Caída de Cartago

Ruinas romanas en Cartago / Pixabay

Tal día como hoy… 24 de marzo del año 146 aC Cartago caía definitivamente

 

El 24 de marzo del año 146 aC, o su equivalente en el calendario romano, la ciudad de Cartago caía definitivamente en manos del ejército romano de Escipión el Emiliano y era completamente destruida. Concluía con ello la tercera y última de las Guerras Púnicas, que durante 120 años enfrentaron a las repúblicas romana y cartaginesa por el dominio del Mediterráneo Occidental.

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CV / A diferencia de las dos primeras guerras púnicas, que habían sido guerras globales entre dos grandes potencias por el dominio del Mediterráneo occidental, la tercera fue más bien una guerra local, porque para entonces Cartago no era ya un rival de entidad para Roma. Al final de la II Guerra Púnica, tras la definitiva derrota de Aníbal en Zama el 202 aC, Roma había impuesto a Cartago unas onerosas condiciones de paz. Perdió todas sus posesiones no africanas, se la condenó a pagar un tributo a modo de indemnización de guerra –de 200 talentos de plata durante 50 años-, y se le prohibió declarar la guerra a cualquier aliado de Roma sin el permiso de ésta.

Al final de la II Guerra Púnica, tras la definitiva derrota de Aníbal en Zama el 202 aC, Roma había impuesto a Cartago unas onerosas condiciones de paz

En relación a este último punto, Cartago había perdido también en África su protectorado sobre Numidia, que pasó a Roma. Los númidas eran un pueblo antepasado de los actuales bereberes que habitaban en la mitad norte de la actual Argelia. Tradicionalmente habían servido en el ejército cartaginés, siendo famosos por la extraordinaria eficacia de su caballería ligera. Al final de la II Guerra Púnica, Roma impuso como rey de Numidia a Massinissa, un desertor del ejército cartaginés que ahora, bajo la protección de Roma, se dedicó sistemáticamente al hostigamiento y al pillaje de los territorios cartaginenes.

Cartago se recuperó económicamente y devino de nuevo una ciudad rica y próspera, ya en los primeros años posteriores a la guerra, bajo el gobierno de Aníbal. Tras la huida de éste, perseguido por Roma, los ataques númidas arreciaron. Cartago protestaba a Roma y ésta siempre fallaba a favor de Massinissa. En Roma, el senado estaba dividido. Los había partidarios de mantener a Cartago en su estatus, y los había que no olvidaban la guerra de Aníbal y eran partidarios de destruirla, como Catón el viejo, que concluía todos sus discuros en el Senado con la famosa frase “Ceterum censeo Carthaginam delendam esse” –Y soy de la opinión que Cartago debe ser destruida-, vulgarizada frecuentemente como “delenda est Carthago”.

Con los años, las cosas fueron a peor. En el 150 aC, Massinisa atacó directamente la ciudad cartaginesa de Oroscopa. Los cartagineses decidieron entonces enviar un ejército

Con los años, las cosas fueron a peor. En el 150 aC, Massinisa atacó directamente la ciudad cartaginesa de Oroscopa. Los cartagineses decidieron entonces enviar un ejército, que fue derrotado, pero que significó la violación del tratado de paz que los belicosos romanos estaban esperando. Roma declaró la guerra a Cartago y el senado cartaginés, aterrorizado, envió una embajada prometiendo cualquier satisfacción que se le exigiera. El Senado romano respondió que los cartagineses conservarían su libertad, sus leyes y sus territorios, si entregaban 300 rehenes –una práctica usual en la época- de las familias nobles. A cambio, Roma les ayudaría contra Massinissa.

Un ejército romano de 85.000 hombres desembarcó cerca de Cartago, supuestamente para defenderla de los númidas, pero lo que hizo fue incendiar la flota cartaginesa y ordenar a todos los habitantes que abandonaran la ciudad –podía tener más de medio millón de habitantes- y se desplazaran a más de 80 estadios de la costa -15,4km-. Cartago protestó alegando la promesa del Senado, pero los romanos replicaron que dicha promesa se refería al civitas –la población-, no a la urbs –la ciudad-.

Confiados en su superioridad, los romanos se tomaron la guerra displicentemente, lo que permitió a Cartago rehacer en parte su arsenal militar y aprestarse a la defensa

Un juego de palabras que los cartagineses percibieron demasiado tarde, entre otras razones porque ya habían entregado a Roma sus pertrechos militares: 200.000 equipos para soldados y 2000 catapultas y balistas. Los cartagineses entendieron entonces que estaban condenados a la guerra y se atrincheraron detrás de las murallas de su ciudad. Confiados en su superioridad, los romanos se tomaron la guerra displicentemente, lo que permitió a Cartago rehacer en parte su arsenal militar y aprestarse a la defensa.

Entre una cosa y la otra, la guerra duró tres años, entre el 149 y el 146 aC. Los cartagineses se las arreglaron para recibir suministros por mar, mientras en el campamento romano reinaba la indolencia en un asedio parcial que nunca se completaba. Roma envió entonces a su mejor general, Publio Cornelio Escipión el Emiliano, que restituyó la disciplina, completó el cerco y empezó a reducir a los cartagineses por hambre. Estuvo acompañado por el historiador Polibio –un rehén griego hospedado en su casa-, que relató en sus crónicas estos hechos.

Se calcula que murieron un total de medio millón de cartagineses. La ciudad fue devorada por las llamas y luego se sembró sal para que no volviera a crecer ni la yerba

El último año de guerra, Cartago estuvo completamente aislada del mundo exterior. Al final, los romanos la tomaron entrando por el puerto y se produjo una gran batalla urbana que duró seis días. Muchos cartagineses se inmolaron en el fuego. Los supervivientes fueron asesinados, siendo reducidos a la esclavitud unos 50.000, entre ellos 25.000 mujeres y niños. Se calcula que murieron un total de medio millón de cartagineses. La ciudad fue devorada por las llamas y luego se sembró sal para que no volviera a crecer ni la yerba.

Cuenta Polibio que mientras Cartago era devorada por el fuego, Escipión echó a llorar. Al preguntarle por qué, le respondió: “Las naciones tienen su vida, como los hombres; un día le llegará la hora a Roma”.

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