Batalla de Verdún

Soldados franceses en su trinchera (1916). / Wikimedia

Tal día como hoy… 19 de diciembre de 1916 concluía la batalla de Verdún

 

El 19 de diciembre de 1916, tras diez meses de encarnizados combates, el ejército alemán daba por concluida su ofensiva sobre la Lorena francesa, sin haber conseguido ninguno de sus objetivos contra el ejército francés. Concluía con ello la batalla de Verdún, la más sangrienta de toda la I Guerra Mundial, con más de medio millón de bajas por ambos bandos.

 

CV / La batalla de Verdún fue un proyecto del estado mayor alemán, concebido para liquidar al ejército francés y acelerar el final de una guerra que a Alemania se le empezaba a hacer demasiado larga. Al inicio de la guerra, en agosto de 1914, los alemanes habían intentado noquear a Francia rápidamente según el plan Schlieffen, pero fueron derrotados en el Marne, a 40 km de París. Luego vinieron la carrera hacia el mar y los campos de trincheras. Una guerra de desgaste en la cual Alemania, privada de sus colonias de ultramar por el dominio británico del mar, tenía que afrontar desde una situación de bloqueo y en la cual, sin ser derrotada, llevaba en último término las de perder por sus problemas de abastecimiento de materias primas.

La batalla de Verdún fue un proyecto del estado mayor alemán, concebido para liquidar al ejército francés y acelerar el final de una guerra que a Alemania se le empezaba a hacer demasiado larga

Dado que el ejército británico contaba al principio de la guerra con apenas 150.000 efectivos, y a principios de 1916 aún no había acabado de completar la movilización masiva, los generales alemanes, conscientes de que el tiempo iba en su contra, decidieron emprender una ofensiva con la intención de, literalmente, desangrar al ejército francés dejándolo fuera de combate. Es decir, conseguir lo que no se había conseguido un año y medio atrás. El objetivo elegido fue Verdún, una población fortificada en el noreste de Francia a orillas del Mosa. Confiados en su superioridad, los alemanes estaban convencidos de que los franceses no iban a reparar en pérdidas con tal de no ceder terreno, y que con ello el ejército francés quedaría noqueado. Minusvalorar al enemigo ha sido muchas veces a lo largo de la historia la razón última de la derrota. Y esto es lo que les pasó a los alemanes en Verdún.

Se calcula que, en total, intervinieron en los combates un millón y medio de soldados por parte alemana, y otro millón y medio por parte francesa. Desde febrero hasta diciembre de 1916 los alemanes y los franceses lucharon por una proporción insignificante de territorio que en ambos casos consideraban simbólica. Tras los primeros éxitos alemanes, con la toma de Fort Douaumont al tercer día de la ofensiva, el avance alemán se desaceleró debido a la obstinada resistencia francesa, pese a sus numerosísimas bajas, y la situación se fue enquistando entre ofensivas y contraofensivas que causaron centenares de miles de muertos, una auténtica carnicería.

 

Parecía que el plan alemán en cierto modo funcionaba, con una importante salvedad, que fue a la postre decisiva: no solo se estaban desangrando los franceses, sino también los alemanes, y en proporción mucho mayor que la esperada. Hubo posiciones, como la de Fleury, que en solo un mes cambiaron de manos dieciséis veces: cuando un bando conseguía tomarla, estaba tan diezmado que no podía resistir la contraofensiva de las tropas enemigas traídas de retaguardia…

Por otro lado, el estado mayor alemán sufrió una contrariedad que desencajaba sus planes iniciales. Los británicos, ya con un ejército de masas preparado para aquel tipo de guerra, iniciaron una potente ofensiva en el Somme, desbaratando los proyectos alemanes de concentrar todas sus fuerzas en Verdún. En Verdún pronunció el general Nivelle –también atribuida a Petain- “Ils ne passeront pas”, el famoso «no pasarán» que luego se popularizó también en el Madrid republicano de la guerra civil española.

El estado mayor alemán tuvo que asumir la prosaica realidad: la ofensiva había resultado un fracaso y un desgaste del que sería difícil recuperarse

Con los alemanes obligados a dispersar sus fuerzas entre el Somme, el frente del este y Verdún, los franceses iniciaron una contraofensiva que, en diciembre, había dejado las posiciones respectivas prácticamente en el punto de partida, eso sí, al precio de un millón de bajas entre ambas partes. El estado mayor alemán tuvo que asumir la prosaica realidad: la ofensiva había resultado un fracaso y un desgaste del que sería difícil recuperarse. El comandante en jefe alemán, Eric von Falkenhayn fue destituido y reemplazado por el dúo Hindenburg-Lündendörf, que ante la agobiante situación en que se encontraba Alemania, optaron por la guerra submarina sin límites, lo que llevó a la postre a la intervención norteamericana en la guerra, y a la derrota alemana. Verdún marcó, sin duda, un punto de inflexión. Al final, desde el punto de vista de la guerra en su conjunto, quien acabó desangrado fue el ejército alemán…

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