Batalla de Waterloo

Batalla de Waterloo, 1815 pintura de William Sadler/ Wikimedia

El 18 de junio de 1815, cerca de la población belga de Waterloo, tuvo lugar una de las batallas más famosas y estudiadas de la historia. En ella, Napoleón fue definitivamente derrotado, la monarquía absoluta restablecida en Francia. Se pensó que con ello se había acabado con las últimas consecuencias de la Revolución Francesa, y que todo volvería a ser como antes.

 

CV / Para Napoleón, la batalla de Waterloo fue su canto del cisne. Había regresado tras evadirse de su forzado exilio en la isla de Elba –en el mar Tirreno- cien días antes, y en su marcha hacia París, fue recogiendo adhesiones y aclamado por la población. Luis XVIII, el monarca absoluto restablecido por la Santa Alianza, huyó despavorido a las primeras de cambio, Napoleón entró triunfante en París y restableció el Imperio, jurando esta vez cumplir la Constitución.

El dueño de Europa había dejado de serlo desde que en Rusia, en 1812, se había descubierto que no era invencible, y los pueblos y monarcas sometidos por él se alzaron y se unieron a los rusos y a los británicos

Pero ya no era el mismo. El dueño de Europa había dejado de serlo desde que en Rusia, en 1812, se había descubierto que no era invencible, y los pueblos y monarcas sometidos por él se alzaron y se unieron a los rusos y a los británicos. En octubre de 1813 fue derrotado en Leipzig. Incapaz ya de resistir y con Francia exhausta, París fue ocupada por los aliados, Napoleón abdicó y se restableció en el trono de Francia a un Borbón, Luis XVIII, hermano del guillotinado Luis XVI. A Napoleón se lo confinó a la isla de Elba.

Luis XVIII era un hombre gris y resentido, de convicciones absolutistas y ultraconservadoras –una especie de Fernando VII en francés- que ni supo ni quiso aprovechar el agotamiento de Francia y el hastío por las guerras en que la había metido Napoleón, y no hizo nada para ganarse al pueblo. Todo lo contrario. Aunque contemporizó más que su estulto pariente carpetovetónico, lanzó una feroz represión contra bonapartistas, republicanos y contra todo lo que oliera a democracia. Por esto, cuando corrió la noticia de la vuelta de Napoleón, se le abrieron las puertas de par en par.

En un principio, Napoleón, limitado por la Constitución, intentó vivir en paz con sus vecinos. Pero ni Gran Bretaña ni Austria estaban dispuestas a permitir que su enemigo mortal permaneciera en el poder en Francia como una permanente amenaza. Además, había que liquidar todo residuo de la Revolución Francesa. Y Napoleón, al fin y al cabo, era una de sus consecuencias. Las potencias europeas, con Inglaterra a la cabeza, le declararon la guerra, organizándose contra él una nueva coalición formada por la misma Inglaterra, Austria, Prusia, los principados alemanes, Holanda y Rusia.

Las potencias europeas, con Inglaterra a la cabeza, le declararon la guerra, organizándose contra él una nueva coalición formada por la misma Inglaterra, Austria, Prusia, los principados alemanes, Holanda y Rusia

Napoleón invadió Bélgica, para intentar darle allí el golpe al general inglés, el duque de Wellington, antes de que se le unieran las fuerzas prusianas. En su obra ‘Momentos Estelares de la Humanidad’, Stefan Zweig nos cuenta la historia de un mediocre, el mariscal Grouchy, al cual Napoleón envió al frente de un cuerpo de ejército con la misión de interceptar a los prusianos para impedir que se unieran a Wellington. Como Grouchy no conseguía dar con los prusianos, sus oficiales entendieron que estos les habían sobrepasado, y le sugirieron al mariscal que volviera sobre sus pasos y se reuniera con Napoleón, porque allí debían estar ya los prusianos. Pero él, hombre gris incapaz de saber entender una orden más allá de su literal, se negó obstinadamente. Cuando, finalmente, lo entendió y dio orden de dirigirse a Waterloo, fue demasiado tarde.

En Waterloo se enfrentaron unos 80.000 soldados de l’Armée Impérial, al mando de Napoleón, contra unos 125.000 entre británicos, holandeses y prusianos, además de contingentes de distintos principados alemanes, todos ellos con el duque de Wellington al mando. Napoleón vendió cara su derrota, pero fue vencido. Perdió unos 40.000 hombres, entre muertos y heridos, por 24.000 de los aliados. La llegada de los prusianos fue determinante, de no ser por ellos, la posición de Wellington hubiera sido insostenible. Y la ausencia del cuerpo de ejército de Grouchy, también fue determinante. Tras la derrota, Napoleón ya no podía reponer sus bajas. Para él fue el final.

En Waterloo se enfrentaron unos 80.000 soldados de l’Armée Impérial, al mando de Napoleón, contra unos 125.000 entre británicos, holandeses y prusianos

A su vuelta a París, el pueblo le seguía apoyando, pero los banqueros ya no. Abdicó en su hijo Napoleón II y se entregó a los aliados. Fue desterrado a la isla de Santa Elena, situada en el Atlántico sur, entre África y Sudamérica. Allí murió seis años después, el 5 de mayo de 1821.

Luis XVIII fue de nuevo repuesto en el trono. Con el restablecimiento del absolutismo en toda Europa, parecía que el espíritu de la revolución había sido definitivamente atajado y que todo volvería a ser como antes. Pronto se pudo comprobar que no era así…

 

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En la misión espacial soviética Vostok 6, Valentina Tereshkova se convertía en la primera mujer cosmonauta de la historia.

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Jueves, 18 de junio 1815

Napoleón era derrotado en la batalla de Waterloo. Tras su abdicación, fue desterrado a la isla de Santa Elena.

Viernes, 19 de julio de 1953

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