Carlos Cuarteroni, el hombre que fue Sandokan

Sandokán y Mariana Guillonk. Cubierta original en italiano de Los tigres de Mompracem, editor Antonio Donath, Génova. / Imagen: Wikipedia. – Alberto Della Valle

Tal día como hoy… 19 de septiembre de 1816 nacía en Cádiz Carlos Cuarteroni

 

El 19 de septiembre de 1816 nacía en Cádiz Carlos Cuarteroni Fernández, marino, explorador, aventurero, cartógrafo, liberador de esclavos y, finalmente, fraile trinitario y misionero. Un hombre cuya vida parece sacada de una novela de aventuras. Pero la cosa funcionó al revés, fue en él y en sus relatos que se inspiró Emilio Salgari para crear a su personaje más famoso, Sandokán, y para describir los ignotos parajes que él había explorado.

 

CV / Cuarteroni era hijo de un comerciante italiano afincado en Cádiz y de su esposa andaluza. A los 13 años realizó su primer viaje a Filipinas, tras el cual, de nuevo en Cádiz, consiguió convertirse en piloto de tercera. Embarcó nuevamente hacia las Filipinas y pronto se convirtió en capitán de marina mercante. Navegó durante varios años por los mares del extremo oriente, comerciando entre Filipinas, Macao, Singapur, Hong Kong, Borneo… Además del español, el italiano, el inglés y el francés, hablaba también tagalo, malayo, bisayo y otras lenguas y dialectos locales.

A los 13 años Cuarteroni realizó su primer viaje a Filipinas, tras el cual, y de regreso en Cádiz, consiguió convertirse en piloto de tercera

En 1842 compró la goleta ‘Mártires de Tung-king’ y se dedicó a la pesca de coral y tortugas carey. A lo largo de sus viajes, conoció al sultán de Brunei y a Thomas Brooke, el rajá blanco de Sarawak, personaje que aparecerá en las novelas de Sandokán –como malvado- con el cual hizo amistad. Durante sus travesías, tuvo encontronazos episódicos con los piratas malayos.

Cuarteroni sabía también de un buque inglés, el Christian, que se había hundido cargado de lingotes de plata, resultado del expolio comercial británico en la China posterior a las guerras del opio. Y dio con él cerca de la isla de Labuán. Por razones que se ignoran, pero que delatan inevitables reservas hacia las autoridades españolas en Filipinas, en 1846 depositó el tesoro en Honk Kong y lo repartió entre sus tripulantes –todos ellos filipinos-, sus antiguos propietarios británicos y él mismo, convirtiéndose en inmensamente rico.

Pero lejos de instalarse en la opulencia, Cuarteroni se dedicó a explorar los mares de aquellas ignotas regiones, haciendo importantes levantamientos cartográficos, que el gobernó español le reclamó, aunque no se le había ayudado en nada, así como descripciones etnográficas de las poblaciones de los territorios que exploró. Y poco después, decidió dedicarse a invertir toda su fortuna en la liberación de esclavos filipinos capturados por los piratas malayos musulmanes; el terror de los mares en aquellos tiempos. Adquirió otro barco y se dedicó durante los años siguientes a adentrarse en los puertos piratas pagando el rescate de los esclavos y devolviéndolos a sus hogares.

Al cabo de un tiempo, se trasladó a Roma y se entrevistó con el Papa Pío IX, proponiéndole la fundación de misiones cristianas e ingresando en la orden de los Trinitarios. Dos años después, en 1857, se convirtió en primer prefecto apostólico de Labuán y Borneo. A los 64 años, ya sin riqueza alguna y con su salud seriamente mermada, Cuarteroni regresó a Europa, entrevistándose con el Papa León XIII en Roma, y se dirigió a morir en la misma ciudad que le vio nacer. Falleció a los pocos días de haber vuelto a Cádiz, el 12 de marzo de 1880. Fue enterrado en la Catedral de esta ciudad.

El nombre de Sandokán podría provenir de Sandakán, al norte del Borneo, un lugar descrito por Cuarteroni

¿Y cómo sabemos que Salgari se inspiró en él para sus novelas de Sandokán a partir de 1893? No hay ciertamente una prueba definitiva, pero sí indicios muy reveladores. Salgari no fue nunca un viajero -a diferencia, por ejemplo, de Conrad-, y para la descripción de los exóticos lugares donde desarrollaba sus novelas recurría a la información documental que podía obtener en bibliotecas y archivos. Por su parte, Cuarteroni, además de haberle contado su azarosa vida a Thomas Brooke –que pudo ser también una fuente-, envió un completísimo informe a la Santa Sede: ‘Spiegazione e traduzione dei XIV Quadri relativi a le isole di Salibaboo, Talaor, Sanguey, Nanuse, Mindanao, Celébes, Borneo, Bahalatolis, Tambisan, Sulus, Toylan’. Salgari bien pudo tener acceso a dicho tratado e inspirarse en él. Pero es que además, no había otra fuente donde obtener los datos que con tanto detalle coinciden en sus novelas con las descripciones de Cuarteroni. El nombre de Sandokán podría provenir de Sandakán, al norte del Borneo, un lugar descrito por Cuarteroni y nunca descrito anteriormente.

Cuarteroni permaneció en el olvido, hasta que la historiadora Alicia Castellanos, redescubrió su figura en el libro ‘Cuarteroni y los piratas malayos: 1816-1880’ (2004).

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