Abdicación del papa Celestino V

Pintura del papa celestino V de 1294 / Wikimedia

Tal día como hoy… 13 de diciembre de 1294, el papa Celestino V abdicaba voluntariamente

 

El 13 de diciembre de 1294, el papa Celestino V abdicaba voluntariamente de su pontificado 159 días después de haber sido elegido, alegando enfermedad y falta de conocimientos, a la vez que anunciaba la decisión de volver a su anterior vida de monje asceta. Fue el primer caso de papa que dejaba el solio papal en vida. Y no le fue muy bien…

 

CV / Había habido antes papas asesinados o desposeídos de su cargo en épocas cismáticas, cómo no, pero siempre, en el primer caso, abandonaban el cargo al mismo tiempo que la vida; y, en el segundo, por ser considerados antipapas y su elección nula. Pero nunca por voluntad propia.

Algo raro debió ocurrir con el desdichado caso de la elección del bueno de Pietro Angeleri di Murrone, papa número 192 de la Iglesia católica con el nombre de Celestino V

En realidad, la cosa tiene su lógica desde la propia perspectiva eclesiástica. Se supone que el nombramiento de un papa responde a una decisión divina, ya que es el Espíritu Santo quien inspira a los cardenales que han de elegirlo. Y no puede ser una decisión equivocada porque, de serlo, habría que admitir un error divino, lo que no es aceptable; o también, acaso, que los cardenales no habían sabido interpretar la inspiración divina, lo cual, aun siendo una interpretación más mundana, les dejaría en muy mal lugar y tampoco resultaría teológicamente asumible. En ambos casos son explicaciones igualmente inaceptables desde el punto de vista del dogma católico. Pero, fuera lo que fuese, algo raro debió ocurrir con el desdichado caso de la elección del bueno de Pietro Angeleri di Murrone, papa número 192 de la Iglesia católica con el nombre de Celestino V.

Nacido hacia 1209 en Molise, al sur de los Abruzos italianos, Murrone ingresó en el convento benedictino de Santa Maria in Faifoli y mostró desde muy pronto un acusado desinterés por las cuestiones mundanas, que compensaba con una clara propensión hacia el ascetismo eremítico. Entre 1239 y 1244 vivió solo en una cueva en el monte Murrone, que le legó el nombre. Tras esta experiencia, se trasladó con dos compañeros a otra cueva similar, acaso más amplia, donde fundó la rama benedictina de la orden de los celestinos.

Entre 1239 y 1244 vivió solo en una cueva en el monte Murrone, que le legó el nombre. Tras esta experiencia, se trasladó con dos compañeros a otra cueva similar

Pero las cuestiones mundanas seguían su curso, y no parece que Murrone fuera tampoco completamente ajeno a ellas. Se sabe que había leído a Joaquín de Floris y que comulgaba con su teología de la historia. Y el caso fue que a la muerte del papa Nicolás IV en abril de 1292, las rencillas entre las «familias»  Orsini y Colonna se resolvieron eligiendo a un imprevisto tercero en discordia, el propio Pietro de Murrone. Su principal valedor fue Carlos II de Anjou, rey de Nápoles y emparentado con el rey de Francia…

Celestino V fue coronado en l’Aquila, renunció a los símbolos imperiales y estableció la sede papal en Nápoles, entrando en la ciudad montado en un asno. Su interpretación del pensamiento de Floris era que la Iglesia se encontraba en la edad del gobierno de los monjes. Y a ello se aplicó, iniciando serias reformas en la curia romana y favoreciendo a las órdenes menores. Pronto tuvo en contra a lo más granado de la curia romana, y cayó en la cuenta de que lo tenía todo en contra… Y presentó su abdicación. Sin entrar en disquisiciones teológicas,  un nuevo cónclave eligió, tras un solo día de deliberaciones, a Bonifacio VIII, cuya primera decisión fue volver a Roma. Y Celestino V, de nuevo Pietro di Murrone, se dispuso a partir para retomar su vida de asceta…

Celestino V fue coronado en l’Aquila, renunció a los símbolos imperiales y estableció la sede papal en Nápoles, entrando en la ciudad montado en un asno

Pero no se lo permitieron. El nuevo papa le ordenó que lo acompañara a Roma, celoso de su popularidad. Murrone se escapó durante el viaje y regresó a su cueva, pero fue detenido y encarcelado por desobediencia en el castillo de Fumone, en el Lacio. Allí murió el 19 de mayo de 1296, a los 87 años de edad, en circunstancias poco claras.

A instancias del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, Murrone fue canonizado en mayo de 1313 por el papa Clemente V. Digamos, como anécdota, que Dante, en su Divina Comedia, lo sitúa en el infierno reprochándole la abdicación y diciendo de él: “Así que distinguir los rostros puedo, miro con más fijeza, y vi entre varios al que la gran renuncia hizo por miedo (Inferno III, 58/60)”.

El único otro caso de papa que haya abdicado en vida es el de Benedicto XVI, que renunció en febrero de 2013 y vive en la actualidad retirado en la residencia papal de Castelgandolfo. Le ha ido mejor que al pobre Murrone.

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