Abdicación de Eduardo VIII de Inglaterra

Eduardo VIII del Reino Unido / Wikimedia

Tal día como hoy… 10 de diciembre de 1936 , abdicaba el rey de Inglaterra, Eduardo VIII

 

El 10 de diciembre de 1936, en Londres, el rey de Inglaterra, Eduardo VIII, abdicaba de la Corona del Reino Unido y anunciaba su intención de casarse con una «plebeya» norteamericana divorciada, Wallis Simpson. Había reinado solo durante 326 días y su abdicación creó una grave crisis institucional en Gran Bretaña.

 

CV / Edward Albert Christian George Andrew Patrick David of Windsor era hijo de Jorge V, nieto de Eduardo VII y biznieto de la reina Victoria. Había accedido al trono británico como Eduardo VIII y desde un primer momento no fue bien visto por amplios sectores. Se había dicho de él, tanto que era un mujeriego compulsivo, que había protagonizado numerosos romances que dieron pábulo a los mentideros de la Corte en los años veinte, como que era impotente. En realidad, que se hubiera comportado como un dandy o un playboy no era nada extraordinario entre la realeza británica. Su propio abuelo, Eduardo VII había sido un reputado calavera toda su vida.

Al parecer, Eduardo adquiría una fuerte dependencia emocional en sus romances que, además, solía tener con mujeres de mayor edad que él

El problema era de otra índole. Al parecer, Eduardo adquiría una fuerte dependencia emocional en sus romances que, además, solía tener con mujeres de mayor edad que él. Y esto ya no estaba tan bien visto, al no tener por su parte la menor intención de poner sordina a sus notorias aventuras. Ya como rey, anunció su intención de casarse con una mujer norteamericana divorciada, Wallis Simpson, de origen plebeyo. Además, se había hecho amante de Eduardo en 1934, durante su segundo matrimonio con un consignatario marítimo. Y no es que esto estuviera muy mal visto tratándose, como se trataba, de un miembro de la realeza británica. Pero que se divorciara de nuevo y que entonces Eduardo anunciara su intención de casarse con ella, esto fue la gota que colmó el vaso…

O no, porque se han apuntado otras razones que le forzaron a abdicar, siendo en todo caso su proyectada boda con una plebeya el pretexto de que se sirvieron todos, incluido el propio Eduardo VIII, dándole así los ribetes románticos de una abdicación por amor a lo que en realidad fue una abdicación política.

Se sabía que simpatizaba con Adolf Hitler y que se había caracterizado por emitir opiniones más que inconvenientes en alguien destinado a llevar la corona del Imperio británico

Está claro que en una monarquía victoriana el matrimonio de un rey con una plebeya –divorciada o no- no entraba en ningún posible cálculo. Pero más allá de esto, lo cierto es que la frivolidad de Eduardo VIII no se limitaba a sus escarceos amorosos, sino también a sus concepciones políticas. Se sabía que simpatizaba con Adolf Hitler y que se había caracterizado por emitir opiniones más que inconvenientes en alguien destinado a llevar la corona del Imperio británico. Como siempre, lo importante en estos casos no era tanto lo que podía pensar, sino lo que se decía. Y él no se lo callaba.

Wallis Simpson en 1936 / Wikimedia

Como ejemplo, digamos que después de un viaje a Australia como príncipe, había declarado públicamente que los indígenas australianos eran la forma más repugnante de seres vivos que había visto, añadiendo que parecían monos. Manifestaciones parecidas había hecho con respecto a los negros, a los indios… todos ellos, al fin y al cabo, súbditos del Imperio.

Sus afinidades con Hitler y con Mussolini también eran, por otro lado, más que inquietantes. En la Inglaterra de los años treinta, con la I Guerra Mundial todavía reciente y con la segunda que se anunciaba, un rey pronazi no era precisamente lo más deseable. Y menos aún que se ciscara públicamente en unos súbditos a los que les iba a corresponder hacer de carne de cañón en el conflicto que se avecinaba. De modo que el anuncio de su abdicación por amor le vino muy bien a todo el mundo.

Después la guerra, el matrimonio vivió entre París, Mónaco y Nueva York, como una celebridad menor y dedicándose a la dolce vita

Tras su abdicación, Eduardo VIII conservó el título de Duque de Windsor y fue sucedido por su hermano, Jorge VI. Se casó con Wallis Simpson y realizó un viaje por la Alemania nazi en 1937. Durante la II Guerra Mundial, sus notorias simpatías nazis aconsejaron a Churchill a destinarle como gobernador de las Bahamas. Después la guerra, el matrimonio vivió entre París, Mónaco y Nueva York, como una celebridad menor y dedicándose a la dolce vita. Parece ser que se dedicó al comercio ilegal de divisas, redondeando así los ingresos de su asignación como miembro de la realeza. Siempre mantuvo una relación fría y distante con la familia real.

Eduardo VIII murió en París en 1972, a los 77 años de edad. Wallis Simpson, su esposa, murió también en París, en 1984, a los 89 años de edad.

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