Los estudios de neuroimagen indican que las alteraciones en los circuitos de la dopamina están implicadas en algunos comportamientos alimentarios y en el abuso de drogas.

La anorexia nerviosa y la obesidad comparten características comunes

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Investigadores de la Facultad de Medicina de la UB , del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) y del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), dirigidos por el profesor del Departamento de Ciencias Clínicas de la UB Fernando Fernández-Aranda, han encontrado que pacientes en situaciones extremas de peso (por ejemplo, con anorexia nerviosa y obesidad) pueden compartir ciertas correlaciones neurobiológicas, relacionadas con las vías de la recompensa y los circuitos neuronales que tienen que ver con la comida. El estudio ha sido publicado en la revista PLoS ONE.

Los investigadores Fernando Fernández-Aranda (UB), Bea Fagundo, Zaida Agüera y Susana Jiménez.

La identificación de las características comunes en trastornos alimentarios y obesidad con episodios recurrentes relacionados con emociones negativas y restricción dietética, ha llevado a modelar estas condiciones como consecuencia de una adicción a estos alimentos.

Los grupos con condiciones extremas de peso (CEP) pueden compartir factores de riesgo biológicos y fenotipos neurocognitivos. Entre ellos estaría la disfunción ejecutiva, caracterizada fundamentalmente por alteraciones en la capacidad de tomar decisiones, inhibir respuestas no adecuadas y mostrar flexibilidad cognitiva.

El objetivo de este estudio fue investigar si existe un patrón común de disfunción ejecutiva en estos grupos comparando pacientes con anorexia nerviosa, obesidad y sujetos control.

Los estudios de neuroimagen indican que las alteraciones en los circuitos de la dopamina están implicadas en algunos comportamientos alimentarios y en el abuso de drogas. Según los autores, comer en exceso es una señal de disparidad entre los circuitos relacionados con la motivación y la recompensa (comportamiento) y los implicados en la respuesta de inhibición.En sujetos vulnerables, la ingestión de cantidades elevadas de alimentos puede perturbar el equilibrio entre circuitos, lo que aumenta el valor de refuerzo de la alimentación y disminuye la actividad de los circuitos relacionados con el control y la inhibición, lo que podría derivar en un comportamiento impulsivo y una ingestión alimentaria compulsiva. Los participantes en el estudio han sido mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años. Los resultados sugieren que los sujetos con condiciones extremas de peso muestran un patrón ejecutivo similar, que podría influir en el desarrollo y mantenimiento de estos trastornos.

Imagen: Wikipedia

El estudio propuso examinar si los grupos de pacientes con anorexia nerviosa y obesidad presentan un perfil similar de disfunción ejecutiva. Se postuló que los dos grupos clínicos deben tener perfiles ejecutivos similares, aunque la disfunción puede ser diferente entre ellos. «Este es el primer estudio que compara el perfil de las funciones ejecutivas de los grupos con condiciones extremas de peso utilizando medidas validadas de toma de decisiones, inhibición de respuesta e impulsividad”, explica Fernández-Aranda, investigador principal de la investigación.

Los resultados mostraron un patrón similar en los dominios ejecutivos evaluados por las tareas neuropsicológicas. Las diferencias más marcadas se encontraron en la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones, en el que tanto las pacientes anoréxicas como las obesas mostraron dificultades importantes. «De este modo, se refuerza la hipótesis de que la capacidad de toma de decisiones se ve afectada en estos pacientes», sigue Fernández-Aranda, también investigador del IDIBELL y del CIBERobn.

El rendimiento de los sujetos obesos en estas áreas podría estar asociado con un nivel elevado de impulsividad. Se ha establecido que los sujetos impulsivos muestran limitaciones en el aprendizaje de las asociaciones adecuadas entre recompensa y castigo. Como consecuencia, tienen una capacidad reducida para retrasar la gratificación y muestran una impulsividad que se caracteriza por comer en exceso y aumentar de peso. Por otra parte, el comportamiento de los pacientes con anorexia nerviosa es rígido y obsesivo, con una elevada resistencia a los cambios, en contraste con los sujetos obesos.

«Los resultados no sólo confirman la hipótesis de que las personas obesas tienen dificultades para inhibir una conducta automática o dominante, sino que también apuntan a la impulsividad y las dificultades en la inhibición de respuestas como un rasgo distintivo en el perfil ejecutivo de la obesidad en el marco de las condiciones extremas de peso “, concluye el investigador principal.

De acuerdo con este estudio, el tratamiento, tanto para pacientes con anorexia nerviosa como con obesidad, debe centrarse en los problemas de autocontrol, conductas impulsivas o el déficit de toma de decisiones característicos de estos trastornos.

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