Batalla de Zama

La batalla de Zama. Ilustración de Cornelis Cort (1567). / Wikimedia

Tal día como hoy… 19 de octubre del año 202 aC tenía lugar la Batalla de Zama

 

El 19 de octubre del año 202 aC tenía lugar en Zama, cerca de Cartago, la última batalla de la II Guerra Púnica. Enfrentó a los ejércitos romanos al mando de Escipión el «Africano» contra los cartagineses de Aníbal. La derrota cartaginesa marcó el final de la guerra y de una época.

 

CV / La segunda guerra entre Cartago y Roma duraba ya dieciséis años. Aníbal había caído sobre Italia en el 218 aC y en los dos años siguientes había derrotado a los romanos en las propias puertas de su casa, poniendo a la república romana literalmente contra las cuerdas. Pero tras la victoria de Cannas (216 aC) y la posterior toma de la importante ciudad de Capua, su estrella empezó a apagarse.

En Hispania, Aníbal había dejado al cargo a su hermano Asdrúbal. No era un mal general, pero carecía del genio y el carisma de Aníbal

Los romanos entendieron que se las tenían con un genio militar y empezaron a evitar las grandes batallas en campo abierto, recuperando las tácticas fabianas que tanto habían criticado en su momento. Y optaron por debilitarle atacando sus bases de apoyo en Hispania. Tampoco le ayudaron a Aníbal las trifulcas internas en el senado cartaginés, que le negó refuerzos precisamente en el momento en que hubieran podido decidir la guerra a favor de Cartago.

En Hispania, Aníbal había dejado al cargo a su hermano Asdrúbal. No era un mal general, pero carecía del genio y el carisma de Aníbal. Los romanos enviaron a los hermanos Publio y Cneo Escipión con cuatro legiones. Tras algunas victorias romanas, Asdrúbal consiguió derrotarlos y darles muerte. Pero no fue esta su suerte, sino más bien su desgracia, porque la muerte de los hermanos Escipiones puso al frente de los ejércitos romanos en Hispania a un hijo y sobrino, respectivamente, de ambos, un joven de 25 años llamado Publio Cornelio Escipión, luego apodado «el Africano».

El joven Escipión dio en poco tiempo la campanada tomando la capital cartaginesa en Hispania, Cartago Nova -Cartagena- y pronto controló todo el Mediterráneo peninsular

El joven Escipión dio en poco tiempo la campanada tomando la capital cartaginesa en Hispania, Cartago Nova -Cartagena- y pronto controló todo el Mediterráneo peninsular. Entonces puso en marcha la siguiente fase de su plan, atacar directamente a Cartago en África. Era devolverle la visita a Aníbal, con la diferencia de que la estructura política cartaginesa no era, ni de lejos, tan sólida como la romana.

Tras desembarcar en África, supo intervenir hábilmente en la guerra civil númida, consiguiendo que el joven rey Masinisa se pasara a los romanos. Para Cartago esto fue la puntilla. Una cosa era Aníbal, y otra Cartago, cuya capacidad combativa dejaba mucho que desear. El senado cartaginés, aterrorizado, llamó a Aníbal para que regresara de Italia. A Aníbal pocas fuerzas le quedaban del victorioso ejército que había irrumpido en Italia dieciséis años antes. Sin refuerzos y con sus tropas mermadas, vagaba errabundo por la zona del Brutium sin solución de continuidad. Aun así, la incompetencia del senado cartaginés fue tal que ni siquiera le enviaron barcos suficientes para llevar a sus tropas a África, lo que le obligó a sacrificar su magnífica caballería antes de partir de Italia.

Retrato de Publio Cornelio Escipión el Africano como senador romano. / Wikimedia – Fotógrafo: Massimo Finizio

Cuando llegó a África, los cartagineses pensaron que el halo de invencibilidad de Aníbal era suficiente para derrotar a las curtidas legiones romanas. Aníbal sabía que no era así y les aconsejó aceptar los términos de paz puestos por Escipión. Pero contra su opinión, como de costumbre, el senado cartaginés optó por proseguir la guerra. Antes de la batalla, Aníbal y Escipión -que admiraba a su enemigo- se entrevistaron sin resultado alguno. Y a falta de acuerdo, al día siguiente comenzó la batalla.

Se enfrentaron unos 55.000 soldados cartagineses contra unos 35.000 romanos y aliados. La mayoría del ejército de Aníbal eran mercenarios bisoños reclutados a toda prisa -excepto los veteranos traídos de Italia-, mientras que las legiones de Escipión estaban curtidas en las campañas de Italia e Hispania. Además, la gran arma cartaginesa, los elefantes, estaban mal adiestrados y Escipión les tenía preparada una sorpresa.

Aníbal Barca / Wikimedia – © 1932 por Phaidon Verlag (Viena-Leipzig)

Aníbal dividió su ejército en tres cuerpos, una fuerza de choque con los elefantes, un segundo grupo con las tropas de menor capacidad combativa, y la reserva compuesta por las tropas de élite que traía de Italia, para acudir adónde fuera preciso. A la primera embestida cartaginesa, los romanos eludieron a los elefantes mediante un sistema de «pasillos» ideado por Escipión, asustándolos con teas para que entraran en pánico y se revolvieran en estampida contra las fuerzas cartaginesas. Aníbal hizo entrar en acción entonces al segundo grupo, que las legiones romanas liquidaron sin problemas. La llegada de la reserva de nada sirvió. Al atardecer, los romanos eran los dueños del campo y Aníbal se retiró a Cartago, comunicándoles a los senadores que todo estaba perdido.

Con la firma del tratado de paz, Cartago dejó de ser una potencia importante, y Roma se convirtió en la dueña del Mediterráneo occidental

Escipión hubiera podido destruir Cartago allí mismo, pero ya sea por la admiración que le profesaba a Aníbal o por cualquier otra razón, impuso a Cartago un tratado de paz aceptable, que luego el senado romano empeoró notablemente en perjuicio de los cartagineses. Con la firma del tratado de paz, Cartago dejó de ser una potencia importante, y Roma se convirtió en la dueña del Mediterráneo occidental. Pronto iría a por el oriental.

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