Ahora los malos son las CUP

Se mire como se mire, las CUP no se lo han puesto tan difícil a Mas con su abstención / Imagen: Antonio Baños, líder de la CUP (Wikipedia)

Cup’s lesser  «NO» (Un «NO» menor)

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Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

El «NO» de las CUP no es un «no» rotundo, sino menor, matizado. En realidad es una apuesta por la neutralidad activa que no se limita a lavarse las manos, al estilo de Pilatos, sino que más bien apunta hacia un «ni quito ni pongo rey…», a lo Bertrand du Guesclin, demorando, eso sí, el subsiguiente «…pero ayudo a mi señor» y el empujoncito que entronizó a la dinastía a los Trastámara en la Castilla del siglo XIV.

Para empezar, no han dicho que votarán «no» a Mas, sino que sus diez diputados se abstendrán. Conviene recordar que si el resto de grupos hicieran lo mismo que las CUP, Mas acabaría investido presidente con la mayoría simple de sus 62 votos; el problema de Mas es que, con la excepción de las CUP, los demás grupos votarán no, y entonces es cuando el fatídico 63 a 62 se impone. Para desgracia de Mas.

Conviene recordar que si el resto de grupos hicieran lo mismo que las CUP, Mas acabaría investido presidente con la mayoría simple de sus 62 votos

En realidad, las CUP no están negando a nadie con su abstención, sino que se inhiben sin ponerle trabas al candidato de, hoy más evidente que nunca,  «Junts x Mas», facilitando tres posibles alternativas, una explícita y dos implícitas. La explícita es muy simple, que «Junts x Mas» presente otro candidato y ellos facilitarán su investidura. Las implícitas son de otro tenor. La primera es que la abstención permite a Mas sondear adhesiones en alguna otra formación para que le facilite los dos votos que necesita, por la vía de la negociación política; algo que, ciertamente, parece harto improbable. Pero queda una segunda vía como último recurso: recurrir al «tamayazo». Para ello le bastaría con comprar dos votos, mientras que de haber optado las CUP por el «no», hubiera necesitado la imposible y escandalosa cifra de once «tamayos». Precisando sólo de dos, no lo tiene tan difícil. Hay mucho despechado. Otra cosa sería, evidentemente, el a mi parecer escaso recorrido que, en las actuales circunstancias, fuera a tener una operación «Tamayo» en el truculento escenario político que es la Cataluña actual. Pero, metodológicamente hablando, no hay que descartarlo de entrada.

De modo que, se mire como se mire, las CUP no se lo han puesto tan difícil a Mas con su abstención. Hasta puede decirse que se han comportado responsablemente, al menos desde el punto de vista de su compromiso  con «el procés», y han atenuado su manifiesta hostilidad inicial, dejándole abiertas ciertas puertas. Al fin y al cabo, no deberíamos olvidar que las CUP se pasaron la campaña electoral anunciando, por activa y por pasiva, que bajo ningún concepto investirían a Mas como presidente. Otra cosa es que, en mi opinión, hayan sucumbido parcialmente a la presión que se ha ejercido sobre ellos, y se hayan posicionado tarde y mal. Pero la verdad es que no han hecho otra cosa que ratificarse en sus promesas de campaña. Lo que las CUP han venido a decir, más o menos, es lo siguiente: “Oigan, no voy a votar al candidato que ustedes me proponen, porque así lo dije anteriormente y ya expliqué mis razones. Si quieren nuestro voto, presenten a otro. Al fin y al cabo, se trata del número cuatro de su lista; además ¿no dijo el mismo Mas que él no iba a ser un problema para «el procés»? Luego ¿qué problema hay en cambiar de candidato? Háganlo y tendrán nuestro voto.”

A falta de mayorías claras, es quien se postula como presidente el que ha de generar las adhesiones necesarias para construir la mayoría requerida

En democracia parlamentaria, y se supone que Cataluña lo es, no está escrito en ningún lugar que nadie esté obligado a votar a un candidato para evitar que tenga irse para casa y convocar nuevas elecciones. Más bien todo lo contrario. A falta de mayorías claras, es quien se postula como presidente el que ha de generar las adhesiones necesarias para construir la mayoría requerida. Y si Mas no reúne tales condiciones, no es ciertamente un problema de las CUP, sino de Mas.

¿A qué viene, entonces, tanto rasgado de vestiduras entre los corifeos mediáticos afines al régimen, tanta vesania y tanto energumenismo? Desde ayer, las reacciones de los supporters mediáticos de Mas han sido más bien la propias de un hatajo de hooligans descerebrados; lo cual demuestra, por cierto, un defecto de cultura democrática inquietante. Llevamos cuatro o cinco años así, es cierto, y hasta puede que muchos más –a lo peor el «oasis» catalán no fue más que una poza hedionda-, pero como mínimo, y llegados al desenlace, hubieran sido de desear –ya que no de esperar- reacciones, si bien insinceras, algo más atemperadas, aunque sólo fuese por las requeridas concesiones que, bajo ciertas circunstancias impone la inteligencia.

Los mismos que hasta ayer les doraban la píldora, cargan ahora contra las CUP con todo tipo de improperios, incluso tachándolas de «españolistas», por parte de un concejal de pueblo de las mismas CUP. Efectivamente, las reacciones de públicos y notorios comunicadores que durante años han estado ejerciendo el monopolio de la información oficial en Cataluña, no pueden calificarse, en su mayoría, sino de nauseabundas, indecentes y de un servilismo vergonzante impropio de profesionales que ejercen la información en una democracia. Diré más, exudan guerracivilismo y se manifiestan contra los procedimientos propios del parlamentarismo democrático. Que encima alardeen de ello, es altamente preocupante.

Porque esto no es compromiso, sino servilismo de esbirro. Produce vergüenza ajena. Basta con entrar en los medios que recogen sus twits y declaraciones; que son casi todos los de por aquí. Con franqueza, la antigua Pravda era más ecuánime y objetiva. A lo mejor es que olfatean que se les acaba vivir del momio… Lo de la presidenta del Parlamento catalán, mejor dejarlo. Y Òmniun y ANC, claro, en su papel: ahora los malos son las CUP.

Something is rotten in de state of Denmark, decía Hamlet; algo está podrido en Dinamarca. Aquí, a la vista está, habrá que decir “mucho más que algo está podrido en Cataluña”. Y todo por un «no» que es menos, por un «no» menor, por un «lesser no» absolutamente acorde con las reglas del parlamentarismo. Lo único que tiene de bueno es que así se les ve definitivamente el plumero a estos sicofantes mediáticos; Dios nos libre de que semejantes energúmenos y energúmenas tuvieran algún día el poder absoluto que desean.

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1 Comentario

  1. También podría usted haber titulado su artículo “Olé la CUP” ¿No le parece? Así no nos hubiéramos llevado a engaño.

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