Batalla de Leyte

El USS Princeton en llamas al este de Luzón / Wikimedia

Tal día como hoy… 26 de octubre de 1944 concluía la última gran batalla aeronaval de la II Guerra Mundial

 

El 26 de octubre de 1944, tras cuatro días de intensos combates, concluía en Leyte (Filipinas) la última gran batalla aeronaval de la II Guerra Mundial, con la práctica total destrucción de la flota japonesa. Fue la primera vez que los japoneses emplearon la técnica de los kamikazes, pilotos suicidas que se lanzaban contra los buques norteamericanos con aviones cargados de explosivos.

 

CV / En octubre de 1944 Japón estaba en claro retroceso y perdiendo la guerra con los EEUU. La «maldición» del almirante Yamamoto, cuando había replicado al estado mayor nipón prometiendo «seis meses de victorias», en una clara alusión a que éste era el tiempo que Japón iba a poder mantener la iniciativa en una guerra con los EEUU, se estaba cumpliendo inexorablemente. La verdad es que desde la batalla de Midway (junio 1942), los japoneses habían llevado las de perder en todos sus enfrentamientos directos con los norteamericanos. Seguían controlando amplios territorios ocupados a lo largo del Pacífico, pero estaban en claro reflujo y con serias dificultades para reponer sus pérdidas materiales navales y aéreas.

Los aliados atacaron precisamente en este punto [Leyte] para cortar las líneas de comunicación japonesas con Indonesia, que seguían ocupando

Leyte es una isla situada más o menos en el centro del archipiélago de las Filipinas, en su flanco este. Los aliados atacaron precisamente en este punto para cortar las líneas de comunicación japonesas con Indonesia, que seguían ocupando y de donde obtenían abundantes materias primas, como petróleo y caucho. Los mandos japoneses se percataron inmediatamente del grave peligro que el ataque aliado representaba y emplearon el grueso de la flota que les quedaba para repeler la invasión. En realidad fueron cuatro grandes batallas: mar de Sibuyán, estrecho de Surigao, cabo Engaño y Samar.

Los norteamericanos emplearon 8 portaviones convencionales, ocho ligeros y 18 de escolta -totalizando 1500 aviones-, 12 acorazados, 24 cruceros y 141 destructores, además de numerosas unidades auxiliares menores, como dragaminas, torpederas y submarinos. Los japoneses, cuya flota estaba ya seriamente mermada por sucesivas derrotas, emplearon 1 portaviones convencional y 3 de ligeros -que eran en realidad acorazados con pista de aterrizaje adaptada- 9 acorazados, 14 cruceros pesados, 6 cruceros ligeros y 35 destructores. Su capacidad aérea total se calcula en unos 750 aviones, la mayor parte de los cuales provenían de las bases terrestres en Filipinas, dada la menor capacidad de transporte aéreo de la flota japonesa.

El efecto kamikaze desconcertó al principio a los aliados

Los japoneses se organizaron en cuatro flotas que se desplazaron por distintos lugares para interceptar a los norteamericanos. Se ha demostrado que hubo series deficiencias de comunicación entre los japoneses, además de poca y mala información sobre la posición de las escuadras norteamericanas. Los almirantes nipones tampoco pudieron contar con el factor sorpresa que esperaban, y en evidente inferioridad de condiciones su victoria era imposible.

Se trataba de pilotos entrenados solamente para lanzarse en picado sobre el objetivo enemigo

El efecto kamikaze desconcertó al principio a los aliados. Se trataba de pilotos entrenados solamente para lanzarse en picado sobre el objetivo enemigo, y en realidad no era sino un claro síntoma de que Japón estaba perdiendo irremisiblemente la guerra. Además, hacia finales de 1944 Japón andaba escaso de pilotos experimentados… El efecto «kamikaze», aunque consiguió dañar y hasta hundir algún buque, fue en realidad más propagandístico que efectivo, dando a entender, eso sí, que Japón estaba resuelto a todo para resistir.

La victoria norteamericana fue total y sin paliativos

La victoria norteamericana fue total y sin paliativos. Los aliados perdieron 1 portaviones ligero y dos de escolta, 3 destructores y unos 200 aviones. Tuvieron unos 3.000 muertos. Los pocos barcos japoneses que no fueron hundidos se quedaron sin combustible y permanecieron inmovilizados a partir de entonces.

Las pérdidas humanas fueron de unos 12.500 muertos. En total, un 45% del tonelaje de su flota de guerra. Una derrota sin paliativos

Japón perdió su portaviones convencional, dos de ligeros, 3 acorazados, 10 cruceros, 11 destructores y unos 350 aviones. Las pérdidas humanas fueron de unos 12.500 muertos. En total, un 45% del tonelaje de su flota de guerra. Una derrota sin paliativos.

Tras la ocupación de Filipinas, que aconteció poco después, cerca de un millón de soldados japoneses quedaron aislados en Indonesia, y la flota imperial recibió un golpe de muerte, del que ya no se recuperó en los 9 meses de guerra que todavía quedaban.

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