Batalla de las Pirámides

Batalla de las Pirámides, óleo de Louis-François Lejeune. / Wikimedia

Tal día como hoy… 21 de julio de 1798 tenía lugar la batalla de las Pirámides

 

El 21 de julio de 1798 tenía lugar en Egipto, cerca del Cairo, la batalla de las Pirámides entre las fuerzas francesas comandadas por Napoleón Bonaparte y el ejército mameluco. La completa victoria francesa estuvo a punto de consumar el objetivo de Napoleón de controlar Oriente Medio.

 

CV / En 1797, tras la victoria francesa contra la Primera Coalición, Bonaparte se había convertido en el hombre fuerte de la República francesa. Había conseguido ocupar la práctica totalidad del norte de Italia, derrotando a los austríacos y creando la República Cisalpina. Solo se le resistía Gran Bretaña, gracias a sus colonias de ultramar y su poderosa marina.

Napoleón propuso al Directorio atacar Egipto para desbaratar el comercio británico, controlar el Oriente Medio y amenazar desde allí directamente a la India

Napoleón propuso entonces al Directorio atacar Egipto para desbaratar el comercio británico, controlar el Oriente Medio y amenazar desde allí directamente a la India, la posesión británica más importante. Napoleón consideraba que con ello conseguiría sacar a Inglaterra de la guerra. Es posible que, con este objetivo, hubiera cerrado un pacto con el sultán Fateh Ali Tipu de Serignapatam –conocido como «El Tigre de Mysore»-, enemigo de los británicos. Pero para que éste se decidiera a enfrentarse abiertamente a Gran Bretaña, precisaba del apoyo militar francés, que solo podía llegar por tierra. Un proyecto ambicioso y de gran calado, para el cual se necesitaba controlar Oriente Medio.

Egipto era testimonialmente parte del Imperio otomano, aunque en la práctica funcionaba como un reino casi completamente independiente, y los otomanos eran neutrales en las guerras entre europeos. Pero esto no tenía que ser un problema para Napoleón. A su vez, los dirigentes franceses del Directorio estaban cada vez más preocupados por el ascenso, la popularidad y la ambición de Napoleón, de modo que accedieron a su propuesta pensando que no tenían nada que perder. Por un lado, quitaban de en medio a Bonaparte durante una buena temporada, y por el otro, si la operación resultaba un éxito, miel sobre hojuelas; y si no, se acabó Napoleón.

Napoleón partió el 17 de mayo de 1798 con una flota y su ejército del puerto de Tolón. Luego se dirigió hacia Egipto y desembarcó en Alejandría

Inglaterra estaba en aquellos momentos intentando contrarrestar una posible sublevación en Irlanda, pero aun así, e ignorando los planes de Napoleón, destacó al almirante Nelson con su flota al Mediterráneo. Napoleón partió el 17 de mayo de 1798 con una flota y su ejército del puerto de Tolón. Perseguido por Nelson, consiguió despistarlo cayendo sobre Malta y ocupando la isla, de la cual expulsó a los Caballeros Hospitalarios. Luego se dirigió hacia Egipto y desembarcó en Alejandría. Desde Alejandría marchó con 20.000 hombres hacia El Cairo, encontrándose cerca de las Pirámides con el ejército mameluco que venía a su encuentro, unos 50.000 hombres. En su arenga a los soldados previa al combate, se dice que pronunció la famosa frase, acaso apócrifa, “Soldados, cinco mil años de historia os contemplan”. Allí tuvo lugar la batalla.

Los mamelucos egipcios, comandados por Murad Bey e Ibrahim Bey, eran muy superiores en número, pero inferiores en armamento, que era tecnológicamente muy inferior, con armas de fuego anticuadas y abundando las espadas, los arcos y las flechas. Pero disponían de una poderosa y legendaria caballería, el arma de la que precisamente andaban escasos los franceses. Para superar a la caballería mameluca adoptó una táctica aparentemente defensiva, que potenciaba sus armas de fuego y la artillería. Formó a su ejército en cuadros de infantería «huecos», «rellenados» por artillería y caballería. Cuando la infantería aparentara ceder, la artillería dispersaría a la caballería enemiga y entonces entraría en acción la propia caballería francesa. Con esta táctica puso en fuga al ejército egipcio y obtuvo una victoria total.

Napoleón parecía tenerlo todo de cara. Pero diez días después, la escuadra inglesa de Nelson destruía completamente a la francesa cerca de Alejandría

Tras la victoria, y habiendo conseguido el control de Egipto, Napoleón parecía tenerlo todo de cara. Pero diez días después, la escuadra inglesa de Nelson destruía completamente a la francesa cerca de Alejandría, en la bahía de Abukir. Y las cosas empezaron a torcerse. Dominaba Egipto, pero tuvo que sofocar importantes revueltas y, lo más importante, estaba aislado. Napoleón decidió proseguir con su plan y marchar hacia la provincia otomana de Siria, venciendo a los turcos en varias batallas, pero su ejército quedó diezmado por las plagas. Consiguió tomar Jaffa, comportándose cruelmente con la población y la guarnición que se había rendido, y fracasó ante Acre. En mayo de 1799 regresó a Egipto, no sin antes haber ordenado la ejecución de los prisioneros y, para acelerar la marcha, abandonar a los enfermos.

Con la situación en Egipto estancada y habiéndole llegado noticias de que la situación política en Francia se estaba complicando, en julio de 1799 decidió abandonar Egipto y embarcó en una goleta con rumbo a Francia, dejando al mando de lo que quedaba de su ejército al general Kléber. La expedición a Egipto resultó ser un fracaso total, pero curiosamente, Napoleón la vendió como un éxito. A su regreso a Francia fue aclamado como un héroe victorioso. El 9 de noviembre, el 18 Brumario, dio un golpe de estado y se proclamó Primer Cónsul Vitalicio de la República. Un tiempo después, se autoproclamó emperador.

Después de todo, quizás lo más importante de la expedición a Egipto fue el descubrimiento de la Piedra de Rosseta.

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