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Un proyecto recoge autobiografías de estudiantes para entender y conocer mejor su realidad universitaria

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UB / El éxito de la iniciativa de solicitar autobiografías breves a los estudiantes como ejercicio de curso en una asignatura sobre la autobiografía impartida por la profesora Anna Caballé es el punto de partida del proyecto de investigación surgido de la Unidad de Estudios Biográficos de la UB, Autobiografías de estudiantes: una escritura inmediata, financiado por la Dirección General de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (DGICYT) en 2010.

Tal y como explica Caballé, que lidera el proyecto, «el propósito, en un principio, era estudiar los textos recogidos desde 2007, un corpus que hemos denominado Vita Studens, y que nos permite analizar el día a día de los estudiantes a partir de sus propios textos». «La idea inicial —prosigue— era invertir el estudio tradicional de la escritura autobiográfica, considerada como un género que requiere un tiempo considerable de vida detrás (un relato de vejez, para entendernos), para abrirlo a los jóvenes». Es decir, a un tramo generacional que, a pesar de su corta biografía, está marcado por cuestiones relacionadas con la propia identidad, que son fundamentales en la autobiografía. «Es pensar el género en clave de futuro, más que de pasado, como se ha venido haciendo hasta ahora. Un giro epistemológico que quiere plantear la escritura autobiográfica como nueva herramienta docente», asegura Caballé.

«A pesar de todo lo que se dice, la referencia a la familia es una constante»

Una de las aportaciones más sorprendentes del corpus es que constata la importancia de la familia en la vida del estudiante. Caballé remarca que «a pesar de todo lo que se dice, la referencia a la familia es una constante». «Muchas veces —añade— positiva y estimulante, otras, excesivamente protectora y generadora de unos vínculos de dependencia que pueden entorpecer la maduración del joven, y otras, fruto de situaciones tóxicas (alcoholismo, paro, enfermedades, indiferencia, tensiones entre los padres…) que hacen del estudiante un ser vulnerable, retraído y amargo. A veces la familia es el cobijo sin el cual el mundo del estudio sería imposible»:

«Y aquí estoy, sonriente y de nuevo en el paro. Decidido a dar un nuevo y provechoso tumbo. Pues pienso consumir todo el subsidio agarrado a la dulce vida de estudiante. La cosa es jodida porque vuelvo a vivir con mis queridos y acogedores padres. No podría pedir más; me echarán una mano para acabar los estudios. Dejé de estudiar para trabajar e irme de casa. Ahora vuelvo al hogar, dejo el trabajo y me pongo a estudiar de nuevo. Hoy es un día de aquellos que con gasolina y fuego montaría una hoguera con el mito del eterno retorno. Exagero, pues sé que mi ánimo mejorará cuando deje de pagar un alquiler, Internet, comida y demás gastos del vivir, y abrace, de nuevo, ese abanico de comodidades que me vendrán como anillo al dedo para pasarme el día en la universidad sacándole jugo» (VS/2014/500).

«Ese abanico de comodidades que me vendrán como anillo al dedo para pasarme el día en la universidad sacándole jugo»

En el caso de los estudiantes extranjeros procedentes de varios programas (Erasmus, Sócrates, California-Illinois, CASB) a los aspectos mencionados se añaden otros: la vivencia de Barcelona, de un sistema educativo diferente, de una nueva cultura, o la queja por una falta de relación con los estudiantes autóctonos, entre otros. Ahora bien, la gravedad de la crisis económica española ha tenido como consecuencia un giro notable en el estilo de los escritos, especialmente en los generados a partir de 2012: la conciencia sobre las dificultades para encontrar salidas profesionales dignas y estimulantes, la carencia de ayudas y el ambiente social están condicionando la actitud de los jóvenes, cada vez más consciente e irritada con el mundo que los rodea. «Nada que ver con la despreocupación por los estudios que se hacía patente en 2007, por ejemplo», señala Caballé.

El cambio de paradigma generado con la crisis ha llevado a la profesora Caballé a replantear el proyecto, y también a mantenerlo vivo más allá de la asignatura, ya desaparecida. El propósito ahora es recoger más información, animando a los estudiantes de toda la Universidad (más allá de Filología Hispánica) a hablar de sus vidas como universitarios para poder describir el nuevo horizonte sobrevenido: ¿cuáles son ahora su contexto de normalidad, sus preocupaciones, su ideal de futuro?

Para dar a conocer el proyecto e invitar a los alumnos de la Universidad a participar escribiendo una autobiografía, se ha habilitado la página web Vita Studens. Se puede participar enviando un texto por correo electrónico (máximo de 3.000 palabras), o bien mediante las redes sociales (140 caracteres por Twitter o 2.000 caracteres en Facebook). En paralelo, está previsto convocar un premio literario en septiembre. «La idea es generar una masa crítica sobre el mundo universitario suficiente como para poder articular un estudio serio sobre su realidad, que alcance desde 2007 hasta 2014», concluye Caballé.

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