Batalla de Guadalajara

Foto: Studnitz, von HG / Allgemeiner Deutscher Nachrichtendienst - Zentralbild (Bild 183) - Wikimedia

Tal día como hoy… 8 de marzo de 1937 comenzaba la batalla de Guadalajara

 

En la madrugada del 8 de marzo de 1937, la artillería italiana del CTV –Corpo di Truppe Volontarie, la expedición militar enviada por Mussolini en ayuda de Franco- iniciaba un bombardeo masivo de artillería sobre las líneas republicanas en el frente de Guadalajara, en la meseta de la Alcarria. Horas después, los blindados rompían las líneas republicanas. Había empezado la batalla de Guadalajara.

 

CV / La guerra civil iba por su noveno mes. Tras los primeros y rápidos avances de los sublevados aprovechando el desconcierto y el caos que cundió en las zonas republicanas, el gobierno legítimo se había reorganizado mínimamente, consiguiendo detener el avance enemigo y estabilizando relativamente los frentes, en Somosierra y en las batallas de Madrid y del Jarama. Franco seguía empeñado en tomar la capital, entendiendo que con ello le asestaría un golpe definitivo a la República, pero la guerra se alargaba y corría el riesgo de perder la iniciativa. La República empezaba a demostrar que podía resistir.

La batalla de Guadalajara se enmarca en el tercer intento franquista por tomar Madrid. Esta vez el objetivo era atacar desde la Alcarria dejando Madrid cercada

La batalla de Guadalajara se enmarca en el tercer intento franquista por tomar Madrid. Esta vez el objetivo era atacar desde la Alcarria, avanzando desde el noreste hacia Alcalá de Henares, dejando Madrid cercada. Desde los primeros momentos de la guerra, Franco había tenido el inapreciable apoyo material y logístico del fascismo italiano y del nazismo alemán.

Gracias a los aviones italianos había conseguido llevar el ejército de África a la Península –y a la colaboración oficiosa de la oficialidad británica de Gibraltar-. Los alemanes aportaron además la Legión Cóndor, consistente básicamente en asesores militares y aviones y pilotos de combate, asegurando la supremacía aérea. Mussolini aportó también grandes cantidades de material, su armada cortó los suministros republicanos en el Mediterráneo y envió el CTV, un cuerpo de ejército expedicionario de 50.000 hombres, bien pertrechados –al menos en comparación a sus oponentes republicanos- artillería, aviación y blindados, destacando por su operatividad las tanquetas FIAT-Ansaldo.

La operación, según parece ser, la diseñó por su cuenta el comandante del CTV, el general Mario Roata, presionado por Mussolini, que deseaba un triunfo glorioso que enalteciera su prestigio militar. Roata concibió un buen plan, de acuerdo con su idea de la Blitzkrieg, antes incluso que el propio Heinz Guderian, que por estas mismas fechas publicaba su famoso ‘Achtung-Panzer!’ (1937). Pero no contó con dos factores que, al final, fueron determinantes, como en tantas otras ocasiones, la meteorología y la capacidad de resistencia del enemigo.

El fuego artillero dejó las posiciones republicanas maltrechas, y el posterior avance italiano comenzó de forma arrolladora, penetrando hasta 12km en las líneas republicanas

El fuego artillero dejó las posiciones republicanas maltrechas, y el posterior avance italiano comenzó de forma arrolladora, penetrando hasta 12km en las líneas republicanas. La lluvia que empezó a caer ralentizó el avance, y la República envió a las Brigadas Internacionales, pero no pudieron impedir que las fuerzas franquistas de Moscardó, combinadas con los italianos, tomaran Brihuega. El 11 de marzo alcanzaron su máxima penetración, pero la intensa lluvia y posterior nieve obligó a detener el avance. La tierra se convirtió en un barrizal en el que las tanquetas FIAT quedaban inutilizadas, y todas las fuerzas motorizadas permanecieron inmovilizadas en una interminable caravana en la única pista asfaltada, la carretera N-II. Y lo más importante, los aeródromos de campaña franquistas, situados en la provincia de Soria, quedaron impracticables; los únicos que permanecían operativos estaban en Zaragoza, a más de 200km, demasiado lejos.

Esto dio la superioridad aérea a la aviación republicana, que además de haber recibido nuevos aparatos soviéticos, podía operar sin problemas desde sus bases en Guadalajara, Barajas y Cuatro Vientos. Incluso el reputado aviador Hidalgo Cisneros, entonces ministro del Aire de la República, pilotó personalmente un avión en misiones de reconocimiento.

El 12 de marzo, con tropas de refresco y blindados pesados enviados por el mando republicano de Rojo y Miaja, comenzó la contraofensiva republicana y el caos en las filas franquistas, cuyo ejército estaba literalmente varado en la N-II, fue total.  El 18 de marzo, tras intensos combates en los que el batallón Garibaldi compuesto por italianos antifascistas luchó cuerpo a cuerpo con los italianos del CTV, la Republica reocupaba Brihuega y Moscardó tuvo que evacuar. Roata ordenó la retirada, perdiendo en ella una ingente cantidad de hombres y material. El 23 de marzo, las líneas volvían a estar como antes de la batalla. El tercer intento de tomar Madrid había fracasado.

El 23 de marzo, las líneas volvían a estar como antes de la batalla. El tercer intento de tomar Madrid había fracasado

La victoria de Guadalajara fortaleció la moral republicana. Si hubo algún momento a lo largo de toda la guerra en que pareció que la República tenía alguna posibilidad de vencer, fue éste. Por su parte, Franco entendió dos cosas. La primera, que mejor se olvidaba de Madrid por el momento; la segunda, que la guerra iba a ser larga y que necesitaba un ejército de masas para ganarla. Alemania e Italia redoblaron su ayuda material y Franco se concentró a partir de entonces en el frente del norte. La República, prisionera de las prioridades políticas sobre las militares, no supo aprovechar la victoria. Mussolini se tomó la derrota como una humillación y una afrenta personal.

Como anécdota, en el cine italiano cómico de la posguerra, tuvo especial éxito la escena en que un FIAT-Cinquecento –el utilitario italiano equivalente a lo que luego fue aquí el SEAT-600, se para en medio de la calle y su conductor no consigue arrancarlo… hasta que pronuncia la palabra mágica: ¡Guadalajara! El coche arrancó entonces a la velocidad de un meteoro.

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