Batalla de las Égadas

Égadas

El poderío naval cartaginés, antaño el más poderoso del Mediterráneo, quedaba completamente liquidado y jamás volvería a recuperarse

Tal día como hoy… 10 de marzo del año 241 a.C. tenía lugar la batalla de las Égadas

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El 10 de marzo del año 241 a.C., la flota romana destruía a la cartaginesa en la batalla de las Égadas, frente a la costa de Marsala (Sicilia), poniendo punto final a la I Guerra Púnica (264-241 a.C.), después de 23 años de conflicto.

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CV / En el posterior tratado de paz, Cartago perdía Sicilia y se comprometía a un fuerte pago por indemnización de guerra a Roma. Poco después, con Cartago sumida en el caos por la rebelión de los mercenarios -en cuyo contexto Flaubert sitúa su novela ‘Salambó’-, los romanos pensaron que acaso habían sido demasiado blandos con sus condiciones y ocuparon unilateralmente Córcega y Cerdeña, arrebatándoles ambas islas. El poderío naval cartaginés, antaño el más poderoso del Mediterráneo, quedaba completamente liquidado y jamás volvería a recuperarse. Su lugar lo ocuparía Roma, una república que al empezar el conflicto carecía de marina de guerra.

La I Guerra Púnica marcó un punto de inflexión a partir del cual el ascenso de Roma devino imparable y, en su resultado, dejaba en gran medida escrito el de la segunda

La I Guerra Púnica es menos conocida que la segunda. Quizás por carecer del «glamour» de figuras como Aníbal, Escipión el Africano o Arquímedes; o porque la segunda llegó a un punto en que ambas repúblicas se jugaban su propia supervivencia, lo cual no es del todo cierto en el caso de Roma. Aun así, marcó un punto de inflexión a partir del cual el ascenso de Roma devino imparable y, en su resultado, dejaba en gran medida escrito el de la segunda.

La causa de la guerra fue la intervención de Roma en el conflicto que en Sicilia mantenían los cartagineses y los griegos. Al carecer de flota, los romanos cruzaron el estrecho de Mesina en balsas improvisadas y pronto impusieron la superioridad militar de sus legiones frente a los ejércitos mercenarios de los cartagineses, pero éstos consiguieron mantener algunas  plazas fuertes gracias a su dominio absoluto del mar. Roma se planteó entonces la necesidad de construir una flota de guerra que contrarrestara la superioridad naval cartaginesa. No era cosa fácil.

Roma llegó a construir hasta cuatro flotas de más de 250 naves cada una de ellas. Aun consiguiendo algunas victorias, las tres primeras se hundieron en tempestades y la tercera fue destruida por los cartagineses en Drepano. La cuarta –al mando del cónsul Cayo Lutacio Cátulo- aniquiló para siempre el poderío marítimo cartaginés en las Égadas.

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Régulo, ejemplo de las virtudes romanas republicanas

Quizás el episodio más conocido de esta guerra sea el de Régulo, por la divulgación que Rousseau hizo de este personaje dos mil años después, poniéndolo como ejemplo de las virtudes romanas republicanas que tanto admiraba: la entereza, el honor, la austeridad, el rigor… Brevemente, fue como sigue.

En el  256 a.C. la guerra en Sicilia había llegado a una situación de impasse y el Senado romano decidió cambiar de estrategia, atacando directamente a la ciudad de Cartago –situada cerca de la actual Túnez-. El cónsul Cayo Atilio Régulo desembarcó en África con 40.000 hombres, derrotó a los incompetentes generales cartagineses y se plantó a la vista de las murallas de Cartago, retirándose a sus cuarteles de invierno con la idea de atestar el golpe definitivo con la llegada de la primavera.

Los romanos rechazaron la paz y propusieron a Régulo quedarse en Roma, oferta que rehusó aduciendo que estaba bajo palabra

Mientras tanto, los atemorizados cartagineses contrataron al general espartano Xantipo, que instruyó durante el invierno a las tropas en las técnicas de la falange griega. Al reanudarse las hostilidades, Xantipo destrozó completamente a los romanos en el Bagrades y el propio Régulo cayó prisionero. Cinco años después, con la guerra pintando de nuevo muy mal en Sicilia, el Senado cartaginés decidió enviar a Roma una legación para negociar la paz. En ella se incluyó a Régulo, con la promesa de que si se obtenía la paz, quedaría en libertad, pero si no, regresaba preso a Cartago.

Una vez en Roma, Régulo habló ante el Senado instándolo a proseguir con la guerra porque, en su opinión, Cartago estaba exhausta. Los romanos rechazaron la paz y propusieron a Régulo quedarse en Roma, oferta que rehusó aduciendo que estaba bajo palabra. De vuelta a Cartago, no parece que los cartagineses apreciaran en demasía su gesto. Fue torturado y enterrado hasta el cuello, muriendo de inanición o quemado por el Sol. Desde entonces, Régulo fue considerado el ejemplo moral del cumplimiento del honor en la palabra dada.

Así, al menos, nos lo expuso Rousseau, aunque se trate de un episodio de dudosa veracidad histórica. Cierto que el relato de Régulo era una tradición romana, pero muy probablemente posterior a los hechos en que se inscribe. Polibio, el historiador de las Guerras Púnicas y testigo directo de la destrucción de Cartago en la tercera, ni siquiera lo cita. Sea como fuere, ahí queda.

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También un 10 de marzo se cumplen estas otras efemérides

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