Alumnos que fracasan en la ESO, ¿culpables o víctimas?

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Muchos expertos hablan de un 15 por ciento de alumnos con disfunciones cognitivas que no suelen alcanzar los aprendizajes básicos, pero existe otro 15 por ciento de ibéricos sanos que tampoco los adquiere. El patrón educativo de estos últimos no es innato y es el que más fracaso académico engendra en la Unión Europea.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Fracasar en la ESO se da y, sobre todo, cuando los educadores dedican poco tiempo de calidad hacia sus hijos, es decir, cuando padres o tutores no saben o no quieren preocuparse por la enseñanza de sus hijos. Si a ello añadimos demasiada libertad de movimiento con la televisión, Internet, amistades o paseos fuera de casa se da con la guinda del asunto. Por tanto, y a nivel familiar, la principal causa del desastre escolar es el ausentismo de los padres. Un escaso tiempo de calidad dedicado a los hijos sin compartir juegos y deberes aumenta claramente el riesgo que éstos no terminen la ESO con éxito y que sus capacidades lingüísticas sean limitadas.

–          Yo no puedo pelearme a diario con mi hijo – me aseguraba una madre -. Apenas lo veo unas pocas horas al día y prefiero verle feliz durante ese rato conmigo. Por eso le alquilo videojuegos cada noche y no le obligo demasiado a esforzarse.

Vincent y su equipo descubrieron que en niños desatendidos por sus familias la sustancia blanca era un 17 por ciento menor que la de los bien atendidos

Ya se argumentó que la falta de esfuerzo halla una clara correlación con estudios neurobiológicos. El equipo del doctor Vincent J. Schmithorst del Hospital Infantil de Cincinnati describió la relación entre el conato y el desarrollo de la sustancia cerebral blanca o mielina, responsable esta del aprendizaje humano y del cociente intelectual de los chavales. Vincent y su equipo descubrieron que en niños desatendidos por sus familias la sustancia blanca era un 17 por ciento menor que la de los bien atendidos. En fin, a menos mielina menos capacidad de aprendizaje y más fracaso escolar. Veamos ahora algunos ejemplos más de padres que desatienden a sus hijos total o parcialmente.

–          Ya me dijeron un día que mi hijo sufría de hiperactividad, ¿sabe? Y aunque yo jamás le castigo durante el poco tiempo que estoy en casa, eso que haga campanas, falsifique mi firma en las notas y suspenda el curso, es algo previsible dada su hiperactividad, ¿cómo quiere que le diga que NO lo haga?

Algunos se daban cuenta de su error, pero no podían admitirlo externamente.

–          Mi Carlos sabe disimular muy bien sus fechorías, hasta me convence para que NO le sancione por las noches cuando llego a casa. Esto que usted me dice, que ha falsificado las firmas para que no hubiera entrevista entre ustedes y nosotros, la verdad, me cuesta creerlo. Yo esperaba esta conversación hacía meses.

Y he sufrido padres ausentes que iban más allá de la justificación, llegaban a la acusación.

–          Fueron ustedes, y no yo, quienes no le educaron bien. De hecho, y esto lo sé de buena tinta, lo han estado acosando durante todo el curso a pesar de todas mis llamadas desde el trabajo – en casa poco coincidían –. Y no me nieguen eso, mi hijo, a mi, jamás me mentiría.

Y todo lo anterior implicaba que este tipo de progenitores estaban muy poco con sus hijos para revisarles los deberes, procurarles la merienda, jugar con ellos, marcarles pautas y darles amor. En fin, que la tarea educativa recae más en el colegio que en la familia ante unos rapaces con un 17 por ciento menos de sustancia cerebral blanca. A lo anterior suele sumarse la discrepancia educativa entre la pareja, una baja disciplina por parte de éstos y el deseo de ser amigos de sus hijos, toda una guinda para el pastel del fiasco escolar. Sin límites ni rutinas impuestas todo resulta demasiado fácil y el escolar en nada valora lo que se le ofrece, aprender. Añadamos que las leyes educativas en nada pretenden resolver todo lo anterior y ya tenemos un gran problema.

Sin límites ni rutinas impuestas todo resulta demasiado fácil y el escolar en nada valora lo que se le ofrece, aprender

A veces con algunos alumnos abandonados no todo está perdido. En primero y segundo de la ESO me dedico a jugar con ellos, algo que en su casa no se les brinda. En tercero y cuarto los escucho para dejar que los escolares se ganen mi favor personal si cumplen los pactos acordados. Si no los acometen rompo el acuerdo y corto el puente con ellos. Esto lanza un mensaje subliminal al púber, el perder otra vez a su adulto, a sus padres ausentes. En la mayoría de los casos los chavales intentan recuperar de nuevo el trato conmigo y se sella una confianza mutua.

Un ejemplo de ello lo recuerdo con unos díscolos de tercero de la ESO. Mientras les vigilaba al ser expulsados, establecía el siguiente puente con ellos, les dejaba entrar con su portátil al Youtube para visualizar videos bajo mi supervisión. Con ello les hacía el caso que en casa no tenían, y por el otro, les marcaba un pacto, silencio y tranquilidad. Los chavales accedían y al final me regalaron cotas de sinceridad muy elevadas. En fin, que todo humano necesita del amor de otros humanos.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: La escuela en casa o padres colegas (56)

1 Comentario

  1. Muy de acuerdo con sus argumentos Dr Rabadà
    Desde mi posición como experta en psicología considero muy importante que se pueda ayudar a nuestros adolescentes de una forma colaborativa. Por parte de los docentes, siempre vocacionales, de los padres “a los que hay que agradecerles su labor educativa” ,del alumnado en general y por último, y no menos importante por parte de los expertos en salud mental.

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