Batalla de Jaljin Gol

Tropas de Mongolia rechazando un ataque de los japoneses sobre sus líneas defensivas. / Wikimedia

Tal día como hoy… 16 de septiembre de 1939 concluía la batalla de Jaljin Gol

 

El 16 de septiembre de 1939 concluía en Mongolia la batalla de Jaljin Gol, con una completa derrota japonesa frente al ejército rojo soviético. Fue una batalla ignorada que remató una guerra no declarada entre la URSS y el Japón, pero de consecuencias decisivas para el curso posterior de los acontecimientos que se avecinaban.

 

CV / La guerra duró entre mayo de 1938 y septiembre de 1939 y las razones del «ninguneo» histórico de que fue objeto son fundamentalmente dos. Por un lado, la guerra civil española y la escalada agresiva de la Alemania nazi acaparaban los titulares del momento en Europa, todavía por entonces el centro del mundo. Por el otro, ninguno de los contendiente, ni Rusia ni Japón, tuvieron ningún interés en airearla, sino todo lo contrario.

La URSS acababa de firmar con la Alemania nazi el pacto Ribetropp-Molotov, que Japón se tomó como una traición de Hitler

La guerra ruso-japonesa de 1904-1905 había significado la presentación en sociedad del Imperio japonés como potencia imperialista y militar. Era la primera vez en mucho tiempo que una potencia europea era derrotada –humillantemente, además- por un país oriental. Con la victoria, Japón se aseguró la posesión de Corea y empezó a intervenir directamente en China.

Treinta y cinco años después, el escenario geopolítico mundial estaba en un momento de máxima tensión. Alemania, aliada y afín a Japón, acababa de invadir Polonia. Francia y Gran Bretaña de habían declarado la guerra, pero el alcance que iba a tener todavía se ignoraba. La URSS acababa de firmar con la Alemania nazi el pacto Ribetropp-Molotov, que Japón se tomó como una traición de Hitler, desorientó a los partidos comunistas de todo el mundo y, otro hecho que suele ignorarse, propició el reparto de Polonia entre Hitler y Stalin.

Ataque del Ejército Rojo durante la batalla. / Wikimedia

Contra lo que fue la política japonesa durante la II Guerra Mundial, las ansias expansionistas niponas habían apuntado hasta entonces más hacia Siberia que hacia el Pacífico. Japón codiciaba Mongolia, que era un protectorado de la URSS, y aspiraba a controlar la Siberia oriental hasta el lago Baikal, zona rica por sus recursos naturales, el gran talón de Aquiles del imperio nipón. Los japoneses controlaban además la república títere de Manchuquo, que habían segregado de China y donde habían instalado a Pu Yi  -«el último emperador»- como «jarrón chino», nunca mejor dicho.

Los japoneses estaban al corriente de la debilidad del ejército soviético tras las enormes purgas de Stalin entre la oficialidad, y decidieron sacar partido de la situación

Los japoneses estaban al corriente de la debilidad del ejército soviético tras las enormes purgas de Stalin entre la oficialidad, y decidieron sacar partido de la situación. Japón estaba por entonces dominado por una élite militar abiertamente belicista, y parece ser que el estado mayor del ejército de Kwantung decidió iniciar las hostilidades por su cuenta, desobedeciendo las instrucciones del gobierno.

Los japoneses atacaron con un ejército de cerca de 80.000 hombres, 180 tanques y 450 aviones. El de Kwantug estaba considerado la élite del ejército imperial japonés. Al frente de las tropas soviéticas Stalin puso, algo sorprendentemente, al general Zhúkov, un discípulo del recién purgado mariscal Tujachevski, que había sobrevivido a las purgas y que, como aquél, era un entusiasta partidario de la guerra móvil con utilización de blindados, de acuerdo con las teorías recompiladas por el alemán Guderian en ‘Achtung Panzer!’ (1938). Las fobias de Stalin eran totales, de modo que si Tujachevski era un defensor del uso prioritario de los blindados y de la Blitzkrieg, esto bastaba para que Stalin fuese contrario a ella. Pero esta vez, afortunadamente para él, y quizás debido a la lejanía, dejó hacer…

Prisioneros japoneses hechos por el Ejército Rojo durante la batalla / Wikimedia

En Jaljin Gol se enfrentaron 40.000 japoneses, con 150 tanques y 250 aviones, a 55.000 soviéticos, 500 tanques y 250 aviones. Zúkhov hizo trizas la doctrina militar japonesa del momento, que consistía en mantener las posiciones a toda costa y esperar los refuerzos de retaguardia. Les había ido bien contra los chinos, pero con los tanques soviéticos rompiendo el frente, dos divisiones japonesas quedaron copadas y completamente destruidas. Puede que llegaran a tener 60.000 muertos, una cifra que supera a la de los teóricos intervinientes, pero verosímil en la medida que Japón intentó mitigar la magnitud del desastre.

Japón renunció a expandirse por Siberia y, frente al criterio de los generales, se impuso el de los almirantes: apuntar hacia el sur, hacia Indonesia

Y decimos que verosímil porque el escarmiento japonés fue tal, que con esta derrota cambió la actitud y la orientación de sus ambiciones expansionistas. Japón renunció a expandirse por Siberia y, frente al criterio de los generales, se impuso el de los almirantes: apuntar hacia el sur, hacia Indonesia, también rica en materias primas. Y se renunció a atacar nuevamente a la URSS, prefiriendo agredir a los EEUU.

El espía alemán al servicio de la Unión Soviética Richard Sorge –Ramsay-, se hizo con esta información y la comunicó a Stalin. Cuando en la primavera de 1941 Hitler invadió la URSS, Stalin sabía que los japoneses no iban a atacarle. Esto le permitió desplazar al frente occidental, cuando fue necesario, a Zhúkov y a sus fuerzas de élite al frente occidental.  Fueron los que detuvieron a Hitler frente a Moscú.

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