Adolf Eichmann

Adolf Eichmann durante su juicio en Israel en 1061. / Créditos: Israel Government Press Office

Tal día como hoy… 31 de mayo de 1962 el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann era ejecutado

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El 31 de mayo de 1962 el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann era ejecutado en Israel tras haber sido juzgado por su participación en el Holocausto durante la II Guerra Mundial y condenado a muerte en la horca. Fue secuestrado por agentes del servicio secreto israelí en Argentina, donde vivía con una identidad falsa desde hacía años. La filósofa Hanna Arendt, que estuvo presente en el proceso, escribió a propósito del juicio ‘Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal’.

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Retrato de Adolf Eichmann en 1942, durante el cénit de su carrera en la jerarquía de la Alemania nazi. /Eichmannreferat BusStop3 2009.jpg Wikimedia

CV / El caso de Eichmann es uno más de tantos criminales nazis que después de la guerra consiguieron ocultarse y huir de Alemania, generalmente al amparo de redes clandestinas organizadas por los propios nazis para este fin. Lo singular del caso Eichmann fue su espectacular captura por los servicios secretos israelíes y el desarrollo del juicio, a lo largo del cual lo que más sorprendió a algunos, como a la propia Hanna Arendt, judía ella misma, fue que el monstruo parecía una persona normal que, además, justificaba sus acciones por la obediencia debida a sus superiores y afirmaba no tener nada personal contra los judíos.

Dentro de la jerarquía nazi, Eichmann fue un cargo intermedio de confianza que a lo máximo que llegó fue a teniente coronel de las SS. Pero de una confianza que se ganó entre sus superiores por el celo que ponía en su trabajo. Había nacido en Alemania (Solingen,1906), pero creció en Linz (Austria), donde su familia se había trasladado antes de la I Guerra Mundial. Ingresó en el partido nazi en 1932, de la mano de Ernst Kaltenbrunner –futuro sucesor de Heidrich y condenado a muerte en Nüremberg-, siendo destinado desde 1934 a la sección de asuntos judíos. En 1942 participó en la famosa conferencia de Wannsee, donde se decidió la «solución final», el exterminio sistematizado de los judíos en campos de concentración. Eichmann fue el encargado de organizar y liderar la logística de transportes del Holocausto, así como la coordinación de la deportación de los judíos y la construcción de las cámaras de gas.

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De un vecino ciego a la «Operación Garibaldi»

Tras la guerra consiguió permanecer oculto en Alemania un tiempo, hasta que en 1948 obtuvo un salvoconducto con nombre falso para emigrar a Argentina, todo ello gracias a las Ratlines -líneas de fuga- organizadas por el obispo nazi Alois Hudal. Vivió en Argentina con su familia desde 1950. La historia de su captura es una auténtica trama donde se mezclan la casualidad y la investigación.

Eichmann tenía un vecino judío ciego, Lothar Hermann, que había huido de Alemania durante el nazismo, una hija adolescente del cual trabó cierta amistad con el hijo de Eichmann. La niña le contaba al padre cosas de la casa vecina que despertaron las sospechas de Hermann.  El hombre se puso en contacto con el Mossad, pero sus agentes no dieron crédito a un ciego, hasta que la información aportada por el cazador de nazis Simon Wiesenthal les convenció y decidieron organizar su captura, que fue autorizada por el primer ministro israelí Ben Gurion. Se le llamó «Operación Garibaldi» por el nombre de la calle en que vivía Eichmann. Y se optó por el secuestro porque se sabía que Argentina no autorizaría la extradición.

Hanna Arendt mostró su propia perplejidad por haberse sorprendido de que un genocida pueda ser un padre amante o una persona de exquisita educación y sensibilidad

Tras ser capturado, Eichmann fue trasladado a Jerusalén, juzgado y condenado a muerte. Durante el juicio hubo una cierta tendencia a acusar a Israel de haber organizado un proceso mediático contra un subalterno al cual la fiscalía ponía como un auténtico monstruo, cuando en realidad parecía una persona de lo más  normal. Muchos parecieron pasar por alto, como mínimo, dos cosas. La primera, que ésta era la estrategia de la defensa, cuya obligación es la exculpación del acusado o la atenuación de su culpa. La segunda, el contraste entre la figura del asesino nazi construida en el imaginario colectivo y la imagen de un pobre hombre preso y desvalido, que humildemente afirmaba solo haber obedecido órdenes, ateniéndose a la obediencia debida sin que la cosa fuera con él.

Se ha dicho incluso que Hanna Arendt sucumbió a este «contrasíndrome» de Estocolmo, lo cual es una afirmación injusta. Lo que Hanna Arendt denunció en la banalidad del mal era precisamente esto; su propia perplejidad por haberse sorprendido de que un genocida pueda ser un padre amante o una persona de exquisita educación y sensibilidad… cuando no está matando judíos. Y también, claro, que Eichmann era uno más del engranaje, lo cual no era en modo alguno una exculpación, sino una constatación que en nada atenuaba su responsabilidad criminal.

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También un 31 de mayo se cumplen estas otras efemérides

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