Maria Patricio Mulero, doctoranda de la Universidad de Barcelona, formó parte de la coordinación del equipo que preparó la candidatura de Barcelona como Ciudad de la Literatura UNESCO

«La nominación de Barcelona como ciudad literaria ha de servir para revalorizar este patrimonio de cara a sus ciudadanos»

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«Barcelona era un recuerdo mítico. En realidad fuimos por Carmen Balcells, como tantos otros, como Donoso, como Vargas Llosa. Todos acudimos a Barcelona por la atracción que Carmen ejercía sobre nosotros, pero nosotros conocíamos ya a muchos catalanes, como mi maestro Ramon Vinyes». Estas declaraciones, realizadas por Gabriel García Márquez al diario La Vanguardia a finales de 2005, son testimonio de lo que fue el inicio del boom latinoamericano de los años 60 en Barcelona. Lo que se conoce como boom constituye la época de oro de la literatura hispanoamericana, cifrada en un auténtico relato de éxito sobre el grupo de escritores noveles y prometedores que encontraron en Barcelona y en su mundo editorial una oportunidad de convertirse en figuras literarias de primera línea.

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UB / Este fenómeno, junto a la capitalidad editorial de Barcelona en castellano —y evidentemente, en catalán—, son dos de los argumentos que convencieron a la UNESCO para aceptar el pasado diciembre la inclusión de la ciudad dentro de la Red de Ciudades Creativas. La candidatura, presentada desde el Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, con el apoyo del Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, el Instituto Ramon Llull y la Institución de las Letras Catalanas, hace culminar un sueño que ha estado siempre presente en el imaginario barcelonés y que fue rescatado en 2005, cuando la ciudad celebró el Año del Libro y la Lectura.

Patricio reconoce que el Año del Libro y la Lectura fue «un punto de partida fundamental»

Maria Patricio Mulero (L’Hospitalet de Llobregat, 1983), doctoranda de la Universidad de Barcelona, formó parte de la coordinación del equipo que preparó la candidatura. Entre 2010 y 2012, Maria cursó el máster de Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona, después de graduarse en Periodismo por la UAB y en Literatura Comparada por la UB. «El periodismo me gustaba; pero quería adentrarme en el mundo de la gestión cultural. Fue durante el máster cuando decidí estudiar la relación entre ciudad y literatura», afirma. Patricio reconoce que quería estudiar la Barcelona literaria desde muchos ámbitos —«editorial, patrimonial, las bibliotecas, etc.»— y desde un enfoque tanto local como universal: «Entonces me di cuenta de que el sistema literario barcelonés ya era de por sí un área de estudio si se comparaba con otras ciudades, entre las que elegí París, Edimburgo y Dublín porque formaban parte de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO». Esta conciencia cristalizó en su tesina, que con el título Les ciutats literàries. Estudi comparat de la gestió de la creació literària, el patrimoni, la lectura i l’edició en el marc local, fue leída en junio de 2012. Dos años más tarde, La Vanguardia instó con un reportaje a la presentación de la candidatura de Barcelona para la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO «por la relevancia editorial de la Ciudad Condal y por la huella que han dejado en ella grandes escritores como Cervantes o García Márquez». El reportaje, titulado «Barcelona, sistema literario» y publicado en el suplemento Cultura|s (La Vanguardia, 21 de mayo de 2014), lo firmaba Maria Patricio, y se convirtió en pieza fundamental a la hora de impulsar definitivamente la presentación de la candidatura.

Patricio reconoce que el Año del Libro y la Lectura fue «un punto de partida fundamental para articular alrededor de la ciudad un relato conjunto entre literatura y entorno urbano»; pero señala que también fueron hitos destacados tanto la participación de Cataluña como país invitado en la Feria del Libro de Fráncfort —el evento comercial más importante dentro del mundo editorial— como la presencia de Barcelona en el Salón del Libro de París. Por otro lado, «la fundación de la Red Internacional de Ciudades Refugio (ICORN) en 2007, en la que el PEN catalán tuvo una participación fundamental, hace que Barcelona se convierta en ciudad refugio de escritores perseguidos».

La periodista destaca que Barcelona puede considerarse una capital de formación de profesionales del libro

Aparte de tener una «gran potencia editorial» en catalán y castellano, Patricio destaca que Barcelona puede considerarse una capital de formación de profesionales del libro: «En Barcelona tenemos todos los estudios necesarios para desarrollar cualquier parte de la cadena de producción del libro. Tenemos facultades de traducción, de filología, másteres de edición, una Escuela de Librería, etc. La riqueza de tener dos lenguas, la capacidad de atraer talento —puesta de manifiesto con el boom—, o las profundas relaciones culturales con Iberoamérica nos diferencian de las otras once ciudades literarias».

La red de bibliotecas merece una atención especial: «Cuando representantes de ciudades como Dublín nos visitaban, se quedaban maravillados con nuestras bibliotecas, con la proximidad que estas mantienen respecto al tejido ciudadano y con su capacidad de ofrecer nuevas respuestas a la demanda ciudadana», apunta Patricio.

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Un nuevo concepto de turismo

Desde 1954, cada 16 de junio —día en el que se desarrolla la acción de la obra Ulises, de James Joyce— Dublín celebra el Bloomsday. Durante esa jornada, la ciudad organiza un puñado de actividades, y entre ellas, la recreación exacta del itinerario del protagonista de la novela o la degustación gastronómica de los platos que aparecen descritos en ella. Dublín calcula que, cada año, miles de turistas se citan en las calles de la ciudad para celebrar esta efeméride.

«Dublín ha alineado su política cultural con la literatura y ha construido una marca de ciudad que le permite seducir a un turismo de calidad», afirma Patricio. En el caso de Barcelona, incentivar el turismo cultural a través de la pertenencia a la Red de Ciudades Creativas «es un reto de futuro».

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Puntos fuertes… y no tan fuertes

La edición, el patrimonio histórico, la creación o la potencia de la traducción son los puntos fuertes de Barcelona que destaca Patricio: «Actualmente, el ecosistema literario se mueve. Se crean nuevas editoriales. Lo mismo ocurre con las librerías. El interés por la huella de los escritores que han retratado la ciudad es cada vez más evidente; la ciudad se busca en su aspecto histórico».

La edición, el patrimonio histórico, la creación o la potencia de la traducción son los puntos fuertes de Barcelona

Pero no todo es positivo: «El sector literario y todos los actores que conforman la cadena de producción del libro están pasando por un momento delicado. La candidatura no tiene dotación económica; aunque puede poner en marcha políticas culturales y de proximidad para revalorizar la literatura de cara a los ciudadanos».

El horizonte se divisa, sin embargo, con esperanza: «En clave de futuro, la política que debe seguirse a partir de ahora es de paso firme y de autoafirmación. Aquellos aspectos que ya funcionan, como la innovación en la red de bibliotecas, continuarán. Festivales como Kosmopolis pasan de ser bienales a tener programación continua. La acogida de citas literarias internacionales como Eurocon o la puesta en valor a nivel internacional de Sant Jordi son algunas de las líneas de actuación futuras. En este sentido, Sant Jordi es uno de los hechos diferenciales que podemos exportar como ciudad», apunta Patricio.

El Barcelona Pensa, de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, es un buen ejemplo de programa social dirigido a la comunidad

El Barcelona Pensa, de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, es un buen ejemplo de programa social dirigido a la comunidad

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El papel de las universidades

«Ciudades como Iowa o Norwich tienen como eje central de la ciudad literaria sus universidades. A través de ellas se vehiculan programas sociales dirigidos a la comunidad. En el caso de Barcelona, las universidades también deben ser clave. Se está articulando una forma de gestión cultural que une conocimiento académico y eventos culturales. El Barcelona Pensa, de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, sería un buen ejemplo de ello», señala Maria Patricio.

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La reinvención constante

Maria Patricio, de formación periodista, descubrió su verdadera vocación gracias al máster de Gestión Cultural: «Constituyó una gran oportunidad para redirigirme hacia este terreno. Me ha abierto vías hacia la investigación y también en el aspecto profesionalizador». En la actualidad, Patricio compagina su trabajo en la Oficina de la Candidatura Barcelona Ciudad de la Literatura con la elaboración de su tesis, que está cotutelada por la Universidad de Barcelona y la Universidad de París 8. Son dos dedicaciones distintas que sin duda se complementan; ya que la doctoranda aborda la identidad literaria contemporánea urbana: «Me interesa cómo los escritores retratan la ciudad, crean un imaginario, y cómo se posicionan hoy en día. Esa es la forma en que se proyecta Barcelona a través del imaginario literario, hacia los lectores; pero a la vez, Barcelona debe ser una ciudad que atraiga a los escritores y mantenga un sistema literario sostenible». Una ciudad que ya tiene estatus de ciudad literaria.

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