«Cagliostro»

Giuseppe Balsamo  «Cagliostro» / Wikimedia

Tal día como hoy… 26 de agosto del año 1795 fallecía Cagliostro

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El 26 de agosto del año 1795 fallecía, en el castillo de San Leo (Romagna, Italia) un preso muy poco común: Cagliostro, o el conde Alessandro de Cagliostro, o Guiseppe Balsamo… o cualquier otro de los muchos nombres falsos que utilizó a lo largo de su vida. Alquimista, masón, impostor, trotamundos, mago, rufián, aristócrata, falsificador, timador… Llevaba cinco años y medio encarcelado por la Inquisición pontificia. Antes, se había estado moviendo durante veinticinco como pez en el agua por las cortes europeas del siglo XVIII.

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CV / Hablar de Cagliostro es adentrarse en el truculento mundo de los farsantes, donde nada es lo que parece, y de unos personajes enigmáticos que parecían expresamente diseñados para parasitar a los parásitos. Entre ellos destacan con luz propia el intrigante Conde de Saint-Germain, el seductor Giacomo Casanova, el ínclito barón Münchhausen  o nuestro atrabiliario Cagliostro de hoy.

Al parecer, habría nacido en Palermo (Sicilia) el 2 de junio del año 1743 con el nombre de Guiseppe Balsamo, en una familia pobre de solemnidad. Su increíble historia empieza en 1764 con la fuga del convento que le había acogido, pertrechado con las recetas curativas secretas del boticario –que robó- y con el mapa de un supuesto tesoro que le vendió a un joyero, consiguiendo así fondos para dar su primer gran salto hacia Roma, donde inició sus andanzas.

El matrimonio viajó por toda Europa, timando a todo el que se les ponía por delante y simulando las identidades más variadas, hasta que adoptó la del conde de Cagliostro

Allí se presentó en 1766 como un caballero de la Orden de Malta que había viajado por Oriente y adquirido conocimientos de magia, cábala y medicina, dedicándose a vender a los crédulos peregrinos supuestas reliquias y milagrosos ungüentos sanadores. Y en Roma se casó con Lorenza Feliciani, también conocida como Serafina, que fue su compañera de fechorías durante el siguiente cuarto de siglo. El propio Casanova relató cómo, habiendo coincidido con la pareja pernoctando en una fonda de la Provenza, creyó haber seducido a Serafina, que lo atrajo a su habitación, y al regresar a la suya después de un ardoroso lance amoroso, comprobó que su bolsa de dinero había desaparecido.

Viajaron por toda Europa, timando a todo el que se les ponía por delante y simulando las identidades más variadas, hasta que adoptó la del conde de Cagliostro, su personaje de más éxito. Es posible que el mismísimo Conde de Saint-Germain le introdujera en la masonería. La única que lo «caló», en su honor hay que decirlo, fue Catalina de Rusia.

El episodio más famoso en la carrera de tan singular pareja tuvo lugar en París, adónde llegaron en 1781 bajo la protección del cardenal Rohan, un personaje relacionado con la corte al que Cagliostro había procurado medios para mitigar su asma. El escándalo estalló en 1784, cuando un grupo de joyeros denunciaron a Rohan por haber adquirido un collar de diamantes, sin pagarlo, en nombre de la reina María Antonieta. Rohan y Cagliostro dieron con sus huesos en La Bastilla y se destapó todo el engaño.

El bueno de Rohan estaba convencido de ser amante de María Antonieta, y aseguró haber tenido trato íntimo con ella en varias ocasiones. El collar era un regalo real por amor, y tenía varias cartas de la reina –evidentemente falsas, escritas por Cagliostro- que así lo acreditaban. Pero resultó que los encuentros amorosos no habían sido con la reina, sino con una prostituta contratada por Cagliostro o, muy probablemente, con Serafina. Pero Cagliostro se las arregló para presentarse como un revolucionario, y fue absuelto en 1786 en el contexto de una monarquía desprestigiada. El collar, por supuesto, nunca apareció…

Fue acusado de herejía, condenado a muerte, indultado a cadena perpetua y encerrado en el castillo de Sant’Angelo

Pasaron entonces a Inglaterra, decidido Cagliostro a explotar su nueva faceta de revolucionario. Publicó incluso una «Carta del conde Cagliostro al pueblo francés» y denunció a la monarquía francesa exigiendo una indemnización por el tiempo pasado en la cárcel… Pero esta vez fue demasiado lejos. Desde Francia e Inglaterra se activó el «fondo de reptiles» de la época y se inició una campaña en su contra, en la cual participó el propio Casanova relatando el episodio de la bolsa de dinero y cómo años después se los encontró en Venecia pasando por aristócratas. De pronto, todas sus fechorías salieron a la luz. Y tuvo que poner los pies en polvorosa…

En mayo de 1789, la pareja llegaba de nuevo a Roma. De lo que ocurrió hasta su detención se sabe muy poco. Un espía y chantajista francés, un tal Thevenau de Morande, ya había denunciado en Londres que Cagliostro era en realidad el timador Guiseppe Balsamo. Cagliostro lo había negado, pero ahora lo admitió bajo tortura. Puede también que intentara embaucar a dos espías de la Inquisición. Otras versiones sugieren que la denuncia provino de la propia Serafina. Fue acusado de herejía, condenado a muerte, indultado a cadena perpetua y encerrado en el castillo de Sant’Angelo. Pero un intento de fuga aconsejó trasladarlo al más lejano de San Leo, concluyendo su carrera con una apoplejía.

Serafina, de nuevo Lorenza, acabó en el convento de Santa Apolonia, en el Trestevere romano, sin que se sepa más de ella.

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