Adolescentes, drogas y sufridores

Imagen de Alexandra en Pixabay

¿Su hijo toma drogas? Cigarrillos, porros y alcohol son la primera puerta a las adicciones y éstas a problemas mayores. El centro educativo debe dejarles muy claro a los alumnos el riesgo que asumen al probar sustancias adictivas, incluso contra las opiniones de algunos padres que comparten el porro en el hogar.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Ante las drogas un día escuché la siguiente reflexión de un docente ante sus chavales.

<< Probar drogas conlleva un riesgo que nadie sabe prever. Hay individuos que se enganchan más que otros, existe por tanto, una predisposición genética en ello. A los primeros les resulta imposible dejar la adicción sin ayuda médica, a los segundos les cuesta menos y puede que lo consigan sin terapia alguna, pero en ambos casos, siempre, y digo siempre, vivirán con la tentación de volver a probarla si les gustó. Por lo tanto lo mejor es no probarlas ya que a vuestra edad el cerebro es muy tierno y de fácil adicción. El asunto de las dependencias es algo que nos supera a todos, tanto a jóvenes como a mayores. Opinar sobre ello significa divagar mucho pero sin tocar la llaga del asunto. Mejor escuchar a médicos próximos al tema >>

En ese momento, y conectados a Internet, cabe ponerles en la pizarra digital la opinión de un médico y experto en drogas. Este les añadía lo siguiente.

<< La enfermedad de la adicción afecta cada vez a más personas y, sobre todo, a personas más jóvenes. Somos el primer país de Europa en consumo de cocaína y cannabis, y se está entre los tres primeros en ingestión de alcohol […]. Si a un contexto neurológico joven se le suma una exposición reiterada a una sustancia, aparece fácilmente la adicción. Entorno y genética comparten responsabilidades conjuntamente. Por tanto, la mejor forma de evitar futuras adicciones es evitar el inicio del consumo, así de simple. Una vez el adolescente empieza el consumo, ya está en manos de su predisposición genética y cerebral >>

Y yo les añadía:

<< ¿Probar las drogas? Sí, pero hacedlo a los sesenta, cuando vuestra disposición genética estará bajo vuestro autocontrol mental. Y mientras, no seáis educadores permisivos ni fumadores de marihuana ante los menores. Eso les anima a hacer lo mismo y caer en adiciones irreversibles. En fin, no abráis la caja de Pandora ya que, insisto, la dependencia se potencia desde un bagaje genético heredado, no desde una determinación del destino >>

Pero lo más eficaz no es rallar a mis alumnos con tanta clase magistral sino trabajar las adicciones desde pequeño, el más vale prevenir que curar. En este sentido, y en primero de la ESO organizaba el siguiente taller sobre drogas. En medio de la clase ponía una bandeja llena de chicles y les hablaba a los chavales sobre las adicciones. Les insistía que la causa principal era el dar rienda suelta a un deseo, el no saber decir que no. Después de ofrecer ciertas informaciones sobre drogas duras y drogas blandas, sobre los porros como primer camino a otras adicciones y sobre sus consecuencias, les ofrecía la goma de mascar que los zagales ávidamente consumían. De repente les miraba sorprendido y les decía:

<< Habéis caído, sabéis que en clase no se pueden comer chicles y no habéis sabido decir que no a un deseo. Con las drogas pasa lo mismo>>

En todo ello hay que evitar que nuestros escolares sufran males evitables. Un caso en el otro extremo son los alumnos adictos a otra obsesión, que no las drogas, sino los estudios.

 

¿Su hijo sufridor?

Cuando de pequeños nuestros hijos nos dicen que la oscuridad les da miedo, a menudo les respondemos sin empatía y les mandamos de nuevo a la cama sin más, que no tengan paura, que nada les va a pasar, pero eso no resuelve su miedo, lo alimenta. De forma similar actuamos ante la frustración de un alumno al llorar o al sufrir ante un mal resultado académico, le decimos.

<< No llores, no es tan importante en la vida -, o en otras ocasiones les recriminamos -, lo ves, ya te lo dije que con esa actitud ibas a suspender >>

Imagen de karosieben en Pixabay

Ante ello hay otra alternativa, siempre y cuando el chaval sea receptivo y sepamos que pondrá de su parte, vaya que no nos estará manipulando con teatro lacrimógeno bajo el proverbio indonesio que las lágrimas son como las perlas, nunca sabes si son falsas, pues darle un apoyo para su autoestima. Si presuponemos que el chaval no nos miente, y pongo por ejemplo un alumno que temía a los exámenes y se bloqueaba con ellos, le respondía lo siguiente:

Se trata que el escolar halle sus estratagemas para reforzar su mente ante los problemas de la vida. En caso contrario lo convertiremos en una magdalena defectuosa

<< Eso es normal, a mi también me ocurría, pero estoy a tu lado para que aprendas a vencerlo. A mi también los suspensos me dolían, pero tranquilo, te ayudaré. Analicemos donde se halla el problema y pongamos solución. Pregunta más en clase o en casa, pasa los apuntes a limpio, invierte más tiempo y constancia en el estudio, pide ayuda si la necesitas, consulta un médico si lo crees oportuno… en fin, que más que preocuparte por los problemas, debes ocuparte >>

Se trata que el escolar halle sus estratagemas para reforzar su mente ante los problemas de la vida. En caso contrario lo convertiremos en una magdalena defectuosa que se deshinchará al salir del horno familiar. El gran problema no es la capacidad no tratada sino que bajo malas pedagogías, este alumno devenga inconstante. A ello vamos en el próximo apartado.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Llamarles previsibles a los adolescentes (19)

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí