Cantón de Cartagena

Cartagena en julio de 1873, grabado publicado en La Ilustración Española y Americana. / Wikimedia

Tal día como hoy… 12 de julio de 1873 se producía una insurrección revolucionaria que proclamó el Cantón de Cartagena

 

El 12 de julio de 1873 se producía en Cartagena una insurrección revolucionaria que proclamó el Cantón de Cartagena. Pervivió durante más de seis meses, hasta enero de 1874. Teóricamente, su proclamación era el primer paso hacia la constitución de una República federal en España. En la práctica,  fue la losa que sepultó a la I República española.

 

CV / El 11 de febrero de 1873 se había hecho pública la abdicación del rey Amadeo I de Saboya, que se refugió en la embajada italiana y no quiso saber nunca más nada de España. Este mismo día, las Cortes españolas proclamaron la República. La situación era complicada en extremo, con fuertes componentes de radicalidad y proclamas revolucionarias. Los republicanos estaban divididos en unitaristas y federalistas, y éstos a su vez en «benevolentes» e «intransigentes».

Los republicanos estaban divididos en unitaristas y federalistas, y éstos a su vez en «benevolentes» e «intransigentes»

Como su denominación indica, los «benevolentes» -Pi y Margall, Salmerón…- eran más moderados y partidarios del consenso, proponiendo avanzar progresivamente hacia una república federal, siempre de acuerdo con la ley, que se constituyera sobre la base de los antiguos reinos, a la vez que plateaban prioritariamente la modernización del país; los segundos, mucho más radicales, eran partidarios de la acción directa revolucionaria y de cantones, más bien confederales que federales, sobre la base de la división territorial de las provincias, cuya existencia como división administrativa databa de apenas cuarenta años antes.

El primer presidente, Estanislao Figueras, había dimitido el 10 de junio huyendo hacia Francia tras pronunciar su memorable frase: “Señores, les seré franco, no puedo más; estoy hasta los cojones de todos «nosotros»”. Al día siguiente, las Cortes nombraban a Francisco Pi y Margall nuevo presidente, un federalista benevolente, partidario de la ley y de acometer el saneamiento de la economía y la reorganización del estado como paso previo a cualquier aventura ulterior.

Los «intransigentes», liderados entre otros por Roque Barcia se plantearon directamente la insurrección, en principio en Madrid pero Cartagena fue finalmente la elegida

Los «intransigentes», liderados entre otros por Roque Barcia –que había estado investigado por haber supuestamente atentado contra Prim tres años antes-, se plantearon directamente la insurrección, en principio en Madrid, en un movimiento que debería ser una nueva Comuna de París. Comprobada la imposibilidad de tal empresa, se optó por otros territorios. Cartagena fue la elegida, no solo por las facilidades que supuestamente ofrecía, sino también porque estaba fortificada y era el puerto militar de la armada del Mediterráneo.

A Pi y Margall se le empezaron a multiplicar los problemas. A la impulsividad e impaciencia de los intransigentes, se les unieron  los otros intransigentes, los absolutistas y los carlistas, y en Cuba estallaba también la insurrección. Casi de forma simultánea se producían la revolución cantonal, la tercera guerra carlista y la rebelión en Cuba… y la República entró en barrena.

A su vez, los «intransigentes» federalistas también se dividían en función de sus niveles de impaciencia. Roque Barcia era partidario de esperar hasta que hubiera suficientes territorios comprometidos en la insurrección con garantías de éxito,  pero en Cartagena decidieron no esperar y proclamaron el Cantón de Murcia, que se quedó en la práctica en la ciudad de Cartagena. Eso sí, con la marina de guerra.

La imagen internacional de la República Española, que ningún país europeo había reconocido todavía, se desmoronaba

El gobierno envió tropas que, tras sucesivos combates pusieron cerco a la ciudad, pero los barcos rebeldes campaban a sus anchas por las costas de la vecindad saqueando o exigiendo pagos en dinero o en especias para mantener la resistencia. Incluso se llegó a practicar la piratería, siendo algunos de los barcos apresados por buques de guerra alemanes y norteamericanos. La imagen internacional de la República Española, que ningún país europeo había reconocido todavía, se desmoronaba.

Entre la guerra en Cuba, los carlistas y los cantonalistas, los acontecimientos se llevaron por delante la presidencia de Pi y Margall, luego la de Salmerón, y finalmente la de Castelar. Todo en apenar seis meses. Cuando la insurrección estaba prácticamente a punto de sofocarse, con los líderes revolucionarios huyendo de Cartagena y la ciudad a punto de caer, vino el golpe de Pavía y la dictadura del general Serrano. Cartagena fue tomada por las armas. Roque Barcia llegó a escribirle una carta al presidente de los EEUU, solicitando izar la bandera norteamericana en Cartagena para evitar los bombardeos y hasta asociándose a los EEUU; misiva que, obviamente, no recibió respuesta alguna.

Poco antes de la caída, algunos se exiliaron huyendo en los barcos que quedaban hacia Argelia, donde fueron apresados. El 13 de enero de 1874 las tropas gubernamentales entraban en Cartagena. Se calcula que un 70% de los edificios de la ciudad quedaron destruidos por los bombardeos. La revolución de los intransigentes había fracasado; pero de paso, con su intransigencia acabaron también con la República.

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