Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós / Wikimedia

Tal día como hoy… 4 de enero de 1920 fallecía en Madrid Benito Pérez Galdós

 

El 4 de enero de 1920 fallecía en Madrid Benito Pérez Galdós. Novelista, dramaturgo y cronista, es uno de los grandes literatos del siglo XIX español. De él dijo Max Aub que “No hubo, desde Lope, ninguno tan popular, desde Cervantes, ninguno tan universal”. Fue propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912.

 

CV / Nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843. Estudió Bachillerato en el Instituto de la Laguna (Tenerife) y pasó luego a Madrid para estudiar Derecho en la Universidad. Fue testigo privilegiado de los acontecimientos de la España de la segunda mitad del XIX, que plasmó en sus obras.

Como escritor, transformó el panorama literario español, apartándose del romanticismo y apostando por el naturalismo

Como escritor, transformó el panorama literario español, apartándose del romanticismo y apostando por el naturalismo. Entre otros viajes, estuvo como corresponsal en París durante la Exposición Universal de 1867, de donde volvió con las obras de Balzac y Dickens, que ejercieron sobre él gran influencia. En Madrid, fue asiduo a las tertulias literarias y al Ateneo. En 1870 publicó su primera novela, ‘La Fontana de Oro’, que refiere precisamente a las tertulias políticas y conspiraciones durante la época del Trienio Liberal (1820-1823).

Se interesó por la política, muy especialmente en su juventud y en la etapa final de su vida, adscribiéndose a los republicanos a la vez que se inclinaba cada vez más hacia el socialismo. En realidad, como indicó oportunamente José Mª Jover en su ‘Realidad y Mito de la Primera República’ (1991), fue Galdós quien habló por primera vez de «la I República», antes de que se produjera la segunda, en la confianza de que la habría tarde o temprano. Fue diputado a Cortes en los periodos 1896-1890, 1907-1914 y 1914-1916. Inquieto y preocupado por el secular retraso español, apostó decididamente por las ideas progresistas, sin ocultar nunca un cierto pesimismo histórico por el destino de España.

Su obra es, en definitiva, un magistral retrato del siglo XIX español en el que vivió la mayor parte de su existencia

Su obra es, en definitiva, un magistral retrato del siglo XIX español en el que vivió la mayor parte de su existencia. Fue él mismo también un cronista de primera mano, conoció y se codeó con las grandes personalidades de su tiempo, escritores, políticos… Se le ha llamado El Cronista de España, las contradicciones de cuya sociedad supo expresar como nadie, con sus atavismos y sus modernidades, sus rémoras y sus contradicciones, sus miserias y sus grandezas… y su inexorable destino.

Su obra más extensa es la serie conocida como los ‘Episodios Nacionales’, una colección de cuarenta y seis novelas históricas divididas en cinco series, que fue escribiendo a lo largo de cuarenta años, desde ‘Trafalgar’ (1873), hasta ‘Cánovas’ (1912). Es decir, la práctica totalidad del siglo XIX, desde la batalla de Trafalgar en 1805, hasta la restauración canovista de 1875 con Alfonso XII, pasando por todos los acontecimientos y personajes de la época. No pudo concluir la última entrega, que iba a ser el auténtico colofón de su monumental obra: Sagasta, Alfonso XII, la Reina Regente y las colonias perdidas.

No pudo concluir la última entrega, que iba a ser el auténtico colofón de su monumental obra: Sagasta, Alfonso XII, la Reina Regente y las colonias perdidas

Pero sí dejó manifiestamente clara su opinión sobre la situación política de la Restauración y sobre la clase política –o quizás mejor habría que decir «la clase de políticos»- que la protagonizó. Un texto para el cual, desgraciadamente, parece no pasar el tiempo:

“Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo, no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…”

(Episodios Nacionales, Cánovas)

En el plano sentimental, su debilidad fueron las actrices y modelos, con varias de las cuales mantuvo sonados romances, aunque siempre se mostró muy reservado con su vida privada. También mantuvo una relación con la novelista Emilia Pardo Bazán. Tuvo, que se sepa, una hija natural con la modelo Lorenza Cobián, que reconoció legalmente, María Galdós Cobián.

Igual que le ocurrió a su amigo y contemporáneo Leopoldo Alas ‘ Clarín’, Galdós fue ignorado y boicoteado por los sectores más ultramontanos de la sociedad española

Igual que le ocurrió a su amigo y contemporáneo Leopoldo Alas ‘ Clarín’, Galdós fue ignorado y boicoteado por los sectores más ultramontanos de la sociedad española, que eran muchos y muy poderosos. El catolicismo tradicionalista lo tuvo como una de sus bestias negras. Se ha dicho que esta animadversión fue uno de los factores que influyó en la no concesión del Premio Nobel en 1912.

Pasó los últimos años de su vida ciego y cargado de deudas. El 19 de enero de 1919, un año antes de su muerte, se erigió por suscripción pública una estatua en su honor, obra del escultor Victorio Macho, en el parque del Retiro de Madrid. Al no poderla ver debido a su ceguera, pidió ser alzado para poderla palpar, tras lo cual lloró de emoción por la fidelidad de la obra. Murió el 4 de enero de 1920 en su casa de Madrid.

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