Arthur Wellesley, duque de Wellington

Arthur Wellesley I duque de Wellington, I marqués de Douro, I príncipe de Waterloo, I duque de Ciudad Rodrigo, vizconde de Talavera de la Reina y grande de España / Wikimedia

Tal día como hoy… 14 de septiembre de 1852 fallecía Arthur Wellesley, duque de Wellington

 

El 14 de septiembre de 1852 fallecía en Kent (Inglaterra), a los 83 años de edad, Arthur Wellesley, duque de Wellington. Un personaje que encarna sin duda la idea del héroe británico por excelencia: militar, y una de las figuras europeas más prominentes de la primera mitad del siglo XIX. Político, estadista y militar, lo fue todo en vida: comandante en jefe de los ejércitos británicos, primer ministro y, lo que más fama le reportó, el vencedor de Napoleón en Waterloo.

 

CV / Era de origen irlandés. Nació (probablemente) en Dublín el 1 de mayo de 1769, tercer hijo de Garret Wesley, primer conde de Mornington, miembro de la aristocracia irlandesa anglicana. Posteriormente, cuando su hermano mayor creó el marquesado de Wellesley, el apellido se modificó adaptándolo al título.

Recibió la esmerada educación propia de las élites británicas en Eton, y en 1787 su hermano compró para él el grado de teniente del 73º regimiento de infantería –una práctica usual en el ejército inglés en aquellos tiempos-, siendo destinado a Irlanda y compaginando su cargo con los inicios de su carrera política: fue elegido parlamentario y enlace con la Cámara de los Comunes irlandesa, adscrito al  ala «dura» del partido tory.

Recibió la esmerada educación propia de las élites británicas en Eton, y en 1787 su hermano compró para él el grado de teniente del 73º regimiento de infantería

Ascendió también rápidamente en el escalafón militar por el procedimiento de «compra». En 1793 ya era teniente coronel. Fue destinado a los Países Bajos a luchar contra los franceses, y en 1796, ya coronel, fue destinado a la India, acompañando a su hermano que era, a la sazón, virrey de la India. Permaneció allí hasta 1805, participando durante este tiempo en la represión de varias revueltas y actuando como gobernador de varias provincias. De regreso a Inglaterra, al dejar su hermano el cargo de virrey, retomó su carrera política como miembro de los Comunes. En 1807 interrumpió su carrera política para incorporarse de nuevo al ejército y participar en las guerras napoleónicas. La expedición a Dinamarca le valió ase ascendido a teniente general.

En 1808 fue enviado a Portugal como comandante en jefe de las fuerzas expedicionarias británicas, con el objetivo de defender Portugal contra Napoleón, guerra que derivó en la ocupación francesa de España y el inicio de la Guerra de la Independencia (1808-1814). La intervención de Inglaterra en la Península Ibérica fue decisiva. En 1808, Wellington derrotó a los franceses en Roliça y en Vimeiro. Tras asegurar Portugal, pasó a la ofensiva en España. En julio de 1809 derrotó a los franceses en la batalla de Talavera y en Badajoz.

En 1808 fue enviado a Portugal como comandante en jefe de las fuerzas expedicionarias británicas, con el objetivo de defender Portugal contra Napoleón

Aun así, su condición de aliado de España tiene algunos aspectos muy obscuros: cuando entraban sus fuerzas en alguna ciudad «liberada» de los franceses, sus tropas acostumbraban a dedicarse al saqueo y violaciones, como si fueran el enemigo. También destruyó sistemática e intencionadamente todas las industrias españolas que tuvo a su alcance, como fue el caso de las manufacturas textiles de Béjar (Salamanca), o la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro de Madrid. Fue derrotado en el asedio de Burgos, pero tras la retirada de fuerzas francesas que se destinaron a la campaña de Rusia, obtuvo las decisivas victorias de Arapiles (1812) y Vitoria (1813). En homenaje a esta última batalla, Beethoven compuso ‘La Victoria de Wellington’. Tras la batalla de San Marcial (1813) invadió Francia, siendo derrotado en Toulouse. Pero poco después Napoleón se rendía a la coalición y partía exiliado a Elba. Wellington regresó a Inglaterra convertido en un héroe, y con un botín de obras pictóricas que le arrebató a José I en su huida, y que Fernando VII le regaló displicentemente. Por sus méritos, fue nombrado duque de Wellington.

Participó en el Congreso de Viena como representante plenipotenciario inglés. Tras la vuelta de Napoleón en 1815, pasó a Bélgica como comandante en jefe de los ejércitos aliados. En Waterloo derrotó definitivamente a Napoleón, que se quejó luego de que sus generales, muchos de los cuales le habían combatido en España, no le advirtieron de su extraordinaria capacidad militar.

Wellington era un hombre profundamente tradicionalista, partidario del Ancien Régime y ultraconservador, radicalmente opuesto a cualquiera de las reformas sociales

De nuevo en Inglaterra, fue nombrado comandante en jefe del ejército británico –puesto que conservó toda su vida- y retomó su carrera política, ahora en loor de multitudes. Aunque no sentía precisamente mucho aprecio por las multitudes. Wellington era un hombre profundamente tradicionalista, partidario del Ancien Régime y ultraconservador, radicalmente opuesto a cualquiera de las reformas sociales, por tímidas que fueran, que por entonces empezaban a reivindicarse como herencia, precisamente, de la Revolución Francesa que él mismo había combatido. Fue primer ministro  entre enero de 1828 y noviembre de 1830. No tuvo el mismo talento político que militar, y su gobierno cayó debido a revueltas sociales que su propia intransigencia provocó, ascendiendo al poder los Whigs. En 1834, con la vuelta al poder de los Tories, fue primer ministro de facto durante seis semanas, tras las cuales cedió el poder a Robert Peel. Siguió como ministro de asuntos exteriores y como jefe de la cámara de los lores hasta 1846, año en que decidió retirarse de la vida política.

Tras su muerte, fue enterrado con grandes honores en la catedral de St. Paul, en un sarcófago de granito «luxulyanito». Por entonces Gran Bretaña ya dominaba el mundo.

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