70 aniversario de la liberación de Auschwitz

Entrevista publicada por la Universidad de Alcalá / Las fotos del campo de concentración han sido realizadas por Elena Gómez de Agüero

Una tragedia todavía por conocer

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Estos días se conmemora el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz. En esta entrevista,los profesores del Departamento de Filología Moderna Luisa Juárez y Georg Pichler analizan qué supuso para el mundo el Holocausto.

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Luisa Juárez y Georg Pichler / UAH
Luisa Juárez y Georg Pichler / UAH

UAH / Tal como señala el profesor de Filología Alemana Georg Pichler, ante los avances del ‘ejército rojo’ los alemanes abandonaron Auschwitz entre el 17 y 18 de enero de 1945. No lo hicieron solos, se llevaron consigo a unos 60.000 prisioneros. Gran parte de ellos murieron en las denominadas ‘marchas de la muerte’, por el frío o ejecutados. Para los que lograron evitar estas marchas y se quedaron en el campo, ‘vivieron unos días muy extraños ya que los soviéticos no llegaron hasta el día 27, y ellos, sin saber qué estaba ocurriendo a su alrededor, se quedaron allí, tratando de sobrevivir a pesar del frío de 20 grado bajo cero, la escasez de comida y su debilidad física’.

Pichler recomienda los libros de Primo Levi para conocer qué ocurrió en aquellos días de turbulencias, y responde junto a Luisa Juárez, profesora de Filología Inglesa, a algunas de las preguntas que en estos días vuelven a la memoria de la historia.

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¿Cómo impactó al mundo esta liberación en el momento en que se produjo? ¿Cambió la concepción sobre la Alemania nazi?

Georg Pichler: En aquel momento el impacto fue mínimo. Los aliados sabían desde hacía tiempo de la existencia de los campos de concentración nazi, pero hicieron bastante poco para ayudar o liberar a los presos. Les pareció más importante ganar la guerra.
En general, pasaron varias décadas hasta que el Holocausto se convirtió en un tema de transcendencia universal. Hubo investigaciones, juicios bastante espectaculares –basta con recordar el juicio a Eichmann en Israel o los juicios de Frankfurt en Alemania en los años sesenta–, pero hasta los años setenta el Holocausto, o la Shoah, como prefieren denominarlo los judíos, no llegó a lo que se puede llamar ‘conciencia social mundial’. Hasta hoy hay muchas facetas que se desconocen. ¿Cuántos españoles saben realmente algo acerca de los 9.000 republicanos españoles que estuvieron en varios campos de concentración alemanes, sobre todo en el de Mauthausen?
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Además de la documentación histórica, ha habido numerosas manifestaciones artísticas referidas al Holocausto ¿se ha contado bien la historia a través de la literatura y el cine?

Luisa Juárez: Desde que Theodor Adorno afirmase en 1949 que escribir poesía después de Auschwitz es una aberración, historiadores y críticos han debatido si el arte puede y debe representar los hechos históricos que se conocen como Holocausto. Este debate agrio y obstinado no ha conseguido silenciar a los artistas, que han indagado en sus obras acerca de la perversión de los campos; ni tampoco ha callado a los promotores de premios literarios y espectáculos culturales, que han explotado el sufrimiento de las victimas del nazismo.

Campo de concentración de
Campo de concentración de Auschwitz

Los primeros testimonios surgieron de un imperativo moral por dejar constancia de lo vivido en los campos, unas experiencias tan extremas que los testigos hubieron de batallar con las formas literarias y el lenguaje para poder plasmar su memoria por medio de la escritura.

Los escritos autobiográficos de Primo Levi, Elie Wiesel, Charlotte Delbo, Imre Kertész o Jorge Semprún poseen una fortísima carga literaria, pero su importancia es que constituyen esencialmente testimonios del horror bajo el yugo nazi. Hoy día existe un género narrativo y cinematográfico de ficción sobre el Holocausto de gran éxito editorial y de taquilla, pero ¿son estas obras representaciones de la Shoa histórica y éticamente válidas? Habría que analizar cada una de ellas, pero pondré un par de ejemplos que pueden servir para ilustrar dos posturas del creador frente al Holocausto: la novelita del irlandés John Boyne, ‘El niño con el pijama de rayas’, enorme éxito de ventas, aunque de discutible valor literario, ético o histórico; la obra teatral ’Himmelweg’, de Juan Mayorga, menos conocida y accesible, quizá, para el gran público, pero de mayor perspicacia en su retrato del mal en los campos de concentración.

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¿Hay un patrón de comportamiento o de personalidad que identifique a los supervivientes de Auschwitz?

Luisa Juárez: Creo que no. Las pesadillas son individuales, y cada superviviente tuvo que enfrentarse a las suyas. Hubo bastantes suicidios –Primo Levi, Jean Améry, por ejemplo–, pero realmente no existe un patrón común. Los prisioneros pertenecían a todas las clases sociales, tenían diferentes ideologías, creencias, experiencias y reaccionaron de manera distinta.

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Se habla de la deshumanización del Holocausto y alienación de sus prisioneros, pero publicaciones y testimonios de los últimos años hacen referencia a la conservación de los principios morales y la naturaleza humana de los retenidos, ¿eran habituales los amotinamientos o la solidaridad entre los prisioneros?

Luisa Juárez: Creo que las generalizaciones sobre el comportamiento de los prisioneros suelen conducir al error de querer encontrar una lógica donde no existía la razón. Los testimonios cuentan casos de amistad y apoyo entre los internos, y también de crueldad e indiferencia. Y todos ellos coinciden en que fue el azar, más que ninguna ley interna del campo, lo que determinaba la supervivencia de unos, y el asesinato de otros. Respecto al tema de la pérdida de dignidad humana, la filosofía del Holocausto muestra que fueron los verdugos quienes, en su empeño por denigrar a las víctimas, perdieron cualquier atisbo de moralidad y cayeron en la degradación más absoluta.

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Analizando los conflictos bélicos y políticos actuales, ¿podría volver a producirse un acontecimiento similar en el momento actual?

Georg Pichler: En los años ochenta hubo un debate académico en Alemania sobre la ‘singularidad’ del Holocausto. Historiadores conservadores querían reducir su carga política, social y semántica equiparándolo con el Gulag soviético, el sistema de campos rusos. Pero el Holocausto como tal ha sido único, por la perversa industrialización de la muerte que supuso y por sus circunstancias históricas. Desde entonces ha habido muchos genocidios, en Asia, América Latina, en Oriente Próximo, en Ruanda o en la extinta Yugoslavia, y desgraciadamente siguen existiendo en estos momentos, pero en mi opinión es equivocado denominarlos holocausto. No se pueden comparar ni las dimensiones ni la situación social o política. Además, la comparación no aporta nada dado que se trata de acontecimientos históricos muy diversos. Las comparaciones vacían de significado el término y lo banalizan hasta cierto punto.

 

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