Atapuerca: el gran proyecto científico de Emiliano Aguirre

1982. Muestreos preliminares en el Complejo Tres Simas de la Trinchera del Ferrocarril: Galería y Tres Simas, Boca Norte / Foto: cortesía del autor

Son muchas las aportaciones al conocimiento del Cuaternario bajo la dirección de la investigación realizada entre 1978 y 1991 por el profesor Emiliano Aguirre en Atapuerca, desde su cooperativa e innovadora forma de “hacer ciencia”.

 

Por: Enrique Gil Bazán. Doctor en Paleontología.

Emiliano Aguirre excavando los primeros depósitos del nivel TG11 de Galería, Complejo Tres Simas, en la Trinchera del Ferrocarril, en 1984. / Foto: cortesía del autor

Aunque desde su jubilación en 1991 el proyecto de investigación pasó a manos de los tres codirectores actuales, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, pensando en los aficionados a la paleontología y en especial a los muchos seguidores de los hallazgos en el yacimiento, es pertinente clarificar, en un intento de ser reivindicativos en la atribución de méritos y esfuerzos allí invertidos en las últimas décadas, que el proyecto de investigación sistemática en esos yacimientos prehistóricos se inició y desarrolló mucho antes de 1991, al tiempo que queremos aportar una breve visión histórica de la sucesión de actuaciones y resultados científicos, hoy en día muy poco divulgados, de esos primeros diez años en Atapuerca bajo su dirección. Esta labor le acreditó para que en 1997 se le concediera a él y a su equipo, al cual tuve el honor de pertenecer, el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica.

 

Primer equipo y primeros pasos en la Trinchera

La primera intervención de Emiliano Aguirre en Atapuerca fue en otoño de 1978, después de que publicara en 1976 junto a José María Basabé y Trinidad de Torres su estudio sobre la mandíbula humana hallada casualmente en la Sima de los Huesos de Cueva Mayor por este último, en busca de fósiles de osos para su tesis doctoral. Se rodeó entonces de varios alumnos suyos de la Universidad de Zaragoza, donde ejercía como catedrático de Paleontología, con los que inició unos duros trabajos preliminares con el fin de acondicionar y mejorar el acceso a varios rellenos sedimentarios de la conocida Trinchera del Ferrocarril.

Esta fue excavada a finales del siglo XIX en la vertiente suroeste de la burgalesa Sierra de Atapuerca, y su finalidad era conectar con tren la zona minera de la Sierra de La Demanda, en el límite entre Castilla y León y La Rioja, con el Cantábrico. Esta cortó e hizo aflorar varias oquedades, pequeñas simas y galerías colmatadas de sedimento muy fosilífero pertenecientes al complejo sistema kárstico de Cueva Mayor, destacando las que se conocen desde entonces como Cueva de los Zarpazos, Galería, Tres Simas, Gran Dolina y Sima del Elefante.

Trinchera del Ferrocarril. Acondicionamiento del Complejo Tres Simas para el leventamiento de columnas estratigráficas en el relleno sedimentario. Foto: cortesía del autor

Durante esos primeros años se incorporaron al proyecto varios geólogos y
paleontólogos de vertebrados procedentes del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas de Madrid, como Manuel Hoyos para la geología, Jorge Morales y María
Dolores Soria, para estudiar carnívoros; Enrique Soto, Esperanza Cerdeño y Begoña
Sánchez para herbívoros; Carmen Sesé y yo mismo para micromamíferos; Antonio Sánchez para aves; Borja Sanchíz para anfibios y reptiles, y Yolanda Fernández Jalvo en tafonomía.

Participaban también en el equipo el paleontólogo Francisco Fernández de Villalta, del Instituto Jaume Almera, también del CSIC, de Barcelona, y los arqueólogos Eudald Carbonell, Aurora Martín y Carlos Díez. Se completó posteriormente con los paleoantropólogos Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Antonio Rosas. A ellos hay que añadir a varios experimentados miembros del Grupo de Espeleología Edelweiss de Burgos, encabezados por Ana Isabel Ortega, gracias a los cuales se pudo acceder a las galerías y simas del complejo kárstico y a los diferentes niveles estratigráficos estudiados.

 

Los productivos años 80 en Atapuerca

A comienzos de los años ochenta, y con un proyecto de investigación ya
estructurado, la intervención fue mucho más concreta y activa en los yacimientos. Y
como se trataba de una investigación paleontológica y arqueológica conjunta se
comenzó con el establecimiento del imprescindible soporte geológico y estratigráfico de
los rellenos sedimentarios aflorantes, algo muy novedoso en comparación con los
estudios de rellenos kársticos cuaternarios europeos hasta ese momento. El
levantamiento de columnas estratigráficas se realizó a la vez en Gran Dolina, y en el
Complejo Tres Simas, que incluye a Cueva de los Zarpazos, Galería y Tres Simas,
estando utilizables y listas preliminarmente para 1984.

Muchos de esos niveles diferenciados eran muy ricos en registro fósil, sobre todo de mamíferos

Muchos de esos niveles diferenciados eran muy ricos en registro fósil, sobre todo de mamíferos. Su estudio requería hacer, y se hizo, un exhaustivo primer muestreo en todos ellos para poder enmarcar y averiguar qué asociaciones faunísticas y florísticas había allí representadas, si eran solo una o varias, y si se detectaban o no interrupciones de registro significativas, u otro evento paleontológico relevante. Esa estratigrafía, por tanto, ha servido de base a todos los estudios paleontológicos que se hacen allí desde entonces, tanto de macromamíferos, micromamíferos, o el estudio esporopolínico, así como en arqueología, y se usó como esencial y necesario contexto geológico para mi tesis doctoral sobre bioestratigrafía de micromamíferos presentada en 1987.

Durante esos años se determinaron y acotaron, cada vez con más detalle y
precisión, todas y cada una de las principales divisiones estratigráficas de los rellenos,
con gran detalle de niveles y subniveles diferenciables y sus variaciones laterales.
Algunos de ellos son mediáticamente muy conocidos hoy en día como, por ejemplo, el nivel TD6 de Gran Dolina, en la Trinchera del Ferrocarril, donde ubicaron los restos
fósiles de homínidos de la excavación del año 1994. La valiosísima información
paleontológica obtenida entonces del estudio de los fósiles de todos los niveles
estratigráficos muestreados ha permitido conocer muy bien la sucesión de
paleoecosistemas pleistocenos allí representados, sirviendo además como referencia
en la correlación temporal para el resto de yacimientos europeos, muchos de ellos sin
contexto geológico preciso, así como completar el registro de la extensión
paleobiogeográfica de muchas especies de vertebrados y flora.

Parte del primer equipo de excavación de Atapuerca en Galería, año 1983. De izquierda a derecha son, arriba: Rodolfo Gozalo, Jorge Morales, Francisco Villalta, y Carmen Sesé. Abajo: Maria Dolores Soria, Aurora Martín, Esperanza Cerdeño, Javier Cuchí y Carlos Díez. Foto: cortesía del autor

Por otro lado, y no de menor importancia, se establecieron las bases científicas
del trabajo prehistórico en el que por primera vez en España la paleontología y la
arqueología iban de la mano, actuando a la par, con criterios comunes aplicados en el
tratamiento de un macroyacimiento excepcional e irrepetible. La novedosa aplicación de técnicas esencialmente arqueológicas a la paleontología, que coordinaba el arqueólogo Eudald Carbonell, facilitó la interpretación de posibles intencionalidades en cuanto a la
relación y distribución espacial entre fósiles y restos líticos usados por humanos en un
mismo nivel. De esta forma se diferenció una excepcional sucesión de “suelos de
utilización” humana en el nivel TG11 de Galería, con abundante registro y relación entre sí de restos líticos y fósiles, nunca así descrito hasta entonces en otro lugar.
Emiliano Aguirre se preocupó de formar un equipo interdisciplinar de verdad. Uno en el que la participación de investigadores internacionales de prestigio, que tradicionalmente habían tutelado en España muchos hallazgos e investigaciones prehistóricas, fuera anecdótica. El fin era relanzar la ciencia paleontológica española, a tenor de las grandes potencialidades y expectativas del sitio, a los primeros puestos de la investigación internacional. No recuerdo ninguna intervención en el yacimiento en aquellos años que no se hiciera bajo la supervisión de Emiliano Aguirre, pero dando cabida a la opinión de todos y en busca de un consenso de los que allí participábamos respecto a las actuaciones a seguir. Se hizo ciencia en equipo.

El muestreo sistemático realizado en los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril, dio pie a la primera gran presentación de resultados en un volumen publicado por la Junta de Castilla y León en 1987. Allí se incluyeron los primeros estudios taxonómicos de todos los restos fósiles encontrados, así como el establecimiento de una correlación bioestratigráfica entre niveles de los diferentes yacimientos. Se ofrecieron también los primeros datos cronológicos absolutos de muestras datables procedentes de Gran Dolina, Galería y la Sima de los Huesos, obtenidos con las técnicas más avanzadas para la época, lo que permitió ordenar la sucesión temporal de depósito en las cavidades y su contenido fosilífero de, al menos, el último millón de años. Además, vieron la luz en esos años multitud de publicaciones en revistas especializadas de paleontología y arqueología.

Vista de parte de la Trinchera del Ferrocarril desde lo alto del andamio de Gran Dolina, en 1983. A la izquierda, el Complejo Tres Simas, con el corte geológico listo para el levantamiento de columnas estratigráficas. A la derecha muestras de sedimento en proceso de secado para su posterior procesado. Foto: cortesía del autor

 

Sima de los Huesos

En relación con los hallazgos en la famosa Sima de los Huesos, en Cueva Mayor,
hay que destacar que los primeros restos fósiles humanos obtenidos en el marco del
proyecto de investigación de Atapuerca aparecieron ya en el año 1984, durante el lavado
y procesado de sedimento de la Sima de los Huesos en las instalaciones del río Arlanzón, junto a Ibeas de Juarros, localidad que se utilizó durante años como base logística para el personal de la excavación.

Mientras duró la dirección de Emiliano Aguirre se preparó con mucho detalle la forma de extracción del relleno de la Sima de los Huesos

Mientras duró la dirección de Emiliano Aguirre se preparó con mucho detalle la forma de extracción del relleno de la Sima de los Huesos, pues debía garantizarse evitar la posible alteración o destrucción de su potencial contenido en fósiles humanos.
Eso incluyó la discusión en el equipo sobre la necesidad o no de practicar una cata en el relleno de la sima donde poder levantar la estratigrafía del mismo, con el fin de determinar los sucesivos episodios sedimentarios que pudieran detectarse, y sus posibles interrupciones. Reticencias de los paleoantropólogos paralizaron esa actuación, por lo que se postpuso la decisión de excavar en condiciones óptimas en cuanto a control geológico del relleno. Pero en esos años sí que se realizó, y no sin muchos titubeos por la complejidad técnica, la perforación de un conducto desde el
exterior de la montaña calcárea hasta la Sala de los Cíclopes de Cueva Mayor, situada
por encima y casi justo en la vertical de la Sima de los Huesos. Esto facilitó la conducción hasta el exterior de los pesados petates llenos de sedimento procedente de la capa superficial del relleno, alterada y revuelta, para su posterior procesado.

Aunque a partir de 1992 se ha dado a conocer una gran abundancia de restos
fósiles de humanos procedentes de la Sima de los Huesos, incluido el cráneo de
anteneandertal más completo y mejor conservado que existe, “Miguelón”, el desconocimiento estratigráfico de ese relleno sedimentario podría explicar la confusión
existente en relación con las varias dataciones que en los últimos tiempos se han dado
del mismo.

“El desconocimiento estratigráfico de ese relleno sedimentario podría explicar la confusión existente en relación con las varias dataciones que en los últimos tiempos se han dado

Resulta sorprendente este hecho, pues si se datan las costras estalagmíticas que se encuentran conforme se profundiza en la excavación del relleno, y esa datación va aumentando en edad, los restos fósiles de homínidos encontrados en los sedimentos infrayacentes a esos niveles de costra no pueden pertenecer a una única población humana de la sima, sino a varias, las cuales se corresponderían con los distintos episodios de sedimentación “sellados” por las costras estalagmíticas datadas, y por tanto, separadas entre sí por un determinado episodio temporal.

Aparte de las controversias científicas que desde hace muchos años está involucrada la investigación paleoantropológica de Atapuerca, éste no deja de ser un macroyacimiento cuaternario excepcional, quizás el mejor del mundo. Su prestigio científico e influencia en el grado de conocimiento que se ha obtenido de la vida de nuestros ancestros y sus entornos naturales debe ser puesto de manifiesto una vez más y apreciado en toda su magnitud.

La primera década de trabajos en Atapuerca resultó fundamental para asentar un tipo de investigación prehistórica en España que rompía con antiguos moldes establecidos

Por ello, es necesario poner de manifiesto que la primera década de trabajos en Atapuerca resultó fundamental para asentar un tipo de investigación prehistórica en España que rompía con antiguos moldes establecidos, integrando la ortodoxia científica tradicional con innovadoras tendencias investigadoras, sin barreras de ningún tipo. Y que la cimentación conceptual de ese trabajo interdisciplinar se debe a la pionera y fina concepción de Emiliano Aguirre respecto a cómo afrontar una investigación de esta envergadura en la que dos ramas del conocimiento como la arqueología y la paleontología, muy distantes hasta entonces, confluían allí de manera tan significativa y productiva.

Esa década de riguroso y serio trabajo en los yacimientos de Atapuerca bajo la
dirección de Emiliano Aguirre supuso un más que respetable impulso al estudio y
conocimiento del Cuaternario a nivel internacional. Y aunque resulta muy sorprendente
que todavía hoy los muchos resultados y avances de su investigación prehistórica
hayan sido insuficientemente divulgados y reconocidos, sin duda, su labor en esos años
iluminó de forma contundente el camino a seguir en Atapuerca.

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