Bioimplante capaz de reparar el tejido cardíaco

Imagen: IBEC

La revista “EBioMedicine” de “The Lancet” acaba de publicar el procedimiento que permitió la creación, el año pasado, del “PeriCord”, el primer bioimplante cardíaco humano, en cuya elaboración el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) tuvo un papel clave.

 

IBEC / En mayo de 2019, una colaboración entre el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona, ​​el Banco de Sangre y Tejidos (BST) y el IBEC hizo posible en Barcelona un nuevo avance para los pacientes cardiacos gracias a una fórmula sencilla: combinar medicina, ciencia e ingeniería.

Más concretamente, los médicos introdujeron un bioimplante llamado PeriCord a un paciente de 63 años que había sufrido un infarto. 

Este bioimplante presenta una dureza comparable a la de un ventrículo

Tres meses más tarde, el tamaño de la cicatriz provocada por el infarto se había reducido significativamente -alrededor de un 9% -, tal y como habían previsto los expertos basándose en estudios preclínicos con cerdos. 

Los detalles de esta nueva terapia se recogen en un artículo científico publicado recientemente en la revista EBioMedicine de la prestigiosa The Lancet. En este documento, los autores exponen que para la elaboración del bioimplante -bautizado con el nombre de PeriCord en honor a los dos componentes que lo forman: el pericardio y el cordón umbilical- tuvieron que incorporar las células madre en una matriz de pericardio que debía actuar como vehículo que permitiera la aplicación de las células que contenía directamente sobre la zona infartada. 

Imagen: IBEC

Este bioimplante presenta una dureza comparable a la de un ventrículo, está formado de pericardio humano descelularizado y enriquecido con células madre mesenquimales, que proceden del cordón umbilical. Estas células se caracterizan por poseer, además de una gran plasticidad y propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias importantes, la capacidad de regenerar los tejidos, lo que explica la reducción del tamaño de la cicatriz provocada por el infarto. 

Según los expertos, liderados por el profesor de la UB Daniel Navajas, que dirige el Grupo de Biomecánica Celular y Respiratoria del IBEC, el gran reto era transformar un prototipo de 2 cm2 utilizado en el modelo preclínico probado con cerdos en un bioimplante de 16 cm2 y cumplir todos los requisitos de seguridad y normativas para su uso en humanos. 

Un infarto de miocardio puede condicionar la capacidad del paciente de llevar a cabo actividades de la vida diaria, así como su calidad y esperanza de vida. En casos extremos, se puede llegar a necesitar un trasplante de corazón, aunque lo más frecuente es que quede una cicatriz residual que dilata el corazón y hace que el paciente evolucione hacia una insuficiencia cardíaca. Este perfil de enfermos son los que se podrían beneficiar de manera significativa de esta nueva tecnología. 

Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo del Departamento de Salud de la Generalidad de Cataluña mediante las ayudas PERIS, El Instituto de Salud Carlos III y “la Caixa“. 

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