«Calicó» Jack: El último pirata

Rackham, Jack / Wikimedia

Tal día como hoy… 16 de noviembre de 1720 se condenaba a muerte al último pirata: «Calicó» Jack

 

El 16 de noviembre de 1720, en Spanish Town (Jamaica), un tribunal inglés condenaba a muerte por piratería a John Rackham y a dos mujeres-piratas, Anne Bonny y Mary Read. Apodado «Calicó» Jack, se convirtió posteriormente en una leyenda y fuente de inspiración literaria romántica. La famosa bandera negra con una calavera y dos espadas en aspa fue invención suya.

 

CV / La piratería marina es tan vieja como la navegación. Bajo la cobertura del corso, fue durante mucho tiempo considerada un oficio honorable, provechoso, y origen de grandes fortunas y linajes aristocráticos de rancio abolengo. Sin la patente de corso, en cambio, el respetable corsario se convertía un vil pirata. La diferencia era muy simple, el corsario estaba avalado por el rey, al que pagaba una parte del botín que obtenía ejerciendo la piratería contra barcos extranjeros. El simple pirata, en cambio, iba por su cuenta. La mayoría de los tomados por piratas históricos fueron en realidad corsarios -Morgan, Raleigh, Drake…-.

El corsario estaba avalado por el rey, al que pagaba una parte del botín que obtenía ejerciendo la piratería contra barcos extranjeros

El corso, como la piratería, también existió desde siempre, y tuvo su edad de oro a lo  largo de los siglos XVI y XVII, al amparo sobre todo de Inglaterra, -pero también de Francia, Holanda….- con el declarado objetivo de desvalijar a los galeones españoles. En palabras de John Kenneth Gailbraith –‘Historia de la Economía’ (1998)-, fue tanto lo que ingleses llegaron a robar a los españoles, que hasta se pudieron permitir el lujo de tener a un Shakespeare. Una afirmación sin duda algo exagerada, pero que nos da una idea bastante cabal de cómo se llevaba a cabo la famosa «acumulación originara de capital».

Pero la cosa se acabó con la Paz de Utrecht (1714); no por nada, sino porque a España no quedaba nada que robarle. Y los ingleses no estaban dispuestos a que nadie les aplicara su propia medicina. Así que se prohibió la piratería. Y los que optaron por seguir ganándose la vida como hasta entonces, fueron proscritos por su anterior patrón: la Corona Inglesa. Fue el caso de Barbanegra –Edward Tatch (1680-1718)- o el de nuestro hombre de hoy, «Calicó» Jack, así llamado por las coloreadas vestimentas que acostumbraba a lucir.

Jack Rackham había sido contramaestre de Charles Vane, un corsario poco escrupuloso con la prohibición de no atacar barcos ingleses

Jack Rackham había sido contramaestre de Charles Vane, un corsario poco escrupuloso con la prohibición de no atacar barcos ingleses, razón por la cual no pudo acogerse al perdón real y optó por proseguir con la piratería por su cuenta. Pero los tiempos estaban cambiando, y como a los pistoleros de los Westerns crepusculares, a los piratas les surgieron antiguos camaradas reinsertados como cazarrecompensas. Vane fue capturado con toda su tripulación. Rackham se salvó aduciendo que había sido obligado por Vane, y fue indultado.

Vagó un tiempo por New Providence (Bahamas), donde conoció a la hermosa Anne Bonny, hija de un terrateniente de Charleston que la había desheredado, y a la sazón esposa de otro excorsario reconvertido en oficial de marina, cuyas prolongadas ausencias aprovechó la pareja para iniciar un tórrido idilio. Al llegar el adulterio a oídos del gobernador, amenazó con encarcelarlos si no interrumpían su relación adúltera. Ante tal perspectiva, Bonny y Rackham formaron una tripulación, robaron un barco, y se embarcaron para ejercer la piratería. Pronto se les unió otra mujer, Mary Read, enrolada como marinero disfrazada de hombre. Dieron golpes muy sonados durante los siguientes meses, pero los piratas ya no tenían puertos ingleses en los que refugirarse.

Rackham fue condenado a muerte. Anne y Mary también, pero declararon estar embarazadas de Jack, lo que les permitió salvar el pellejo

En 1720 su barco fue acorralado por la armada inglesa. Viéndolo todo perdido, los piratas decidieron pasar su última noche en libertad emborrachándose… hasta tal punto que, a la mañana siguiente, no opusieron resistencia alguna, con la excepción de las dos mujeres.

Rackham fue condenado a muerte. Anne y Mary también, pero declararon estar embarazadas de Jack, lo que les permitió salvar el pellejo. La noche antes de la ejecución, se autorizó la visita de Anne a Jack. Según la leyenda, le dijo lo siguiente: “Lamento verte así, Jack, pero si hubieras luchado como un hombre, ahora no tendrían que colgarte como a un perro”. Al día siguiente, Jack Rackham fue ahorcado, y su cadáver metido en una jaula exhibida públicamente hasta su completa putrefacción.

Mary Read murió poco tiempo después de unas fiebres. Anne Bonny escapó de la cárcel misteriosamente, muy probablemente valiéndose de la influencia de su padre, con el cual regresó a Charleston. Allí alumbró a su hijo. Se sabe que se casó con un hacendado local, que tuvo ocho hijos más, y que llevó el resto de sus días una vida «respetable» en el viejo Sur. Murió en 1782, a los 84 años de edad.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí