Beau Brummell

George Bryan Brummell / Wikimedia

Tal día como hoy… 7 de junio de 1778 nacía George Bryan Brummell

 

El 7 de junio de 1778 nacía en Londres George Bryan Brummell, más conocido como Beau Brummell –el bello Brummell-. Considerado en su época el árbitro de la moda y la elegancia en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX. 

 

CV / Sin que se le conozca otra actividad y en la medida que vivió del personaje que él mismo se había inventado, podría considerarse el primer «famoso» de la historia, sin otra actividad que, precisamente, la de «famoso». O también acaso, marsenianamente hablando, un «pijoaparte» avant la lettre.

Brummell podría considerarse el primer «famoso» de la historia, sin otra actividad que, precisamente, la de «famoso»

Era de orígenes humildes. Su abuelo había sido un modesto tendero; su padre alteró la trayectoria familiar ganándose la amistad de Lord North, por cuenta del cual realizó pingües negocios que, en agradecimiento, la valieron ser nombrado gobernador de Berkshire cuando éste llegó a Primer Ministro. En el cargo de gobernador amasó una considerable fortuna, que le permitió enviar a su hijo, nuestro Beau Brummell, al selecto colegio de Eton y a la Universidad de Oxford, donde adquirió fama de ingenioso y de lengua afilada, cualidades que se dedicaría a explotar durante el resto de su vida. Allí conoció también al que sería su valedor, el príncipe de Gales y futuro rey Jorge IV de Inglaterra.

Eran tiempos de cambio. La Revolución Francesa sacudió de una forma u otra todas las sociedades europeas y cambió profundamente sus estructuras sociales y económicas, dando pie a la Revolución Industrial, cuyos primeros pasos se habían desarrollado en Inglaterra desde la segunda mitad del XVIII. Y el cambio en las estructuras profundas produjo también otros más superficiales, como fue el caso de los cambios de indumentaria. En otras palabras, el ascenso de la burguesía supuso que impusiera también sus propios criterios a la hora de vestir. En Francia surgirá la figura del «seductor», en Inglaterra la del «dandi», ambas son en realidad manifestaciones de lo mismo, solo que el énfasis recae en ámbitos distintos.

A los 21 años heredó de su padre 30.000 libras esterlinas, una fortuna en aquella época, y se dedicó a perfeccionar su propia imagen como un auténtico oficio

Beau Brummell debió entenderlo muy bien y sin duda encontró el papel que quería ejercer en todo este nuevo orden de cosas, y trabajó su imagen para crearse un personaje que se adaptara al que había imaginado. Tras su paso por Oxford regresó a Londres y se dedicó a mantener una intensa vida social, aprovechando la fascinación que ejercía sobre el príncipe de Gales. A los 21 años heredó de su padre 30.000 libras esterlinas, una fortuna en aquella época, y se dedicó a perfeccionar su propia imagen como un auténtico oficio. Para mejorar su currículum, ingresó en el ejército, comprando el grado de capitán, abandonándolo al poco tiempo porque no le dejaba tiempo para su intensa vida social…

Pronto, además, la inhabilitación de Jorge III por su locura llevó al príncipe Jorge a convertirse en regente; un regente mujeriego, amante de la vida social, dilapidador y casado secretamente con una católica, que tuvo en Brummell a su maestro y «ministro» de la moda. Consiguió que los nuevos ricos burgueses, los aristócratas y, muy especialmente, las mujeres, se rindieran a sus dictados. Fue el dandi perfecto; exhibicionista, ingenioso y auténtico rey de la farándula. Abogó por la higiene personal y se bañaba diariamente en leche, como Cleopatra. Se le atribuye la introducción del traje moderno de caballero, con corbata o pañuelo en el cuello, según el caso. Dandi como profesión a tiempo completo. Su divisa era pasar notoriamente desapercibido: conspicuosly unconspicuous.

Brummell acabó arruinado y sin mentores

Pero el oficio de dandi depende más que otros de un factor terriblemente contingente y fugaz: el reconocimiento. Y claro, igual que viene, se va. Brummell acabó arruinado y sin mentores. Sin que se sepan exactamente las causas, al príncipe de Gales dejaron un buen día de hacerle gracia las jocosas insolencias con que hasta entonces le había obsequiado Brummell. Además, estaba arruinado y cargado de deudas de todo tipo, incluidas las de juego. A los 38 años, coincidiendo con el nombramiento de Jorge como regente, la casa de Brummell se convirtió en un asedio en toda regla a cargo de sastres, zapateros, joyeros, comerciantes de vinos… y las deudas de honor, claro.

Al príncipe de Gales dejaron un buen día de hacerle gracia las jocosas insolencias con que hasta entonces le había obsequiado Brummell

Para evitar la cárcel pasó a Francia, instalándose con lo puesto en Calais, sin ni siquiera un pasaporte oficial. De noche, rememoraba sus antiguos banquetes con simulacros que escenificaba en solitario. En Francia adquirió nuevas deudas y llegó a pasar por la cárcel. Dejó de asearse, convirtiéndose en un pordiosero. También avanzaba la sífilis que había contraído años antes, con frecuentes accesos de locura… Un juguete roto.

Beau Brummell, auténtico rey del glamour en otros tiempos, murió olvidado en el asilo de caridad pública de Caen (Francia) el 30 de marzo de 1840 a los 61 años. Sic transit gloria mundi.

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