Caída de Troya

Imagen de 1835 donde figura, en primer plano, el río Escamandro; en el centro, el pueblo de Bunarbaschi y tras él, la colina donde Lechevalier creía que estaban las ruinas de Troya. / Wikimedia

Tal día como hoy… 24 de abril del año 1184 aC Troya cayó destruida por los griegos

 

El 24 de abril del año 1184 aC sería el día en que, según la cronología establecida por Eratóstenes (276-194 aC), la ciudad de Troya cayó destruida por los griegos, concluyendo con ello la Guerra de Troya. Considerada un mito, posteriores investigaciones y excavaciones probaron la existencia de la ciudad de Troya y, como mínimo, una cierta base histórica que dio lugar a la leyenda.

 

CV / Los episodios más conocidos de la Guerra de Troya son los relatados por Homero en ‘La Ilíada’ –que nos narran ‘la cólera de Aquiles’, 55 días del décimo año de guerra- y, sin duda alguna, el caballo de Troya, el ardid ingeniado por Ulises que permitió tomar y destruir la ciudad. La guerra duró diez años y en ella participaron y murieron la mayoría de héroes mitológicos griegos de la segunda generación, los hijos de los que habían protagonizado la gesta del vellocino de oro.

En este sentido, la Guerra de Troya se situaría en el borroso territorio que media entre el mito puro –Teseo, Jasón, Perseo, Heracles…- y el surgimiento de una época más propiamente histórica. Sin ser históricos, los Aquiles, Áyax, Ulises, Filoctetes, Agamenón, Menelao etc., están más cerca –sin pertenecer aún a él- del relato histórico que la generación de sus padres.

Para la Grecia clásica, los mitos homéricos constituyeron, junto a los escritos de Hesíodo, el substrato de lo que se constituyó como el acervo cultural de La Hélade

Para la Grecia clásica, los mitos homéricos constituyeron, junto a los escritos de Hesíodo, el substrato de lo que se constituyó como el acervo cultural de La Hélade, bajo la base de una empresa común llevada a cabo por los antepasados de unos griegos divididos y con frecuencia guerreando entre ellos. En este sentido, Alejandro Magno se presentará como el nuevo Aquiles, el que los unirá de nuevo para llevar a cabo la empresa que los griegos dejaron inacabada, contra los descendientes de los antiguos troyanos, personificados en el enemigo secular de los griegos –a parte de ellos mismos-: el imperio persa.

En la versión mitológica, la guerra entre griegos y troyanos se produjo por el rapto de una mujer griega, Helena –que significa a su vez «griega»-, esposa del rey Menelao de Esparta, por parte de Paris, el hijo del rey Príamo de Troya. Paris sedujo a Helena y se la llevó con él –raptada, según los griegos- a Troya. Para vengar la afrenta, todos los griegos se unieron contra Troya, dando lugar a la guerra narrada por Homero.

Mapa de Tróade en la época de Homero./ Dbachmann en la Wikipedia en inglés 

Desde la perspectiva histórica, la cosa fue probablemente muy distinta, pero sí parece que algo debió ocurrir. La ciudad de Troya –o Ilión, en griego- está situada en la parte asiática del Estrecho de los Dardanelos, en la actual provincia turca de Cannakale, entre los ríos Escamandro y Simois, coincidiendo más o menos con las descripciones que nos dejó Homero. Estuvo con certeza habitada desde el tercer milenio antes de Cristo, y ocupaba una posición estratégica de primer orden. Las corrientes desde el Mar de Mármara hacia el Egeo y el viento del nordeste desde mayo hasta junio, hacen suponer que el puerto de Troya debió ser una escala ineludible para los barcos griegos que, como mínimo desde la época micénica, pero probablemente también con anterioridad los cretenses en la minoica, debían atravesar el estrecho hacia el Mar Negro en sus rutas comerciales en busca de trigo y otros bienes de los que dependía su subsistencia.

Por otro lado, entre las sucesivas troyas superpuestas que han hallado en las excavaciones arqueológicas, una de ellas fue destruida por un incendio, y coincide también más o menos con la época histórica en que se pudo situar el mito homérico.

Es muy probable que hubiera verdaderamente una guerra de Troya, motivada por el control de los Dardanelos, de la cual se ignoran los detalles

Es muy probable, pues, que hubiera verdaderamente una guerra de Troya, motivada por el control de los Dardanelos, de la cual se ignoran los detalles. También, si nos basamos en los mitos griegos, a su vuelta a casa la mayoría de supervivientes tuvieron problemas en sus ciudades –baste recordar el caso de Agamenón, jefe de los griegos, o de Ulises, narrado por Homero en ‘La Odisea’-. Unos problemas descritos en clave mitológica, cuyo correlato histórico bien pudiera ser la invasión doria –que desplazó a los aqueos y acabó con la cultura micénica- y el advenimiento de la Edad del Hierro; episodios tras los se configuró la Grecia Arcaica, de la cual surgió posteriormente la Grecia Clásica.

Las primeras excavaciones de Troya las llevó a cabo el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann a partir de 1871, sobre unas prospecciones anteriores realizadas por el inglés Frank Calvert en 1865. Hoy en día, el sitio arqueológico de Troya está declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1998 por la UNESCO.

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