Arthur C Clarke

Sir Arthur C. Clarke / Wikimedia

Tal día como hoy… 19 de marzo de 2008 fallecía Arthur C Clarke

 

El 19 de marzo de 2008 fallecía a los 90 años de edad en Colombo (Sri Lanka) Arthur C Clarke, escritor, divulgador y científico británico, conocido universalmente por ser el autor de la celebérrima ‘2001: Una Odisea del Espacio’ (1968) y sus posteriores secuelas. Fue también el guionista de la película del mismo nombre dirigida por Stanley Kubrik este mismo año. En realidad, la novela se publicó con posterioridad al estreno de la película, habiendo significativas diferencias entre ambas.

 

CV / Nació en Minehead (Somerset, Reino Unido) el 16 de diciembre de 1917. El mismo comentaba su temprana afición a la ciencia, afirmando que de niño había dibujado un mapa de la Luna gracias a un telescopio de aficionado con el que se dedicó a observarla. Participó en al II Guerra Mundial como técnico de radares en la RAF, y como instructor en proyectos de defensa aérea por radar.

Empezó a hacerse famoso en los años sesenta por sus intervenciones en programas de televisión de divulgación científica y como comentarista

Al acabar la guerra, estudió Física y Matemáticas en el King’s College de Londres, licenciándose con honores. Empezó a hacerse famoso en los años sesenta por sus intervenciones en programas de televisión de divulgación científica y como comentarista en la CBS de las misiones Apolo. En uno de sus libros divulgativos, ‘Profiles of the Future: An Inquiry into the Limits of the Possible’ (1962) sus tres leyes, o principios, de Clarke’:

Primera ley: “Cuando un científico eminente pero anciano afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, es muy probable que esté equivocado’.

Segunda ley: “La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible”.

Tercera ley: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es totalmente indistinguible de la magia”.

El salto al estrellato se lo proporcionó ‘”2001: A Space Odyssey”. En realidad, la concibió como un guion para la película homónima, cuyo éxito le animó a publicarla como novela. Clarke afirmó que se había basado en la inversión del argumento de un antiguo relato suyo de ciencia ficción, escrito años antes, titulado ‘El Centinela’, pero que no publicó hasta 1983. En cualquier caso, hay diferencias entre la novela y la película.

El salto al estrellato se lo proporcionó ‘”2001: A Space Odyssey”. En realidad, la concibió como un guion para la película homónima

Para empezar, el objetivo de la misión espacial en la novela no es Júpiter, sino Saturno. Al parecer, Stanley Kubrik optó por Júpiter al no poder recrear debidamente los anillos de Saturno como efectos especiales. También hay diferencias en el comportamiento del ordenador HAL –letras seguidas en el alfabeto por  IBM- que en la novela entra en contradicción por verse obligado a mentir sobre el objetivo de la misión, y la orden de desconectarlo procede de la Tierra, no del astronauta Bowman. Éste, a su vez, entra al final en un agujero de gusano y sus últimas palabras enviadas a la Tierra son: “Todo está lleno de estrellas”. Asimismo, la presencia de vida inteligente alienígena es mucho más evidente en la novela que en la película, donde si bien insinuada, es más críptica.

Arthur C. Clarke escribió posteriormente tres secuelas, convirtiendo la saga en una tetralogía: ‘2010: Odyssey Two’ (1982) –también llevada al cine-, ‘2061: Odyssey Three” (1987), y ‘3001: The Final Odyssey” (1997), que como su nombre indica, pone punto final. Para las secuelas, Clarke optó por basarse en el guion de la película en lugar de en el de la novela. Es decir, será Júpiter en vez de Saturno…

Arthur C. Clarke escribió posteriormente tres secuelas, convirtiendo la saga en una tetralogía

Digamos, sin ánimo de fastidiarle a nadie la lectura, que en la sucesivas entregas van reapareciendo personajes de la primera dados por muertos, en ocasiones bajo formas de vida en simulación, que al final los monolitos no resultan ser seres vivos inteligentes, sino también creaciones artificiales y, finalmente, muy importante, que el pérfido ordenador HAL de ‘2001’ acaba más adelante sacrificándose «heroicamente» para salvar a la humanidad y que él y Bowman, «reconciliados» van a parar a una Caja de Pandora rediviva del siglo XXXI.

A partir del año 1956, Clarke fijó su residencia en Sri Lanka, apasionado por la cultura hindú y por la investigación submarina.

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