Recreación artística del observatorio IUE / Imagen: ESA

Se cumplen 40 años del lanzamiento del IUE, el primer observatorio espacial moderno

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El primer telescopio espacial a disposición de los astrónomos de todo el mundo, capaz de observar en una longitud de onda prácticamente inexplorada hasta entonces, habría cumplido estos días 40 años. El  International Ultraviolet Explorer (IUE) fue el primero que logró identificar la estrella progenitora de una supernova, que descubrió vientos de alta velocidad en otras estrellas que no eran el Sol, que permitió a los astrónomos hacer ciencia en tiempo real y que puso los cimientos de lo que hoy ha terminado siendo ESAC.

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ESA /  Ésos son sólo algunos de los logros de IUE (International Ultraviolet Explorer), un observatorio espacial en ultravioleta de cuyo lanzamiento se cumplen 40 años.

Esta misión conjunta de la ESA,la NASA y el Science Research Council del Reino Unido, proporcionando información espectral de la luz ultravioleta de los objetos del cosmos, abrió para los astrónomos el campo de la astronomía en esta longitud de onda, que estaba dando sus primeros pasos a finales de los 70, y que permitió a los investigadores asomarse a los agujeros negros en los núcleos de galaxias activas, a estudiar de otra manera los remanentes de supernova y hasta los cuerpos de nuestro Sistema Solar. Ha sido uno de los observatorios espaciales más longevos, funcionando casi ininterrumpidamente entre 1978 y 1996, superando en 14 años los 5 de vida media previstos por sus responsables.

Ha sido uno de los observatorios espaciales más longevos, funcionando casi sin descanso entre 1978 y 1996, superando en 14 años los 5 de vida media previstos

IUE fue descrito familiarmente por el astrofísico Freeman Dyson como un telescopio con “un pequeño espejo de medio metro que está en el espacio, pasando desapercibido para el público, pero dando maravillosos resultados”. Entre esos resultados figuran el descubrimiento de las auroras de Júpiter, la observación del impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 contra el planeta gigante en 1994,  o la detección y medida  de los cambios que experimenta la emisión de vapor de agua de los cometas; IUE vio la supernova SN 1987A  tan solo unas horas después de que se produjera, haciendo un seguimiento de su evolución a lo largo de los años e identificando su estrella progenitora; descubrió también el halo de la Vía Láctea y  sus observaciones repetidas del Cuásar Gemelo facilitaron la medición de la constante de Hubble.

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Un nuevo universo

IUE mostró a los astrónomos que el Universo era un lugar muy dinámico y fue él mismo un observatorio dinámico, que evolucionó en paralelo a la ciencia y la técnica en las dos décadas en que estuvo activa. Por ejemplo, realizó las  primeras monitorizaciones intensivas de la emisión de estrellas binarias y jugó un papel esencial en el establecimiento de grandes colaboraciones internacionales pioneras en estudios en diferentes bandas de frecuencia, en las que IUE lideró campañas de observación coordinando telescopios tanto en espacio como en tierra.

El IUE jugó un papel esencial al establecer grandes colaboraciones internacionales pioneras, liderando campañas de observación coordinada en espacio y en tierra

Sin embargo, el legado de esta misión no se queda en sus descubrimientos científicos. María Santos-Lleo, Jefe de soporte científico de XMM-Newton, recuerda que IUE “fue el pionero de los archivos científicos, con el primer archivo abierto a toda la comunidad y accesible on-line”. Algo que actualmente es una práctica muy común, era toda una novedad en la década de los 80.  Ese archivo, desarrollado por el Observatorio IUE de la ESA, fue transferido al final de los 90 a distintos centros internacionales y la responsabilidad de su mantenimiento futuro cedida al entonces LAEFF situado en VILSPA, actualmente Centro de Astrobiologia (CSIC-INTA) en ESAC y donde sigue abierto hoy en día . “Los espectros del archivo, listos para ser utilizados, siguen siendo estudiados y publicados en artículos hoy en día”, apunta María. El archivo contiene más de 110.000 espectros de diferentes objetos estudiados por IUE.
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La comunidad de IUE

“IUE fue el primer observatorio moderno, toda la comunidad lo conocía, y por ello fue crucial como la semilla de lo que hoy es ESAC”, apunta María. La Estación de Seguimiento de Satélites VILSPA, que es el germen de ESAC, era el lugar donde se centralizaban las observaciones de IUE durante al menos 1/3 del tiempo (todo el tiempo en su último año),  y el éxito de la misión contribuyó a situar a VILSPA en el mapa. Willem Wamsteker, último director del Observatorio IUE, apuntaba en 1996 que “antes de que se lanzara IUE, nadie en la comunidad científica había oído jamás hablar de Villafranca. Ahora, todos conocen dónde está y qué es. El que sea reconocida en un plazo tan corto, pues 18 años son muy pocos para establecer la reputación de un observatorio científico, no hubiera sido posible sin los esfuerzos de todos los que trabajaron ahí”.

Y la experiencia de IUE también fue muy importante para la creación del programa de estudiantes en prácticas de ESAC. Así lo explica María Santos-Lleo: “son muchísimos los estudiantes que pasaron por aquí durante los años de IUE a hacer sus tesis doctorales o a utilizar las instalaciones que el observatorio siempre puso a su disposición, y que fue el germen del programa de prácticas de estudios actual”.

Gracias a la destreza de los ingenieros que adaptaron sus sistemas de control y apuntado, IUE consiguió superar los fallos sucesivos de cinco de sus seis giroscopios. Su final tuvo lugar cuando, el 30 de septiembre de 1996,  deliberadamente se dejó salir la hidracina que todavía quedaba en su tanque de combustible, se descargaron sus baterías y se apagó el transmisor. Los pasos que dio a la hora de poner los cimientos de las operaciones actuales de los observatorios astronómicos de la ESA todavía perduran.

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