Pisos del Neógeno continental en la Cordillera Ibérica

Reconstrucción paleoecológica del Turoliense de Concud (Teruel). / Ilustración de Mauricio Antón

Valor patrimonial y socioeducativo de los pisos neógenos continentales definidos en la depresión geológica “Calatayud-Teruel”

 

En la Cordillera Ibérica han sido descubiertos durante las últimas décadas abundantes e importantes yacimientos paleontológicos en sus materiales estratificados del Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. El variado registro fósil allí registrado y estudiado, de numerosos grupos faunísticos y florísticos, ha incrementado considerablemente  el conocimiento de la vida de los últimos 500 millones de años.

 

Enrique Gil Bazán. Doctor en Paleontología.

Es en este contexto donde destaca especialmente  la información obtenida del estudio de fósiles de mamíferos de la era Terciaria, en especial de los casi 25 millones de años finales (ma) correspondientes al Neógeno, con los que se han podido reconstruir  con mucha exactitud los entornos ambientales que se han sucedido en el tiempo desde entonces.

Se exponen aquí los principales criterios geológicos y paleontológicos utilizados en la definición oficial de cuatro pisos estratigráficos de la Escala Cronoestratigráfica Internacional (Rambliense, Aragoniense, Turoliense, y Alfambriense), en depósitos continentales de varias comarcas aragonesas en la depresión Calatayud-Teruel. Además se exponen criterios de valoración y  reconocimiento social de este hecho, cuya importancia debe suponer la proyección en todos los niveles educativos con el fin de asentar el adecuado e imprescindible respeto a todas las intervenciones paleontológicas hechas por profesionales ante el hallazgo de cualquier registro paleontológico.

 

Contexto geológico y paleontológico de la depresión Calatayud-Teruel

Esta depresión geológica se halla situada entre las ramas aragonesa y castellana de la Cordillera Ibérica, y se divide en dos  segmentos bien diferenciados: el tramo “Calatayud-Daroca”, y el  “Alfambra-Teruel-Ademuz”. Su origen está relacionado con la formación del conjunto de la Cordillera Ibérica por una importante deformación tectónica desarrollada durante la Orogenia Alpina desde finales del Cretácico hasta el Oligoceno, es decir,  entre 70 millones de años (ma)  y 30 ma aproximadamente. Durante ese tiempo se generan, casi paralelas, las dos alineaciones montañosas de dirección NO-SE, que se corresponden con las ramas “aragonesa” y “castellana” de la cordillera, produciendo una depresión entre ellas que se colmata de sedimentos procedentes de las mismas por sucesivos procesos erosivos. (Alcalá, L. et al., 2000).

Fig 1.- Mapa geológico de la Península Ibérica y Baleares (Vera, J, A. Ed., 2004). La Depresión Calatayud-Teruel, de dirección NO-SE, se corresponde con la cuenca cenozoica interna de la Cordillera Ibérica. 

Aunque casi todo este relleno sedimentario es de edad terciaria, los materiales y pisos estratigráficos en ellas representados no se distribuyen por igual a lo largo de la depresión. A grandes rasgos, los episodios de depósito correspondientes a la parte inicial y media del Mioceno (entre 25 y 15 ma) son los que principalmente afloran en  el tramo Calatayud-Daroca, siendo los depósitos del Neógeno superior (entre 10 y 6 ma) los que se registran en  el tramo Alfambra-Teruel-Ademuz.

Es en estos depósitos donde se han podido definir, especialmente en base a su gran contenido fósil de macro y micromamíferos, cuatro pisos continentales que son recogidos en la Escala Cronoestratigráfica Internacional y que llevan nombre de procedencia aragonesa: Rambliense, Aragoniense, Turoliense, y Alfambriense (Fig. 1 y 2).

Describimos aquí brevemente los datos y criterios geológicos y paleontológicos utilizados para su definición.

 

Rambliense

Se define en 1987 por Daams et al. en las secciones estratigráficas terciarias de los alrededores de Calamocha (Teruel), estando la sección tipo en el Arroyo del Ramblar, junto a Navarrete del Río, de donde deriva su nombre, y se hace en función de la abundancia de algunos taxones de roedores. El límite inferior se determina por la aparición del género de roedor Ligerimys, siendo su límite superior el marcado por la aparición regular del cricétido Democricetodon. Así mismo, a mediados del Rambliense se detecta la primera aparición del macromamífero Anchitherium.

 

Aragoniense

Aunque definido inicialmente por Daams et al.  en 1977, con el estudio y definición del Rambliense  en 1987 (Damms et al., 1987) se redefinió  con otros criterios paleontológicos diferentes, basándose en la presencia en el registro fósil de los primeros micromamíferos cricétidos modernos. Su límite superior, que coincide con el inicio del Vallesiense, piso definido en la Cuenca del Vallés, en Barcelona, se define por la presencia de la primera aparición de Hipparion, un perisodáctilo de aspecto semejante al caballo, aunque de pequeño tamaño.

La sección tipo del Aragoniense está en la Rambla de Vargas, junto a la localidad zaragozana de Villafeliche, en una sucesión de depósitos que se encuentran en posición discordante sobre materiales muy deformados tectónicamente de edad cámbrica.

Fig.2.- Distribución cronoestratigráfica de los pisos continentales del Neógeno. En negrita se señalan los pisos de toponimia aragonesa. Los números indican, aproximadamente y en millones de años, el inicio deducido para cada piso al que acompañan. Gráfico: E. Gil.

 

Turoliense

Las asociaciones de macromamíferos hallados en numerosos yacimientos de los alrededores de la ciudad de Teruel  sirvieron como base para definir el piso Turoliense, siendo de referencia obligada en el contexto internacional paleontológico los yacimientos de El Arquillo y Los Mansuetos. Hasta el límite inferior del Turoliense llega la biozona (acrozona)  del roedor múrido Parapodemus lugdunensis,  y encontramos junto al équido Hipparion jiráfidos y el último rinoceronte gregario registrado, perteneciendo como es el Alicornops. En cuanto al Turoliense medio comprende la biozona de otro múrido, como Parapodemus barbarae, junto a la presencia, además, de Occitanomys adroveri, una de las especies de roedores neógenos dedicadas al ya fallecido hermano de La Salle, Rafael Adrover, muy conocido y querido en Teruel. Otros restos fósiles de taxones de hiénidos, félidos, proboscídeos  y cérvidos completan, junto a Hipparion concudense del Cerro de la Garita de Concud, la fauna más representativa y significativa de este episodio medio del Turoliense. Las zonas del roedor  Stephanomys ramblensis comprenden la mayor parte del Turoliense superior. Además, varios tipos de carnívoros como mustélidos y félidos caracterizan este periodo final, junto con tres especies de Hipparion, registrándose una importante sustitución de especies de micromamíferos en la paleobiocenosis.

Depósitos de edad Turoliense se encuentran en las dos áreas diferenciadas de la cuenca Calatayud-Teruel- Ademuz, aunque con diferente soporte litológico. En el tramo Calatayud-Teruel el Turoliense se determina en depósitos fluviolacustres carbonatados, con escasez de yacimientos de fósiles, mientras que en el tramo Alfambra-Teruel, son abundantes los depósitos de carbonatos palustres, margas con materia orgánica abundante,  y terrígenos aluviales.

 

 Alfambriense    

La definición del Alfambriense, como forma local de denominar al Rusciniense, se realizó en 1990 por varios investigadores (Moissenet, E. et al.), y  se hizo en relación con la abundante presencia de micromamíferos, como varias  especies del género Ruscinomys,  y de roedores arvicólidos  como Dolomys adroveri y Mimomys vandermeuleni, además de otras especies de macromamíferos pertenecientes a hiénidos, una especie grácil de perisodáctilo équido, como es  Hipparion fissurae, y un rinoceronte de gran talla del género Stephanorhinus. En las dos zonas de la depresión ibérica se identifican depósitos del Alfambriense, aunque es especialmente significativa en el área de  las localidades de Orrios y Villalba Alta, al norte de la ciudad de Teruel, donde se manifiestan con mayores espesores sus secciones estratigráficas, lo que facilitó su estudio y definición de este piso en la zona.

 

Valoración patrimonial y socioeducativa

Al margen de la información técnica de tipo geológico y paleontológico que anteriormente se ha expuesto, es necesario resaltar la gran importancia que la Escala Cronoestratigráfica Internacional, utilizada por investigadores de todo el planeta, contenga y articule datos cronoestratigráficos, de referencia global para los últimos 25 millones de años, usando los datos obtenidos en esas zonas aragonesas, tan próximas entre sí,  y en depósitos de la depresión Calatayud-Teruel.

Es bien conocida, al menos mediáticamente, la “riqueza paleontológica” de la provincia de Teruel, que se ha basado tradicionalmente en el estudio del registro fosilífero de invertebrados marinos, sobre todo moluscos, y en especial de ammonoideos y bivalvos. Sin embargo, en los últimos años se han desarrollado muchas actividades socioeducativas encaminadas a  la divulgación paleontológica  gracias al impulso generado por la institución Dinópolis, con sede en la capital turolense, que junto a sus cinco subsedes, han dado especial relevancia a restos fósiles de dinosaurios, los cuales han servido de revulsivo social al seguir la estela del interés generado por esos organismos  en conocidas producciones cinematográficas,  y a lo que se añade la espectacularidad de los hallazgos de restos fósiles reptilianos en otras localidades aragonesas como Riodeva y Ariño (Teruel).

Pero uno de los principales patrimonios paleontológicos de la zona, menos conocidos por muchos, radica en los muy abundantes e importantes yacimientos de mamíferos fósiles, que  profundamente estudiados, sobre todo por investigadores españoles, holandeses y franceses, han servido como soporte científico del reconocimiento paleontológico  a nivel mundial de la zona. Si se contemplan las salas del Museo Aragonés de Paleontología, en Dinópolis, o las del Museo de La Salle, también en Teruel, muchos aficionados y visitantes descubren con asombro que la mayoría de los fósiles expuestos allí no son de grandes reptiles, sino de mamíferos. Por ello resulta necesaria una puesta en valor de estos registros paleontológicos, que solo con un empeño divulgativo eficaz puede permitir un mayor  conocimiento popular del impresionante y valiosísimo patrimonio natural que se halla en nuestro subsuelo más próximo.

Ese conocimiento puede ayudar a incrementar el debido respeto y comprensión en relación a cómo debe ser la adecuada extracción de  restos fósiles, que debe ser realizada  solo por  personal cualificado. De esa manera puede garantizarse la conservación y estudio de restos que pudieran localizarse en un futuro  en cualquiera de los depósitos sedimentarios de las diferentes áreas de la depresión Calatayud-Teruel. La alta densidad de yacimientos paleontológicos de mamíferos en los depósitos de esta depresión hace que la  probabilidad de localizar allí un yacimiento  sea mucho más alta que en otras zonas peninsulares con depósitos de edad similar.

Sin merma del interés, indagación y búsqueda de restos por el aficcionado concienciado,  es prioritaria una recomendación social proveniente sobre todo del ámbito educativo que enfatice aún más la necesidad  social de aceptar y comprender que se requiera una auténtica  profesionalidad en las actuaciones paleontológicas. Además, la vertiente didáctica y formativa de los museos paleontológicos debe, a nuestro juicio, revisarse y actualizarse para servir tanto como impulso geoturístico de su área de influencia, como de verdadero eslabón de enlace entre el mundo científico y una sociedad cada vez más necesitada y concienzada con el conocimiento de sus orígenes y del pasado biológico de la Tierra.

Referencias bibliográfica:
Alcalá, L;  Alonso-Zarza, A.M.; Alvarez Sierra, M.A.; Azanza, B.; Calvo, J. P.; Cañaveras, J.C. ; van Dams, J.A.; Garcés, M.; Krijgsman, W.; van der Meulen, A.J.; Morales, J.; Peláez-Campomanes, P.; Pérez González, A.; SánchezMoral , S.; Sancho, R.; y Sanz Rubio, E. (2000). El registro sedimentario y faunístico de las cuencas de Calatayud-Daroca y Teruel. Evolución paleoambiental y paleoclimática durante el Neógeno. Rev. Soc. Geol.España, 13(2), 2000,  págs. 323- 343

Daams, R., Freudenthal, M. y Weerd, A. van der (1977): Aragonian, a new Stage for continental deposits of Miocene age. Newsl. Stratgr., 6 (1): págs. 42-55.

Daams, R., Freudenthal, M. y Alvarez Sierra, M. A. (1987): Ramblian, a new Stage for continental deposits of Early Miocene age. Geol. Mijnbow, 65: págs. 297-308.

Moissenet, E., Lindsay, E., Mein, P., Opdyke, N, y Pérez González, A. (1990): The Alfambrian: a new continental stage for the Pliocene formations of Teruel Basin. Biostratigraphy, magnetostratigraphy, referenced sections. IX Congress R.C.M.N.S. Barcelona, Abstracts, págs. 245-246.

Vera, J. A. Ed. 2004. Geología de España. Sociedad Geológica de España. 884 págs.

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