Colibrí de Juan Fernández, Sephanoides fernandensis, Esta especie presenta un marcado dimorfismo sexual, los machos son rojizos, que durante mucho tiempo hizo pensar que hembras y machos pertenecían a diferentes especies. / Francisco Javier Martínez de la UAH.

Las aves de especies invasoras colaboran en la dispersión de parásitos

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Un equipo de científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales ha identificado genéticamente los parásitos sanguíneos de cuatro especies de aves de la isla Robinson Crusoe (Chile), dos foráneas y dos autóctonas.

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MNCN-CSIC / Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han analizado cómo las especies de aves invasoras de la isla Robinson Crusoe actúan como fuente de parásitos sanguíneos que se convierten en una amenaza para las aves autóctonas,  seriamente amenazadas. El artículo se publica en la revista Bird Conservation International.

El colibrí de Juan Fernández, Sephanoides fernandensis, y el cachudito de Juan Fernández, Anairetes fernandezianus, son dos aves endémicas de la isla Robinson Crusoe (Chile). Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza por sus siglas en inglés (IUCN), el colibrí está en ‘peligro crítico’, la categoría de riesgo más alta que asigna esta organización, y el cachudito forma parte de las especies ‘casi amenazadas’, es decir, que en un futuro cercano estará en peligro de  extinción.

Los científicos han identificado genéticamente los parásitos sanguíneos de cuatro especies de aves

“Con esta investigación hemos podido comprobar cómo especies invasoras como el zorzal patagónico pueden incrementar la presencia de parásitos sanguíneos en la isla y hacer que la subsistencia de las especies endémicas peligre”, explica Santiago Merino, investigador del MNCN.

Los científicos han identificado genéticamente los parásitos sanguíneos de cuatro especies de aves: Las dos especies endémicas mencionadas y dos especies invasoras de la isla, el colibrí austral, Sephanoides sephaniodes, y el zorzal patagónico, Turdus falcklandii.

“Con los análisis hemos descubierto que los cachuditos están afectados por un parásito sanguíneo que también afecta al zorzal patagónico, lo que nos hace pensar que el zorzal está actuando como fuente de los parásitos”, explica Merino. “El hecho de que no encontráramos parásitos en el colibrí de Juan Fernández puede deberse a que no llega a infectarse o a que mueren muy rápidamente cuando el parásito les afecta y por eso no los capturamos” concluye el investigador.