¿Adoctrinar o aleccionar en el aula?

Imagen de Christian Dorn en Pixabay

He conocido profesores que sin ser imponentes adoctrinan a sus alumnos bajo el manto del colega. Recuerdo un profesor de historia en Gavà que criticaba el capitalismo en pro del comunismo. Luego se definía ante sus alumnos como anarquista. Y finalmente insinuaba estar a favor de los porros. Tal alud de mezclas ideológicas podría parecer muy progresista, pero los estudiantes necesitan más hechos contrastables que creencias cuestionables.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Ante el aula podemos adoctrinar a nuestros alumnos a favor del capitalismo, del comunismo u otra ideología, pero también podemos contrastar esos adoctrinamientos y que nuestros estudiantes elaboren con tiempo y criterio, su posición. Si leemos a Smith o a Marx convendremos que ambas teorías parecen correctas pero que su aplicación social ha conllevado problemas. Yo en mis clases de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, y al respecto de estas dos posiciones políticas, argumentaba lo siguiente a mis alumnos.

<< En el capitalismo, la posibilidad de la usura especulativa, y en el comunismo, la de la negligencia laboral, devienen sus chacras. Y es que el egoísmo humano mancilla toda buena intención teórica  >>

En mi opinión la frase anterior informa educando, pero no manipula mintiendo. Pues para el profesor de historia en Gavà, con quien compartí muchas salidas de esquí, la cosa no era así. Él defendía el adoctrinamiento ya que toda educación lo conlleva, y así les insistía a los chavales que los porros no eran malos, que no enganchaban, que su hija los había fumado y que nada malo le había ocurrido. Añadía que el hachís no era el camino a otras drogas duras. Durante las excursiones si los alumnos fumaban marihuana, mi colega miraba hacia otra parte. Además su forma de evaluar el bachillerato era del todo progre, que no con progreso, ya que sólo exigía trabajos sin examen dedicando gran parte de las clases sólo a ver películas tendenciosas. Así se proclamaba a sí mismo anarquista aunque votara a otros partidos y defendiera el comunismo ante sus alumnos, algo nada objetivo en sus clases de historia.

Su afán de protagonismo entre sus estudiantes le llevaba a mantener amistad, según él, con sus jóvenes adolescentes. Su perfil colega y cercano le llevó a liarse con una de sus alumnas veinte años más joven, ahora su mujer. En fin, que por huir del autoritarismo arcaico escolar se llegó al otro extremo de la balanza sin quedarse en el término medio, la autoridad docta y objetiva. Cuando un día me encaré con él por una alumna que fumaba marihuana atendiendo a sus doctrinas, se enfadó conmigo, puso en mi contra a dicha alumna y me retiró la palabra, algo que también había hecho con sus hermanos, padres y amigos. En fin, este profesor adoctrinaba y manipulaba a sus escolares para llenar su falta de amistades adultas. Y así cada curso repetía lo mismo hasta que se jubiló para bien de mis adolescentes y el mío propio. Sus redundancias año tras año, fueron un ajo para mis estudiantes que costó tiempo dispersar de sus mentes, y es que los docentes ajo también existen.

 

El maestro ajo

La expresión, te repites más que el ajo, es harto conocida por todos, sobre todo por quien es víctima de parejas que en su gastronomía son adictas al susodicho bulbo liliáceo, pero en el campo docente los así llamados ajos son aquellos docentes que repiten lo mismo de un alumno des de primero hasta cuarto de ESO. Cabe añadir a esos cuatro años de redundancias los cursos adicionales si el escolar repitió.

Durante mis años de docencia he conocido a muchos ajos. Su pesadez de comentarios sucede sobre todo durante las reuniones de evaluación

Durante mis años de docencia he conocido a muchos ajos. Su pesadez de comentarios sucede sobre todo durante las reuniones de evaluación. En estas se comentan las notas trimestrales de cada alumno grupo tras grupo. Al final se suele opinar sobre más de cien escolares.

–          Pues Oriol no trabaja en clase – algo que el ajo ya dijo en la reunión del trimestre anterior – ni jamás me trae los deberes terminados – algo que también comentó en todas las reuniones antecedentes a la del momento -. Además el otro día, bla, bla, bla… -. Y así cien alumnos más…

Este tipo de aportaciones culinarias del ajo alargan la reunión más allá del horario sindical, todo para darse cuenta que tal estrategia muestra igual eficacia que el Nàstic durante la liga, poca cosa gana. Repetir lo que el resto de profesores sabe sobre un alumno no mejora en absoluto ni su evaluación ni su rendimiento académico. Entonces, ¿por qué lo hace el ajo? Existen tres razones para ello. La primera ganar medallas ante dirección, la segunda mostrar ante los demás cuanto sabe, y la tercera utilizar el claustro como el diván de su psicólogo, es decir, como terapia gratuita. Profundicemos en este tercer hecho.

De primero a cuarto de ESO el ajo repite lo mismo de cada alumno como si se tratara de un mantra necesario para desahogar su ira interior. En fin, que hace perder a los demás un tiempo valioso que en nada evalúa mejor a nuestros adolescentes. Es más, condiciona y adoctrina al resto de docentes con su percepción negativa del alumno. Entonces, ¿qué tal si hablamos del escolar del trimestre abordado y no del alumno que el ajo sentenció hace cuatro cursos? Mejor informaciones con soluciones que redundancias sin más ansias. De todas formas los docentes cansinos, pocos pero pesados, lastran nuestra enseñanza. A ellos iremos en las próximas líneas.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: ¿Educar imponiendo o proponiendo? (37)

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