Alexis de Tocqueville y ‘La democracia en América’

Alexis de Tocqueville por Théodore Chassériau (1850). Palacio de Versalles. / Wikimedia

Una de las máximas aspiraciones de las conocidas como ciencias sociales, muchas veces abiertamente, otras de forma inconfesada, en su aspiración de adoptar el modelo de las ciencias de la naturaleza –entendidas en este sentido bajo el modelo de la Física-, ha sido imitar su capacidad de predicción. Si mediante la matematización podemos predecir la órbita de un planeta o un eclipse, aplicando el mismo modelo a la sociedad estaríamos en condiciones de predecir su futuro.

 

CV / Con demasiada frecuencia tal aspiración se ha quedado en la simple profecía fallida. Las cosas humanas y sus producciones acaso estén hechas de otra pasta. Y esto lo sabía perfectamente nuestro personaje de hoy, Alexis de Tocqueville. Curiosamente, en cambio, aun renunciando a cualquier posibilidad de predecir el futuro, acertó en sus vaticinios, como por ejemplo que el futuro del mundo iba a estar dominado por los Estados Unidos y por Rusia; o el inevitable exterminio de los indios de Norteamérica.

Aun renunciando a cualquier posibilidad de predecir el futuro, acertó en sus vaticinios, como por ejemplo que el futuro del mundo iba a estar dominado por los Estados Unidos y por Rusia

Alexis de Tocqueville nació el 29 de julio de 1806 en el seno de una familia de la nobleza francesa, que había perdido a unos cuentos de sus miembros durante la época del terror. Sus propios padres se habían librado de la guillotina en última instancia tras la súbita caída de Robespierre el 9 de Thermidor. Tenía todos los números para ser un ultraconservador, pero no lo fue. Todo lo contrario, la reciente experiencia histórica de la Revolución francesa le alejó de los extremismos de uno u otro signo, a la vez que, sin duda con una cierta nostalgia, entendió perfectamente que la Revolución había marcado un cambio de época y que no había posible vuelta atrás; era el signo de los tiempos.

Tocqueville fue siempre un moderado, partidario de la democracia como forma de gobierno, aunque a la vez alejado de cualquiera de sus extremismos. A la vez que objetivamente pragmático. Si el optimista ve la botella medio llena y el pesimista medio vacía, él hubiera dicho probablemente que estaba por la mitad.

Aunque sus reflexiones sobre el Antiguo Régimen y la Revolución son verdaderamente lúcidas, su obra más conocida es ‘La democracia en América’

Aunque sus reflexiones sobre el Antiguo Régimen y la Revolución son verdaderamente lúcidas –más que las de Burke, a nuestro juicio-, su obra más conocida es ‘La democracia en América’, publicada en dos volúmenes, en 1835 y 1840, respectivamente. Dicha obra es el resultado de sus propias reflexiones y descripciones a raíz de su estancia de nueve meses en los Estados Unidos, en 1835, como enviado del gobierno francés con la misión de estudiar el sistema penitenciario norteamericano. Con su obra, descubrió los Estados Unidos a los europeos, al menos a los europeos continentales.

En 1835, los Estados Unidos eran ya un país muy extenso, más que cualquier país europeo pero más nominal que realmente. De las trece colonias atlánticas iniciales, habían comprado la Luisiana a Napoleón y habían invadido la Florida española, que después de ocupada ofrecieron «comprar». Poco poblado en relación a su superficie, pero ya con ciertos flujos migratorios, era en todos los sentidos un país en construcción. Algo que Tocqueville supo percibir perfectamente como algo nuevo, sin duda de tradición europea, especialmente anglosajona, pero sin el lastre de las milenarias instituciones e inercias que maniataban a Europa, a pesar de sus revoluciones. Tocqueville conoció los Estados Unidos en los tiempos de los primeros pioneros. Un país cuya energía vital lo impulsaba a extenderse hacia la costa del Océano Pacífico, y que no se iba a detener ante nada.

Algunas de sus observaciones fueron particularmente sagaces, y en la medida que captó lo esencial en los tiempos fundacionales, muchos de los aspectos que define son aún hoy perfectamente rastreables

Algunas de sus observaciones fueron particularmente sagaces, y en la medida que captó lo esencial en los tiempos fundacionales, muchos de los aspectos que define son aún hoy perfectamente rastreables. Uno de ellos es, en contraste con la tradición francesa y continental, la aparente ausencia de una estructura administrativa del estado. Una falsa apariencia, porque lo que ocurre es que se trata simplemente de otro modelo, en el cual la intensiva presencia del estado es de otra naturaleza. Tocqueville viene a decirnos que la democracia estadounidense se construyó desde abajo, desde un modelo individualista y con una perspectiva comunitaria heredada de las sectas religiosas de los pioneros. De ahí, nos dice, un rigorismo moral de matriz calvinista que se constituía en el nervio sobre el que se construía aquella nación. Una de las cosas que detalló fue su perplejidad cuando, en un juicio, el magistrado desestimó las declaraciones de un testigo porque se declaró ateo…

Alexis de Tocqueville murió de tuberculosis en Cannes el 16 de abril de 1859, a los 53 años.

 

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Lunes, 26 de julio de 1875

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Martes, 27 de julio de 1794

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Sábado, 31 de julio de 1826

Se producía en Valencia el último auto de fe de la Inquisición, con la ejecución del maestro Cayetano Ripoll, acusado de herejía.

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