Batalla de los Campos Cataláunicos

Manuscrito del siglo XIV que figura la batalla (Biblioteca Nacional de los Países Bajos). / Wikimedia

Tal día como hoy… 20 de septiembre del año 451 tenía lugar la batalla de los Campos Cataláunicos

 

El 20 de septiembre del año 451 tenía lugar la batalla de los Campos Cataláunicos. El general romano Aecio, al frente de una coalición de romanos, visigodos, francos y alanos, derrotó al ejército huno dirigido por Atila. Fue la última gran victoria de Roma antes de su caída definitiva.

 

CV / Años atrás, los godos se habían visto obligados a cruzar el Danubio, aprovechando que el frío invernal había helado sus aguas. Lo hicieron empujados por los hunos, un pueblo nómada originario de las estepas que se lanzó sobre Europa. Los godos entraron saqueando primero el Imperio Oriental, por las actuales Bulgaria y Hungría, hasta que el emperador del Imperio romano oriental –con capital en Constantinopla- les convenció, añadiendo el pago de un generoso tributo, que mejor les iría si se dirigían contra sus homólogos del este, el Imperio romano de occidente.

El Imperio romano de occidente se encontraba en un estado de descomposición política y social mucho más avanzado que el de oriente

El Imperio romano de occidente se encontraba en un estado de descomposición política y social mucho más avanzado que el de oriente. Los godos irrumpieron en Italia y en la Galia arrasándolo todo a su paso, sin que las mermadas fuerzas del Imperio pudieran hacer nada para impedirlo. No eran los únicos pueblos germanos que caían sobre Roma. Los vándalos habían ocupado el sur de Hispania y los alanos y los francos, aunque menos importantes por entonces también estaban instalándose por su cuenta, y violentamente, en territorios romanos. Al final, Roma llegó a un acuerdo con los godos, federándolos al Imperio y cediéndoles territorios de las Galias y de Hispania, que se comprometían a proteger de otros incursores. Su territorio abarcó nominalmente desde el Loira hasta el Ebro, situando su capital en Tolosa. Desde allí, teóricamente al servicio de Roma, expulsaron a los vándalos de Hispania y combatieron a los francos y a los alanos.

Pero pronto llegó un nuevo peligro que amenazó directamente tanto a la agonizante Roma como a los pueblos germanos que se estaban instalando, por las buenas o por las malas, en sus antiguos territorios. Tras sus primeros avances, los hunos habían entrado en un periodo de guerras intestinas que los mantuvieron entretenidos hasta que un nuevo caudillo los unificó: Atila. Tras convertirse en rey de los hunos, marchó sobre el Imperio occidental, con la evidente intención de hacerse con todos sus territorios. Sobre Atila y su crueldad circularon todo tipo de leyendas; se le llamó «el azote de Dios», y se decía, para ilustrar su salvajismo, que por donde pisaba su caballo no volvía a crecer la yerba.

Tras sus primeros avances, los hunos habían entrado en un periodo de guerras intestinas que los mantuvieron entretenidos hasta que un nuevo caudillo los unificó: Atila

El ejército romano, reducido y anticuado, no estaba en condiciones de presentar batalla a los jinetes hunos. Ni el abúlico emperador Valentiniano III parecía el más indicado para hacerle frente. En realidad, parece que estableció negociaciones secretas con los hunos, prometiéndoles los territorios de los visigodos si los atacaban. Pero era evidente que Atila no se iba a contentar con tan poco…

Ante esta amenaza, el general romano Flavio Aecio, al que algunos historiadores han llamado «el último romano», estableció un pacto con el rey visigodo Teodorico I, al que se unieron francos y alanos, para presentar batalla conjuntamente contra Atila. Ambos ejércitos, de más o menos unos 50.000 hombres cada uno, se enfrentaron en la actual Champaña francesa, cerca de Chalons, al norte de Francia, en la margen izquierda del río Marne. Aecio se alzó con una precaria victoria, muriendo en la batalla –se dice que a manos del propio Atila- el rey visigodo Teodorico.

Los Hunos en la batalla de los Campos Cataláunicos, por Alphonse de Neuville (1836–85) / Wikimedia

En cualquier caso, y pese a que la batalla acabó con la leyenda de la invencibilidad de los hunos, la intrigas políticas por Valentiniano y los recelos entre los romanos y el nuevo rey godo Turismundo, hijo de Teodorico, impidieron que se obtuviera ventaja de la victoria. Valentiniano sintió celos de Aecio y ordenó asesinarlo. A su vez, dos exoficiales de Aecio asesinaron a Valentiniano en venganza.

Al año siguiente de la derrota en los Campos Cataláunicos, Atila invadió el norte de Italia, pero acabó retirándose más allá del Danubio. También su estrella se apagó. Murió en el año 453, al parecer de una hemorragia nasal tras los excesos nocturnos después de su última boda con una princesa germana, Ildico. Otras versiones sugieren que fue apuñalado mientras estaba borracho por su otra esposa, Gudrun.

El Imperio huno no sobrevivió a Atila. Sus tres hijos empezaron a guerrear entre ellos por el trono, hasta que una coalición de visigodos y ostrogodos los derrotó. Los hunos se dispersaron y desaparecieron de la historia.

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