profesorado, según datos del curso 1977-1978, en la Universidad de Barcelona había 2.606 docentes, de los cuales 221 eran catedráticos.
El colectivo mayoritario era el de los profesores ayudantes, con 908 personas, seguido por los encargados de curso (795), los adjuntos (524) y los agregados (145).
.
Gobierno universitario
Cuando murió Franco, el rector de la Universidad de Barcelona era el economista Fabian Estapé, que estaba en su segundo mandato al frente de la institución. Estapé había sustituido a Jorge Carreras Llansana, que solo estuvo algo más de un año en el cargo y que había sido designado —como entonces sucedía con todos los rectores— desde el Gobierno de Madrid. La designación de Estapé como rector fue la primera que se llevó a cabo mediante un proceso distinto: el Ministerio de Educación tuvo igualmente la última palabra sobre quién ocupaba el cargo; pero escogió entre tres candidatos propuestos por la misma Universidad. En su libro de memorias, De tots colors (Edicions 62), Estapé explica que nombró a los siguientes vicerrectores para llevar adelante el gobierno de la Universidad: Josep Maria Gil Vernet, Francesc Gomà, Gabriel Oliver, Manuel Puigcerver y Jaume Gallego.
.
Como explica el profesor de Historia Contemporánea de la UB Carles Santacana en La Universitat de Barcelona. Libertas perfundet Omnia Luce. 1450 (Publicacions i Edicions de la UB), «Estapé quería aprovechar el margen que daban los estatutos de la UB para empezar a hacer más participativa la gestión universitaria, a pesar de las limitaciones que imponía aún el régimen franquista»; de modo que estableció medidas como instaurar una representación más amplia en la Junta de Gobierno. «Estas medidas significaban un revulsivo muy importante», afirma Santacana, y «muchos de los catedráticos más veteranos no veían con buenos ojos un proceso de estas características, que les hacía perder buena parte del poder que habían tenido».
.
Cada mañana, llamada a la policía

En sus memorias, el rector Estapé explica que uno de los aspectos desagradables del trabajo de rector era tener que llamar cada mañana a primera hora al jefe superior de policía para saber cuántos estudiantes habían detenido la noche anterior

En todo caso, la Universidad que existe en 1975 es un foco de protestas. También en sus memorias, el rector Estapé explica que uno de los aspectos desagradables del trabajo de rector era tener que llamar cada mañana a primera hora al jefe superior de policía para saber cuántos estudiantes habían detenido la noche anterior. Según el profesor Santacana, «tras la Capuchinada, la vida universitaria dio un giro definitivo. Los estudiantes habían roto definitivamente y habían abatido las estructuras oficiales». La constante conflictividad política de finales del régimen franquista en la Universidad se unía a las demandas de los profesores no numerarios, que protagonizaron importantes paradas académicas durante el año 1975. Santacana concluye que en este conflicto de los PNN «convergían los dos grandes problemas que vivía la Universidad en ese momento: el político y el del crecimiento acelerado de la institución». Relacionadas con el problema del crecimiento, en 1975 también se produjeron numerosas protestas contra las pruebas de selectividad para los estudiantes de COU, que se denunciaron como una forma de reducir el número de estudiantes universitarios.
En abril de 1975 se celebró en la Universidad de Barcelona la primera Junta de Gobierno con la nueva composición que había impulsado el rector Estapé. La nueva sensibilidad de la junta supuso, entre otras cuestiones, que se propusiera como doctor honoris causa al lingüista Francesc de Borja Moll, de significación catalanista, y que se crearan comisiones para vincular la Universidad al naciente Congreso de Cultura Catalana.  Todo ello en una Universidad en la que un 33 % del alumnado no escribía en catalán, según datos de una encuesta del curso 1977-1978.
.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí