Batalla de Stalingrado

La batalla de Stalingrado había comenzado a finales de agosto de 1942 / En la imagen, el centro de Stalingrado tras la liberación. Créditos: Wikimedia. RIA Novosti archive

Tal día como hoy… 31 de enero de 1943 concluía la batalla de Stalingrado

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El 31 de enero de 1943, el mariscal Friedrich Paulus, comandante en jefe del VI ejército alemán, se rendía en Stalingrado a las tropas soviéticas del mariscal Georg Zúkov. Concluía la batalla más sangrienta de la II Guerra Mundial, que marcaría un punto de inflexión en el curso de la guerra. A partir de entonces, la suerte alemana comenzó a declinar.

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CV / Dos meses antes, el Afrika Korps alemán del mariscal Rommel había sido detenido y derrotado en el Alamein, en Egipto. Dos derrotas en dos frentes que daban al traste con los delirios de Hitler. Aunque después de Stalingrado aún se llevó a cabo un último esfuerzo con la ofensiva de Kursk en julio, lo cierto es que el ejército alemán no consiguió recuperarse de la derrota de Stalingrado; tampoco moralmente. Habían sido vencidos por los eslavos, a los que consideraban una raza inferior. El mito alemán empezaba a tambalearse y ya no se detendría hasta su caída final.

Tras la derrota alemana en Stalingrado el mito alemán empezaba a tambalearse y ya no se detendría hasta su caída final

La batalla de Stalingrado había comenzado a finales de agosto de 1942. Hitler había invadido la URSS en la primavera de 1941. Tras un rápido avance, la situación se había estancado. En el Báltico, la ciudad de Leningrado seguía resistiendo. En Moscú había sido rechazado y sus posibilidades de tomar la capital soviética se habían evanescido. Había llegado a las puertas de las dos ciudades más importantes de Rusia, pero no había logrado tomarlas. De haberlo conseguido, muy probablemente hubiera expulsado a los soviéticos al otro lado de los Urales y hoy estaríamos hablando de otra guerra.

Hitler decidió entonces atacar Stalingrado, una ciudad industrial situada a en la orilla occidental del Volga, con un nudo ferroviario que unía Moscú con el Mar Negro y el Cáucaso. Si tomaba Stalingrado podría tener acceso al petróleo del Cáucaso, elemento del que andaba muy necesitado, y cerraba el acceso ruso al Mar Negro.

Durante los tres primeros meses y medio, los alemanes casi consiguieron aplastar la desesperada resistencia soviética. Se luchó casa por casa y la Luftwaffe redujo la ciudad a escombros. Pero nunca logró tomar la ciudad por completo. Con la llegada del frío, para el cual los alemanes no estaban preparados, y del ejército del mariscal Zhúkov, los soviéticos iniciaron la contraofensiva.

Se ha dicho que Zhúkov siguió una estrategia similar a la empleada por Aníbal en la batalla de Cannas hacía más de dos mil años, cuando consiguió embolsar a las legiones romanas que le doblaban en número y aniquilarlas por completo. Mientras los alemanes seguían pugnando por avanzar en el casco urbano con la intención de tomar completamente la ciudad, Zhúkov contraatacó por los flancos, la parte más débil del ejército alemán, compuestos mayoritariamente por aliados croatas, rumanos, italianos y húngaros. A finales de noviembre, los dos cuerpos soviéticos convergían en el pequeño pueblo de Kalach, en la retaguardia alemana, y cerraban la tenaza.  El VI ejército alemán, con 250.000 hombres, quedaba cercado. Empezaba la agonía. Cuando Paulus se rindió, quedaban con vida unos 90.000 soldados alemanes.

De los 90.000 supervivientes alemanes, solo 5.000 sobrevivieron a la deportación y fueron repatriados a Alemania años después

Se calcula que las bajas totales entre ambos bandos fueron de más de dos millones. 700.000 muertos alemanes y más de 100.000 prisioneros; 500.000 muertos rusos y cerca de 700.000 heridos. En el lado alemán, el frío extremo y el hambre hizo auténticos estragos; se alcanzaron temperaturas de hasta -20ºC.

De los 90.000 supervivientes alemanes, solo 5.000 sobrevivieron a la deportación y fueron repatriados a Alemania años después. El mariscal Paulus fue hecho prisionero y actuó como testigo en los juicios de Nüremberg contra los jerarcas nazis. Posteriormente, parece ser que se pasó al bando soviético y participó en la organización de los servicios de espionaje de la RDA. Murió en Dresde, Alemania Oriental, en febrero de 1957, a los 67 años de edad.

Georg Zhúkov alcanzó la cima de la gloria militar y se convirtió en el general más prestigioso de la URSS. Había derrotado a los japoneses antes de la II Guerra Mundial, detuvo a los alemanes a las puertas de Moscú y, dos años y medio después de Stalingrado, entraba en Berlín al frente del ejército rojo. Fue tal su fama y su prestigio entre la población, que ni siquiera Stalin se atrevió con él. Murió el 18 de junio de 1974, a los 78 años de edad.

Sobre las victorias del Alamein y de Stalingrado, dijo Winston Churchill: “No es el final de la guerra, ni siquiera el principio del final, pero sí el final del principio”.

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También hoy, 31 de enero se cumplen estas otras efemérides

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