Arrecifes jurásicos para viajar en el tiempo

Imagen de zoosnow en Pixabay

Los arrecifes fósiles de Arroyo Cerezo (Rincón de Ademuz, Valencia) como recurso geoturístico y didáctico

 

El mundo de la paleontología y la valoración de los fósiles como elementos de gran valor cultural y científico no han hecho más que crecer en los últimos años, sobre todo por la gran influencia social de yacimientos e instalaciones museísticas tan conocidas e importantes en nuestro país como las de Dinópolis, en Teruel, o el Museo de la Evolución Humana, en Burgos.

 

Enrique Gil Bazán. Doctor en Paleontología.

Los arrecifes fósiles de Arroyo Cerezo, poco conocidos hasta la fecha por el público en general, pueden suponer en un futuro próximo uno de los grandes reclamos culturales de la zona si se es capaz de aprovechar convenientemente este recurso natural. Además, estos arrecifes estudiados por la ciencia en el Rincón de Ademuz no pueden ni deben ser considerados solo como un elemento de especializado y alto valor científico, sino también como un ente geoturístico y didáctico de primer orden, y por tanto, dignos de ser conocidos, valorados, utilizados y conservados en el contexto del abundante registro paleontológico de la depresión geológica “Calatayud-Teruel-Ademuz”, al sur de la Cordillera Ibérica.

 

Los arrecifes de Arroyo Cerezo y su contexto geológico

En la ladera norte de la cabecera del denominado Barranco de Arroyo Cerezo, desde la carretera CV-483,  y a no más de 1 km antes de la población del mismo nombre, son visibles unos muy bien conservados arrecifes coralinos del Jurásico superior (Santiesteban et al., 2015). Estos complementan a los ya conocidos arrecifes de Jabaloyas (Aurell y Bádenas, 1997), también jurásicos, en el escaso registro paleontológico en la zona de este tipo de estructuras fósiles. La aparición aquí, y a casi 1200 metros de altitud, de variados depósitos y fósiles claramente marinos se explica atendiendo a la posición paleogeográfica de la zona objeto de estudio, y a los acontecimientos tectónicos que afectaron a toda la Península Ibérica durante la Orogenia Alpina (ocurrida entre cerca de 70 y 25 millones de años). En ese sentido, hace ya más de 150 millones de años que la antigua isla que se denomina ahora “Iberia” se situaba en la incipiente apertura del Atlántico norte que separó progresivamente los actuales continentes europeo y americano, en el lado oeste del mar del Tethys.

Fig. 1.- Situación paleogeográfica del Rincón de Ademuz (Valencia) durante el Jurásico superior. Las áreas con trama horizontal representan zonas continentales emergidas, y con trama oblicua, áreas marinas.

Durante muchos millones de años, los sucesivos episodios de subida y bajada del nivel del mar, relacionados con los cambios climáticos de entonces, permitieron el avance y retroceso de la línea de costa jurásica. Factores tales como el depósito de abundantes niveles de materiales carbonatados en el fondo marino durante los episodios transgresivos del mar, el clima tropical reinante en esa época, y la proliferación de organismos marinos de muy variados grupos, generaron unas condiciones óptimas para la construcción biomecánica de estas estructuras arrecifales.

En la actualidad el proceso de formación de arrecifes carbonatados se debe a la acción simbiótica de corales y algas, que dirige la formación del propio esqueleto coralino

En la actualidad el proceso de formación de arrecifes carbonatados se debe a la acción simbiótica de corales y algas, que dirige la formación del propio esqueleto coralino. Teniendo en cuenta que los factores limitantes para su formación son la temperatura y la luz (tropical para el primero y para el segundo la luz existente a no más de 30 metros de profundidad), los arrecifes fósiles representan unos excelentes y fiables indicadores paleoecológicos, lo que ayuda a comprender mejor la vida y la evolución del clima en esos tiempos pasados.

En la estructura arrecifal de Arroyo Cerezo se observan varios pináculos coralinos de hasta casi 8 metros de altura, lo que indica un importante  y paulatino ascenso del nivel del mar que facilitó ese crecimiento en la vertical. Aunque la conservación de estos pináculos recifales es excelente, se observa también un cierto nivel de rotura en los mismos debido a dos procesos: la acción mecánica del oleaje, muy activa sobre los materiales del fondo a escasa profundidad, y la bioerosión debida a la acción de organismos como los moluscos bivalvos, muy abundantes y bien diversificados entonces, también presentes en estos tipos de formaciones biológicas de forma habitual.

Fig. 2.- Vista del lado norte del Barranco de Arroyo Cerezo, desde la carretra CV-483. En él pueden apreciarse los pináculos del arrecife y el sellado sedimentario posterior.

Debido a posteriores procesos regresivos que supusieron la retirada de la línea de costa a finales del Jurásico y comienzos del Cretácico, se registran también en la zona algunos depósitos de tipo continental y de transición, donde se han encontrado importantes restos fósiles de dinosaurio, como en Aras de Alpuente, en Valencia, y Riodeva, en Teruel. Durante el Cretácico superior se vuelven a producir depósitos marinos sobre los continentales debido a fenómenos transgresivos de la línea de costa, que avanza sobre el continente.

Posteriormente la Orogenia Alpina modifica y deforma tectónicamente durante el Paleógeno los materiales mesozoicos, generando la base orográfica sobre la que se depositarán materiales cenozoicos. La instalación de la importante red fluvial actual desde finales del Terciario, desde hace 5 millones de años, y especialmente durante el Cuaternario, hace aflorar, por su intensa erosión, como es el caso del barranco de Arroyo Cerezo, estructuras y depósitos estratificados con sus potenciales registros fosilíferos, tanto mesozoicos como cenozoicos.

Fig. 3.- Vista parcial, desde su base, de uno de los pináculos de hasta 8 metros de altura del arrecife de Arroyo Cerezo.

 

Interés geoturístico y  didáctico

El último tercio del siglo XX fue decisivo para el auge social de la paleontología. Tanto la industria cinematográfica (que tanto ha hecho con títulos emblemáticos para la dilvugación de esta rama de la ciencia), como la adecuación de los planes de estudios preuniversitarios en los que se ha tratado de incluir unidades didácticas y temáticas referentes al mundo de los fósiles, en especial en Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato (Gil Bazán, E. 2009), han sido los dos pilares fundamentales para que muchos sectores de la sociedad, en especial los más jóvenes, se hayan  interesado y formado en los últimos tiempos para conocer mejor el abundante registro paleontológico que se ha obtenido y estudiado a nivel global de numerosos grupos faunísticos y florísticos.

Han surgido en numerosas localidades salas de exposiciones temporales, museos temáticos, y otras muestras de colecciones particulares de fósiles que han ayudado a promover un culto turismo geológico y paleontológico

Como consecuencia de este auge han surgido en numerosas localidades salas de exposiciones temporales, museos temáticos, y otras muestras de colecciones particulares de fósiles, que, sin duda, han ayudado a promover un culto turismo geológico y paleontológico, lo que ha supuesto además un auténtico impulso económico y social. No obstante, una mera observación museística de ejemplares fósiles no está carente de  limitaciones conceptuales que pueden distorsionar, salvo que se disponga de una adecuada formación geológica y paleontológica, el muy importante y necesario contexto geológico de los fósiles, como es su correcta ubicación estratigráfica y afectación tectónica, así como  las concretas condiciones sedimentológicas de afloramiento.

Desde un punto de vista educativo, y siguiendo el protocolo didáctico de actuación propuesto por Gil Bazán y Calvo Hernández (2004, 2005) en relación con el excepcional yacimiento de Megaplanolites ibericus de Bueña, en Teruel, el itinerario deductivo que se puede seguir para desentrañar el entorno de vida que pudieron tener unos organismos, ahora fosilizados, pasa inevitablemente por la adquisición previa de conocimientos básicos de geología y paleontología.

La aplicación del método científico en una investigación paleontológica  supone un aprendizaje que incluye comprender la necesidad de realizar un exhaustivo y pormenorizado estudio previo del contexto geológico del yacimiento fosilífero, con el fin de obtener y deducir datos sobre los factores abióticos del paleoecosistema. Este estudio, que deberá ser articulado bajo la supervisión y asesoramiento de profesionales, y siempre en consonancia con las leyes vigentes de conservación del patrimonio paleontológico, servirá como soporte imprescindible para comprender los modos de intervención científica que deben hacerse para una correcta obtención de información geológica. Todo ello, junto al estudio paleontológico de los fósiles, facilitará la emisión de una propuesta de reconstrucción paleoecológica que explique el posible entorno de vida de la asociación estudiada de esos organismos fosilizados.

No son muchos los yacimientos paleontológicos con condiciones de afloramiento tan óptimas como las de estos arrecifes jurásicos para realizar allí una intervención didáctica de tipo paleontológico

No son muchos los yacimientos paleontológicos con condiciones de afloramiento tan óptimas como las de estos arrecifes jurásicos para realizar allí una intervención didáctica de tipo paleontológico. Y aunque se haría necesario un acondicionamiento, con un fin geoturístico, del área lindante al tramo del Barranco de Arroyo Cerezo, junto a la carretera CV-483,  la fácil y excelente visualización del yacimiento en su contexto estratigráfico  ayuda a la obtención de otros datos geológicos del entorno, sobre todo los relativos a su afectación tectónica y a los actuantes procesos externos de modelado superficial. Esa contextualización resulta imprescindible en la didáctica de los cambios climáticos sucesivos y su repercusión en los ecosistemas del pasado (Bádenas y Aurell, 1999), además que facilita interpretar la evolución sufrida desde los inicios de su formación en el fondo marino hasta el sellado final sedimentario de los pináculos recifales. Se trata pues de un yacimiento paleontológico extremadamente útil para el estudio, didáctica y comprensión de la sucesión temporal de eventos geológicos y paleontológicos relacionados con el origen y desarrollo de una estructura recifal.

Referencias bibliográficas: 
AURELL,  M.; BÁDENAS, B. (1997): The pinnacle reefs of Jabaloyas (Late Kimmeridgian, Iberian basin): vertical zonation and associated facies related to sea level changes. Cuaddernos de Geología Ibérica, 22, 37-64.

BÁDENAS,  B.; AURELL, M. (1999): Arrecifes de coral y concentración de dióxido de carbono: un ejemplo en la didáctica sobre cambio climático. Enseñanza de Ciencias de la Tierra, 7 (1), 21-28.

GIL BAZÁN, E; CALVO HERNÁNDEZ, J, M. (2004). El yacimiento paleontológico de Megaplanolites ibericus (Bueña, Teruel): un ejemplo de utilización del patrimonio como recurso didáctico. Misc. Hom. Emiliano Aguirre. Zona Arqueológica, vol. II.  Paleontología, 202-213.

GIL BAZÁN, E; CALVO HERNÁNDEZ, J, M. (2005). Un ejemplo de utilización de patrimonio paleontológico como recurso didáctico: el yacimiento de Megaplanolites ibericus de Bueña (Teruel). En Homenaje al Prof. Peter Carls. VIII Jornadas Aragonesas de Paleontología.: “La cooperación internacional en la Paleontología española”. Institución Fernando El Católico (CSIC) Zaragoza, 243-253.

GIL BAZÁN, E. (2009). La Paleontología en la Educación Secundaria aragonesa. Naturaleza Aragonesa, 22, 4-8.

SANTISTEBAN, C; AURELL, M; BÁDENAS, B. (2015). Arroyo Cerezo: Arrecifes y arenas blancas tropicales de finales del Jurásico. Texto divulgativo del Geolodía 15 (Valencia). 8 págs. Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí