ADN de Luis XVII

Luis Carlos de Borbón, más conocido como Luis XVII / Wikimedia

Tal día como hoy… 19 de abril del año 2000 se presentaba el ADN de Luis XVII

 

El 19 de abril del año 2000, los profesores Bernard Brinkmann, de la Universidad de Münster, y Jean Cassiman, de la Universidad de Lovaina, presentaban el resultado del análisis del ADN mitocondrial del corazón que permanecía custodiado en el cenotafio de Luis XVII de Francia en la basílica parisina de Saint Dennis. Su veredicto no ofreció lugar a dudas: aquel corazón había pertenecido al delfín de Francia, conocido como Luis XVII.

 

CV / Luis Carlos de Borbón había nacido en Versalles el 27 de marzo de 1785 y era el segundo hijo del rey de Francia Luis XVI y su esposa, la reina María Antonieta. Al morir su hermano mayor Luis José en 1789, y coincidiendo con el estallido de la Revolución Francesa, fue nombrado delfín de Francia a los cuatro años de edad.

Tras la derogación de la monarquía y la detención de sus padres, el niño fue encerrado en la prisión del Temple de París y puesto bajo la tutela de un zapatero jacobino, Antoine Simon. Consta que fue obligado a declarar contra su madre María Antonieta en el juicio contra ésta previa a su ejecución. Después de esto, poco más se supo.

Luis XVII en la prisión del Temple por Jacques-Emile Lafon. / © Salix / Wikimedia Commons

Oficialmente murió el 8 de junio de 1795, pero la noticia pasó desapercibida. Y surgió la leyenda. Los monárquicos lo consideraron el rey legítimo con el nombre de Luis XVII y en su nombre libraron varias batallas, pero el rey no aparecía. Se especuló con que el zapatero lo había matado de una paliza, pero también que la mujer de éste, apiadada del niño, había convencido a su marido para que lo reemplazara por otro niño.

Antoine Simon no estaba por entonces en condiciones de ratificar nada: al terror rojo le había sucedido el terror blanco de la reacción thermidoriana, y él mismo había sido guillotinado en julio de 1794, el mismo día que su idolatrado Robespierre. Y corrió el rumor según el cual Mme Simon, ya viuda, había huido con su real hijo adoptivo a América. También, ya que había sobrevivido, se especuló durante mucho tiempo con que Luis XVII tuvo descendencia.

Y como no podía ser de otra manera, proliferaron los impostores que, al cabo de un tiempo, reclamaron ser el auténtico Luis XVII. El más famoso fue un tal Karl Wilhelm Naundorff, que supo narrar con minucioso detalle su paso por la prisión del Temple y cómo consiguió escapar, llegando a convencer a Mme de Rambaud, «su» antigua institutriz, y a su supuesta hermana, la princesa María Teresa.

Según la tradición «oficiosa», el delfín había muerto en prisión de tuberculosis tras dos años de insalubre cautiverio, y había sido enterrado en una fosa común

Reinaba por entonces en Francia Luis Felipe, de la dinastía rival de los Orleans, que decidió zanjar el tema expulsándolo de Francia sin más contemplaciones. Naundorff se refugió en Holanda, donde adoptó el apellido Borbón y siguió considerándose el legítimo rey de Francia. Intentó también, sin éxito, fundar una Iglesia cismática. Murió en 1845.

Tampoco es que en el atribulado microcosmos de los monárquicos franceses interesara demasiado encontrar al rey perdido o a su supuesta descendencia. A los legitimistas les bastaba en realidad con mantenerlo en la genealogía real como Luis XVII, puesto que ya tenían a Luis XVIII y a los descendientes de Carlos X, el último borbón francés. A sus enemigos acérrimos, los orleanistas, les interesaba todavía menos, porque los deslegitimaba por completo.

Sea como fuere, en la cripta real de la basílica parisina de Saint Denis, donde reposan los reyes de Francia desde los tiempos de los merovingios, había un cenotafio –tumba sin cuerpo presente- con el nombre de Luis XVII. Según la tradición «oficiosa», el delfín había muerto en prisión de tuberculosis tras dos años de insalubre cautiverio, y había sido enterrado en una fosa común. Pero el médico de la prisión que le practicó la autopsia, consciente de la excepcionalidad del cadáver que examinó, le extirpó el corazón y lo mantuvo conservado en alcohol. Lo que no estaba claro era si la versión oficial era la oficiosa o si la oficiosa era la oficial. En definitiva, si aquel corazón era o no el de Luis XVII.

El estudio hecho público en el año 2000 disipó las dudas. Y efectivamente, el corazón del niño muerto en 1795 en la prisión del Temple perteneció una vez a Luis XVII

El estudio hecho público en el año 2000 disipó las dudas. El ADN mitocodrial se transmite de madre a hijo, y la víscera real se contrastó con los no menos reales restos del cabello de su madre, la reina María Antonieta, de los cuales se conservan muestras en varios museos y colecciones privadas del mundo, desde que se recortara un mechón que envió a su madre, la emperatriz de Austria, antes de ser ejecutada. Y efectivamente, el corazón del niño muerto en 1795 en la prisión del Temple perteneció una vez a Luis XVII. Definitivamente, el delfín de Francia murió en la cárcel del Temple.

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